Tribuna abierta

Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros

09.02.2020 | 07:41
Columnista Iñaki Anasagasti

DECÍA con sorna Juan Domingo Perón que para llegar a general lo único que había tenido que hacer fue madrugar y saludar a todo el mundo. Raquel González, concejala del PP en el Ayuntamiento de Bilbao, dijo algo parecido en campaña, esta vez sin sorna: "Se puede ser de Bilbao sin ser del PNV". Y es verdad. Pero magro equipaje programático es este. Al menos si se quiere hacer una oferta diferenciada en Euzkadi, distinta a la española, para competir con un victorioso PNV, tras quedarse el PP más desnudo en votos que el famoso rey del cuento.

Alfonso Alonso no quiere ser el pato desdibujado de esta boda a consecuencia del discurso de extrema derecha que les han dictado desde el Bernabéu los tres partidos de la unidad de destino en lo universal. Y les deseo suerte pues la vencida derecha vasca, la foral, la que creía en el euskera como un código de comunicación y no como algo molesto a ser sustituido por el inglés, la de la ikurriña aprobada en un Estatuto de Gernika a ser completado, la del Concierto, existe; y si no que se lo pregunten a Ramón Rabanera o a Arantza Quiroga, que quiso hacer su perestroika sin que le dejaran, lo que aparentemente quiere poner en marcha Alfonso Alonso este octubre en una especie de Convención constituyente de bocata de calamares y fritangas para marcar espacio propio.

No sé si lo lograrán. El 12 de junio estuvo en Donostia Pablo Casado y en lugar de hablar de estas cosas con los que quedan del naufragio volvieron a emitir los clásicos mensajes de cuando ETA existía. Eso sí. Se fueron todos a comer al Juanito Kojua y lo pasaron muy bien, sin hablar nada de su nuevo compañero de fatigas, el sheriff Vox. En fin, que Alonso tendría algo de credibilidad si reivindica a Quiroga, quien tras las críticas internas dimitió hace cuatro años curiosamente un mes de octubre. De lo contrario, se va a tirar con un paracaídas agujereado. No se puede confiscar el pasado. Ni confiar en un PP madrileñizado.

Desde la otra esquina, hay que recordar que ERC tuvo en 1977 un solo diputado, el muy honorable Heribert Barrera, profesor en Montpellier durante su exilio, quien en 1980 fue el primer presidente del Parlament de Catalunya. De aquel solitario diputado de Esquerra ha pasado a los 15 actuales con una obsesión cainita: ocupar el espacio político de CiU. Lo han logrado. Tuvieron un escarceo pasando de uno a ocho tras la persecución desatada por Aznar tras entrevistarse Carod Rovira en Perpignan con ETA. Fue tan brutal que les hizo la campaña gratis. El resto lo han logrado gracias a los continuos errores de una CiU en el mejor y mayor ejercicio de autodestrucción habido en la transición junto a los de UCD y UPyD. Ciudadanos lleva camino.

Gabriel Rufián es el actual portavoz de ERC en el Congreso. En la ronda de contactos mantenida por el PSOE le tocó el jueves 13 de junio reunirse con Adriana Lastra, la portavoz del PSOE en la Cámara. Con la mejor de las sonrisas, el hablar más pausado, sin llevar bajo el brazo ninguna impresora y utilizando un tono casi doctoral, abrió la espita de un apoyo indirecto a la investidura de Pedro Sánchez. Se mostró dispuesto a "no bloquear" la investidura. "No venimos con la intención de bloquear absolutamente nada, pero el no bloqueo no significa dar un cheque en blanco al PSOE de Sánchez". Un dato primordial para un Sánchez que trata de jugar con dos barajas, la de Ciudadanos y la del grupo de los que apoyaron la moción contra Rajoy.

¿Y qué hace la sigla de lo que queda de la antigua CiU, arrojados al Grupo Mixto y de entrada diciendo que votarán no a Sánchez? Pues eso. La no política, metiendo en un saco el 155, Waterloo, el juicio al procés, los encarcelamientos, la independencia y la república, todas ellas reivindicaciones justas y necesarias, pero que nada tienen que ver con el realismo político y su posible consecución. Hay que recordar que Junqueras está en la cárcel y Puigdemont, cerca de Bruselas. Una gran injusticia que el PNV siempre ha denunciado.

