Paciencia, saliva. El elefante y la hormiga

09.05.2020 | 00:23
Paciencia, saliva. El elefante y la hormiga

Gobierno y oposición se retrataron ante el espejo de la realidad de la última semana en el Congreso. En adelante, toca preparar alternativas al modelo de la alarma porque ya no da más de sí. Lo que está por venir es recuperar espacios con las debidas prevenciones. Y, si recuperar la calle va a ser posible, ¿cómo no va a serlo ejercer el derecho de elección?

HACE muchos años, cuando mi condición física era otra, al igual que mi edad, solía como muchos jóvenes de mi generación "echarme al monte". La afición al senderismo en Euskadi viene de lejos. Mi tradición mendizale no fue muy extensa pero sí tuve tiempo para conocer las pequeñas cumbres de mi país hasta el umbral prepirenaico. Nada de alta montaña o escalada.

Una cosa me quedó grabada de todo aquello: que subir a la montaña era, en ocasiones, duro y costoso pero que resultaba mucho más peligrosa, una vez alcanzada la meta, la tarea del descenso. En más de una ocasión, el cansancio y el ansia por llegar abajo, me dio un susto. Y, a menudo, la tensión de las bajadas pronunciadas machacaron mis rodillas, que temblaban como flanes antes de llegar exhausto al destino. Por eso creo que descender, desescalar o como se quiera decir ahora, necesita muchas más cautelas de las que nos pensamos movidos por la ansiedad. Queríamos salir a la calle y hemos salido. Hemos paseado, hecho deporte y al de dos días ya organizábamos corrillos para hablar con los amigos, quedábamos para correr con colegas€ Se nos ha olvidado enseguida el sufrimiento y la gravedad de la situación que vivimos. Es la estupidez humana.

Volvamos a la disciplina, a las cautelas, a la prevención. Tomémonos las cosas con un poco de paciencia porque, con paciencia y saliva, al elefante se comió la hormiga.

La actualidad política ha vuelto a girar alrededor del estado de alarma y las medidas para un paulatino retorno a la actividad social y democrática.

El estado de alarma es una herramienta jurídica excepcional que da poderes extraordinarios a quien representa el gobierno para afrontar una circunstancia inédita. En tal sentido y aunque tal herramienta no guste, su figura no representa un problema en sí mismo. La controversia se suscita en cómo se gestiona dicho marco singular. En el caso actual, el problema reside en el "mando único" o "autoridad única" que durante semanas ha tomado decisiones de "ordeno y mando" sin tener en consideración ni a la configuración territorial del Estado ni a la efectividad de sus decisiones.

Además, una cosa es aplicar una legislación excepcional en defensa de la salud pública para limitar derechos fundamentales de la ciudadanía y otra bien distinta apoyarse en tal normativa para devolver gradualmente esos mismos derechos.

Hace quince días, el PNV ya había advertido a Pedro Sánchez de que, si quería seguir contando con su apoyo, debería modificar el concepto de "mando único" dando cabida a las comunidades autónomas en la gestión de la "desescalada" con una colaboración activa y de respeto competencial entre administraciones. Las necesidades aritméticas han obligado al ejecutivo de Sánchez a acceder a tal pretensión.

Ahora, el PNV ha vuelto a ser claro. Aitor Esteban explicitó desde la tribuna del Congreso que el Gobierno español "tiene quince días para ir pensando una fórmula alternativa al estado de alerta". El PNV no entendería una prórroga más en la excepcionalidad. Se trata de una advertencia hecha desde la responsabilidad, desde el talante constructivo con el que los nacionalistas vascos abordan la acción política.

La clave está en retomar el pulso a la normalidad jurídica y en ella no es entendible ya el solapamiento del Estado autonómico ni para justificar actuaciones centrípetas.

Por cierto, como anécdota del pleno diré que me llamó la atención que Aitor Esteban, el portavoz del PNV en Madrid, estuviera desplazado en su escaño. La posición del nacionalista no me cuadraba. Había abandonado su puesto habitual, al lado del pasillo, para centrar su presencia en la fila de butacas. Ya sé que las medidas de prevención contra la pandemia nos obliga a guardar unas distancias de seguridad, pero aún así, la ubicación del representante del Grupo Vasco se me antojaba insólita.

Enseguida lo entendí. Justo al otro lado del pasillo sentaba sus posaderas Santiago Abascal, el cabeza visible de la extrema derecha española que volvió a protagonizar un discurso incendiario. De ahí que comprendiera la razón del desplazamiento de Aitor Esteban. Cuanto más lejos de quienes expanden el odio, mejor. Cordón político preventivo contra la cólera (que no el cólera).

