El roscón de Reyes es uno de los grandes protagonistas del 6 de enero y, junto a su sabor, suele traer dos elementos clásicos: el haba y la figura. Ambos forman parte del ritual desde hace generaciones y están ligados al juego que acompaña al corte del roscón. Sin embargo, más allá del simbolismo, estos objetos también suponen un riesgo potencial si se consumen de forma accidental.
Los mayores peligros
Tanto el haba como la figura presentan un riesgo claro de atragantamiento. Son piezas pequeñas, duras y fáciles de tragar sin darse cuenta, sobre todo cuando se come rápido o entre risas. Este peligro es especialmente relevante en niños pequeños, personas mayores o personas con problemas de deglución. Una obstrucción de las vías respiratorias puede producir una situación de emergencia en cuestión de segundos.
Además del atragantamiento, morder accidentalmente el haba o la figura puede causar rotura de dientes, fisuras en el esmalte, daño en empastes o prótesis dentales y lesiones en encías y lengua. En la mayoría de los casos, estas adiciones extras no son comestibles y suelen estar hechas de cerámica, plástico o resina, materiales que no ceden al morderlos y que pueden provocar un susto serio que haga que termines en urgencias.
Los expertos recomiendan extremar las precauciones cuando hay menores en la mesa. Una opción cada vez más habitual es retirar el haba y la figura antes de servir el roscón, o bien colocarlas solo en el trozo de un adulto. Otra medida básica es cortar el roscón en porciones pequeñas y revisar visualmente cada trozo antes de que se empiece a comer.
Cómo disfrutar del roscón sin riesgos
Comer despacio, masticar con atención y evitar hablar o reír con la boca llena reduce mucho la probabilidad de accidentes. Si aparecen el haba o la figura, lo aconsejable es retirarlas de inmediato y mantenerlas fuera del alcance de los niños. Estas pequeñas precauciones permiten disfrutar del roscón sin tener que llevarnos ningún susto.
El origen del roscón
El roscón de Reyes tiene su origen en una tradición que se remonta a la Antigua Roma, durante las Saturnales, unas fiestas que se celebraban en diciembre para conmemorar el final del año agrícola. En aquellas celebraciones se repartían tortas redondas elaboradas con miel, higos y frutos secos, dentro de las cuales se escondía una haba seca como símbolo de prosperidad y buena suerte. Con el paso de los siglos, la costumbre fue adaptándose al calendario cristiano y quedó vinculada a la festividad de la Epifanía, el 6 de enero, día en el que, según la tradición, los Reyes Magos visitaron al niño Jesús.
En Francia se consolidó el formato del gâteau des rois, que llegó al Estado en el siglo XVIII, especialmente a través de la corte borbónica. Desde entonces, el roscón evolucionó hasta convertirse en el dulce actual: una masa esponjosa aromatizada con cítricos, decorada con fruta escarchada y con la tradición de esconder una figura y un haba, que hoy siguen marcando el ritual familiar de partir el roscón cada Día de Reyes.