El estornudo es un reflejo natural del organismo destinado a expulsar partículas irritantes de las vías respiratorias. Sin embargo, cuando se produce de forma muy violenta o se intenta reprimir tapando nariz y boca, puede convertirse en un gesto potencialmente peligroso. En los últimos años, distintos casos clínicos han alertado sobre lesiones serias asociadas a estornudos extremadamente fuertes, algunas de ellas con consecuencias médicas serias.
Qué ocurre en el cuerpo durante un estornudo
Al estornudar, el cuerpo genera una liberación brusca de aire a gran velocidad, acompañada de una contracción intensa de músculos del tórax, el cuello y la cara. Esta presión sirve para limpiar las vías respiratorias, pero también provoca un aumento repentino de la presión interna. En condiciones normales, el organismo lo tolera sin problemas. El riesgo aparece cuando el estornudo es excepcionalmente potente o cuando se bloquea su salida natural.
Los expertos advierten de que contener un estornudo cerrando la nariz o la boca impide la salida del aire y hace que la presión se redirija hacia zonas sensibles del cuerpo, como los senos paranasales, los oídos o incluso el cuello.
Lesiones documentadas
Entre los daños más frecuentes relacionados con estornudos violentos se encuentran los problemas auditivos. El aumento de presión puede provocar roturas del tímpano, dolor intenso y pérdida temporal de audición. También se han descrito casos de barotrauma, una lesión causada por cambios bruscos de presión en el oído medio.
Más raros son los desgarros musculares en cuello y espalda, así como lesiones en las vértebras cervicales, especialmente en personas con patologías previas. En la literatura médica existen incluso casos aislados de rotura del esófago, una urgencia grave que requiere atención hospitalaria inmediata.
En la cabeza, la presión mal dirigida puede desencadenar cefaleas intensas, mareos e incluso la rotura de pequeños vasos sanguíneos en los ojos, lo que se manifiesta como manchas rojas visibles en la parte blanca del ojo.
Reprimir el estornudo, el mayor error
Los profesionales sanitarios coinciden en que el mayor riesgo no está en estornudar, sino en intentar evitarlo. Bloquear la salida del aire multiplica la presión interna y aumenta las probabilidades de lesión. Por eso, recomiendan dejar que el estornudo se produzca, cubriéndose con el antebrazo o un pañuelo, pero sin obstruir completamente las vías respiratorias.
Este consejo es especialmente importante en personas con problemas cervicales, antecedentes de cirugía reciente, afecciones pulmonares o fragilidad vascular, donde las consecuencias pueden ser más graves. Aunque los casos graves son poco frecuentes, los estornudos fuertes no deben considerarse totalmente inofensivos.