El pleno del Congreso sirvió para que las formaciones políticas se retrataran ante la opinión pública. Las que soportan el Gobierno en la Moncloa no tuvieron más remedio (a pesar de su chantaje de "o yo o el caos") que darse un baño de realidad y ceder en una negociación que limitara su poder omnímodo. En juego no estaba solo el "estado de alarma" sino su estabilidad en la Cámara.

Los partidos de la oposición también se presentaron ante el espejo. Unos optaron por afinar su perfil. Un perfil de enfrentamiento y de alternativa. Otros volvieron a apostar por la utilidad de sus votos. Y es que, en política, lo importante es la utilidad de las decisiones, el papel decisorio de las propuestas. Política útil es buscar cambios que redunden en el bienestar de la mayoría, tomar posiciones para mejorar las cosas. Y ahí es donde el PNV, una y otra vez, ha intervenido decisivamente.

Sorprendió en dicho pleno parlamentario el giro estratégico de Ciudadanos. El partido naranja hizo valer el peso de sus votos en positivo, dejando en evidencia la errática estrategia de Casado, un líder incapaz de presentar una opción colaborativa ni tan siquiera en momentos tan difíciles como los actuales.

Tras los duros momentos de la pandemia y la confinación, asistimos a la oportunidad de reconquistar parte de nuestra convivencia habitual. (Eso de la "nueva normalidad" es un término muy orweliano y casi un oxímoron). Si no hacemos las cosas a tontas y a locas podemos ir ganando espacio a recuperar nuestras vidas. Y hablo en primera persona del plural ya que, más allá de las actuaciones institucionales, ahora nos toca actuar a los individuos, a las personas. De nuestro comportamiento particular dependerá que esta fase de superación de la enfermedad pase o que, lamentablemente, se repita. Por eso, si obramos con el mismo nivel de responsabilidad, pronto, muy pronto, podremos reunirnos con nuestras familias. Podremos movernos por nuestro entorno o tomar un vermú en un bar con los amigos. Todo eso está en nuestra mano si seguimos siendo responsables y cumplimos con los distanciamientos, con las medidas de higiene y con todas las recomendaciones, que por nuestro bien se están realizando.

Y, si todo eso es posible, ¿cómo no va a serlo ejercer un derecho básico y fundamental como es el de elección? ¿Cómo no va ser posible votar? Votar con todas las garantías. Sanitarias y democráticas.

La pandemia del coronavirus nos atrapó con unas elecciones ya convocadas. Por razones de seguridad, y por sentido común, dichos comicios debieron suspenderse dejándonos anómalamente un país con el parlamento disuelto y con un Gobierno vasco necesitado de ser renovado.

El lehendakari ha convocado a todos los partidos el próximo día 14 para determinar la posibilidad de que las elecciones autonómicas pendientes se celebren cuanto antes.

Los expertos sanitarios advierten que aún se sabe poco del virus. No obstante, vaticinan que, si su afección se hace estacional, quizá en octubre estemos, nuevamente, en fase de contagio, para lo que habrá que estar preparados. De ahí que en julio se haya podido abrir una ventana de oportunidad para que el ejercicio democrático se active en Euskadi. Necesitamos, cuanto antes, nuevas instituciones, fuertes, sólidas, que hagan frente a la abrupta crisis económica a la que nos vamos a enfrentar. Gobiernos e instituciones capaces de volver a incentivar la economía, el empleo y la actividad. Reconstruir de nuevo lo que ya fuimos capaces de poner en pie tras la crisis pasada.

Algunos, los que han pedido por activa y por pasiva que el Parlamento vuelva a funcionar para "controlar al Gobierno" dicen, en el colmo del cinismo, que el país no está para elecciones. Que no se dan las condiciones sanitarias ni democráticas para acudir a las urnas. ¿Condiciones democráticas? Sus conclusiones no nos sorprenden. Son los mismos expertos que exigían el cierre total de la actividad económica, los que nos acusaban de defender a la patronal frente a la salud de la gente. Los mismos que, en estos tiempos de sufrimiento, han sido capaces de conmemorar el segundo aniversario de la disolución de ETA señalando que el grupo terrorista "nació del pueblo y ahora se ha fundido en el Pueblo". ¿En qué pueblo vive Arkaitz Rodríguez?

Vuelvo a la paciencia porque estos aún no han iniciado su desescalada particular.

* Miembro del EBB de EAJ-PNV