En 1996, la CiU de Pujol y Durán obtuvo en las elecciones de junio no los siete diputados actuales sino 16 decisivos que obligaron a Aznar a firmar, en Barcelona, el Pacto del Majestic. Gracias al apoyo de esos votos, junto a los de CC y PNV, se eliminó el Servicio Militar Obligatorio y la figura de los gobernadores civiles, se pudieron elegir las Autoridades Portuarias y un largo etcétera que fortaleció a Catalunya y Euzkadi de forma singular. Hoy, ese juego hubiera sido doblemente posible, pero CiU ha evaporado su identidad en la nada. Artur Mas cometió la torpeza de dimitir, haciendo caso a la presión de una organización antisistema como la CUP. La historia posterior es conocida. La esposa de Raúl Romeva comentaba en su reciente viaje a Euzkadi que pensaron que se trataba de una carrera de cien metros y está resultando un maratón. Tanto nadar para quedar ahogados en la orilla. Sin comentarios.

El resultado es que en Barcelona, JxCat, la sigla sucesora de CiU, aunque ahora dirigido por Puigdemont tenga otros nombres como La Crida, trata de lograr que casi todo gire alrededor del procés y sus políticos injustamente encarcelados con el resultado de que, desaparecida Unió, de la antigua Convergencia quedan desgraciadamente los retales políticos frente al éxito de ERC. La antigua CiU ha perdido la mitad de los concejales de Barcelona en estos cuatro años, habiendo sido Xavier Trías alcalde de la capital catalana. Pero de aquel éxito político que fue CiU con Pujol y Artur Mas por no quedar no queda ni el emblemático ayuntamiento de San Cugat. Ese cainismo político ha hecho que tras 32 años de liderar ese ayuntamiento con alcaldes como Luis Recoder, la mano derecha de Roca, quede solo un partido menguante de oposición. Si en 2012 gobernaba CiU la Generalitat, Barcelona, las cuatro diputaciones y los Consejos Comarcales, hoy eso ya es historia de ese gran proceso de autodestrucción política que conviene reseñar para que a nadie por estos lares se le ocurra caer en los cantos de sirena de gentes que, o desean la desaparición de un PNV fortalecido, o engañar al personal con horizontes de grandeza cuya ronda de gastos los pague el histórico partido jelkide de 124 años. La obsesión de Bildu es la misma que tenía ERC con CiU. A los hechos me remito.

Un antiguo portavoz de CiU en el Congreso me decía con dolor: "Solo queda Reus por un pacto con ERC y, Girona, patria de Puigdemont, por ser la lista más votada. Tarragona y Lleida ya no las tenían. Eran del PSC y ahora pasan a ERC. Han perdido San Cugat en un pleno bronco donde los convergentes les gritaban a los de Esquerra 155, 155, 155 y los de ERC a aquellos, 3%, 3%, 3% y en Barcelona no pintan nada en el área metropolitana y han perdido las diputaciones excepto Girona, que la van a perder en meses con moción de censura. Un auténtico desastre, Iñaki. Aquella CiU que estabilizaba Catalunya y que tan buenos servicios hizo a la causa catalana en la formación de una nación poderosa y respetada desapareció. Y lo inquietante es que su gran responsable, Artur Mas, quiere volver a escena".

A esto se añade que los diputados de la antigua CiU están en el Grupo Mixto en el Congreso y que para formar Grupo en el Senado han requerido de un senador del PNV y otro senador canario. Antes era al revés, CiU nos prestaba senadores para formar Grupo y al senador catalán que nos hacía esa buena acción le bautizábamos como Bustingorri y le regalábamos una makila.

Salvando el inmenso respeto por los presos y exiliados del procés, situación que requiere otro análisis, en el naufragio de CiU hay que apuntar una dosis excesiva de prepotencia de un grupo junto a Mas sin luces largas, la terquedad de alguno, amén de otras razones inconfesables que ha sabido aprovechar una ERC con la brújula mejor puesta. No creo que Catalunya haya salido ganando. Escuchar a Elsa Artadi decir que estaban curados de vasquitis para no pactar con el PNV una candidatura conjunta en las elecciones europeas ofrece el nivel de ciertos dirigentes que en un pis pas se cargaron todos los acuerdos de la Declaración de Barcelona.

El independentismo catalán, como tal, está afortunadamente fuerte y no va a dar ningún cheque en blanco. Mucho menos con una posible sentencia condenatoria a la vuelta de la esquina porque en Madrid se exige que sea disuasoria de "nuevas reincidencias" atentatorias contra la sacrosanta unidad de la patria. Eso no obsta para que ERC, logrado su objetivo de ocupar el espacio de CiU -se odia lo que se quiere desplazar- saque agua de la piedra granítica del madrileñismo español más rancio si de verdad se cumple la máxima de que los santos nuevos hacen milagros. Y es que el pequeño tiene que ser inteligente o te comen los leones.