Tribuna abierta

No nos falles, Pedro

La de este pasado domingo, 28-A, fue una noche electoral llena de sensaciones. Para unos, agrias; para otros, dulces; y para un sector,  agridulces. Como en todas las noches electorales hubo vencedores y derrotados, también mensajes equívocos y engaños

09.02.2020 | 01:52
Columnista José Luis Úriz Iglesias

DEBE tener mucho cuidado la actual clase política: la alta participación habida en estas elecciones al Congreso y el Senado indica que la ciudadanía les ha devuelto temporalmente la confianza... pero pudiera ser que si la defraudan ya no la puedan recuperar nunca.

La irrupción de Vox, más como tormenta que como tsunami al menos de momento, ha roto en mil pedazos el panorama electoral. Es evidente que este hecho ha producido una sangría en la derecha y que de no haber estado presente probablemente no se habrían dado estos resultados. Pero que no se equivoque esa derecha al realizar su análisis de lo ocurrido, porque es probable que el batacazo del Partido Popular se haya producido también por sus propios errores al hacer un seguimiento mimético de las proclamas que provenían de esta nueva fuerza política, al mismo tiempo que ha tenido que pagar las letras pendientes por su corrupción, por su mala gestión de la crisis de Catalunya y por no haber resuelto de manera integradora su propia crisis. E, igualmente, no debe equivocarse Ciudadanos, que esperaba un resultado mucho mejor y que las sumas les dieran. Ha pagado su propio precio al abandonar de manera suicida el espacio de centro, dejándoselo en bandeja a un PSOE ahora victorioso.

Pero en la izquierda también existen perdedores, en este caso Podemos y Compromis, que también pagan sus crisis internas y el voto útil que en esta ocasión ha sabido capitalizar el PSOE. El miedo a "que viene Vox" le ha venido genial al partido socialista.

Y en el ámbito independentista, en Catalunya, que libraba su propia batalla, se ha resuelto con una victoria contundente de Juqueras y su ERC frente al enloquecido Puigdemont, que ha sido capaz de llevar al descalabro absoluto a la antigua Convergencia. Este resultado y el pragmatismo demostrado por los primeros en los últimos tiempos debería resultar muy beneficioso para la resolución de ese conflicto.

Ahora bien, por encima de análisis partidistas, la realidad es que la derecha y la izquierda empatan con más de 11 millones de votos cada una y también conviene apreciar en su relevancia que el sector nacionalista e independentista llegue a más de dos millones de votos que, gobierne quien gobierne, deben tenerse en cuenta.

Después del 28-A ya no se puede decir que "Spain is different", porque al igual que el resto de Europa tiene su espacio político fragmentado, existe la contienda rojos-azules y ha irrumpido un partido de extrema derecha. Sí, de momento, de puntillas; pero no conviene confiarse, solo hace falta mirar Suecia para darse cuenta.

¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? En el caso de la derecha, resulta evidente que debe poner en marcha, sin prisa pero sin pausa, una refundación que le aleje del nacional-populismo y le lleve a una derecha liberal, europeísta y moderna. ¿Será posible con Pablo Casado? Es probable que no, tiene piezas de recambio como Núñez Feijóo (significativo su discurso de la noche electoral) o Ana Pastor esperando.

La izquierda, por su parte, en especial el PSOE, debe administrar su victoria con prudencia, siendo consciente por un lado del empate técnico en votos que nuestra ley electoral no traslada a escaños, la irrupción de Vox y el llamamiento de sus bases al pacto en su seno. Los llamados de las bases socialistas esa noche resultan significativos y Pedro Sánchez no debería ignorarlos. Que sonara el "sí se puede" podemita al aparecer en pantalla Pablo Iglesias, o el contundente "¡con Rivera, no!" que le exigieron en numerosas ocasiones, debe hacer recapacitar a su cúpula dirigente porque sonó al "¡No es no!" que llevó a Sánchez a su liderazgo.

Ese grito era un aviso de que un pacto PSOE-Ciudadanos además de resultar antinatura, mucho más después de escuchar a Rivera en los últimos tiempos, sería un suicidio. Supondría abandonar un espacio conquistado en estas elecciones (se ha llevado cientos de miles de votos que han abandonado Podemos hacia una opción más segura) y significaría una traición a las bases que impulsaron a Pedro Sánchez a ganar las primarias. Además, si Ciudadanos se implicara en ese gobierno dejaría en el espacio de la derecha un terreno libre para la refundación del PP, lo que sería la mejor noticia que les podrían dar a los populares después del batacazo histórico que se han llevado. Y Rivera abandonaría de esa manera su batalla estratégica por liderar la derecha española para la próxima década.

¿Cometerán ambos, Sánchez y Rivera ese error? En política, todo es posible cuando la táctica se impone a la estrategia.

La otra opción sería un gobierno presidido por Pedro Sánchez con apoyo externo de Podemos o con Podemos incluido en el mismo. Los 166 apoyos con los que cuentan no les darían para salir en primera votación por mayoría absoluta, pero podría hacerlo con la abstención de ERC y PNV en segunda. ¿A qué precio? El del PNV parece asequible y justo porque tiene que ver con las trasferencias aún pendientes del Estatuto de Gernika y más autogobierno. Las de ERC podrían ser más complicadas, aunque su pragmatismo actual lo puede poner más sencillo. Que esta legislatura pueda ser la que abra caminos no recorridos con imaginación, audacia y generosidad por ambas partes, sería muy importante para el país. Es un momento histórico y los números dan para iniciar esa andadura. Incluso en el seno de la propia Constitución el artículo 92.1 referido a la convocatoria de referéndums en cuestiones de especial relevancia es una puerta por explorar. Pero no es el único gran reto: las políticas sociales, afrontar la crisis en la UE, el problema de la emigración... Y antes Pedro Sánchez y el PSOE van a sufrir grandes presiones para imponer la primera opción, la de Ciudadanos. Ya los editoriales de algunos de los periódicos nacionales más influyentes comienzan a dar la batalla.

Los poderes fácticos financieros, el Ibex, los grandes bancos, desde la misma UE, lo van a intentar con todos sus medios. Paradójicamente, son aquellos a quienes Sánchez, en su entrevista con Jordi Évole, denunció después de su caída. Si quiere salir vivo políticamente de este envite, deberá hacer como Ulises y atarse al mástil de su nave socialista para evitar que los cánticos de sirena le lleven al naufragio. También debe evitar cometer el error de Troya, metiendo al famosos caballo, en versión C's, dentro de las murallas de la izquierda. ¿Será capaz de conseguirlo? ¿Tendrá la talla de estadista que la situación actual demanda? ¿Pasará a la historia de este país como quien solucionó las viejas tensiones centro-periferia? ¿O será recordado como el que traicionó el ansia de unidad de la izquierda ignorando esos dos gritos -"¡Sí se puede!" y "¡Con Rivera, no!"- lanzados por sus seguidores más leales?

Vienen a la memoria las dos frases que José Luis Rodríguez Zapatero pronunció al resultar victorioso en las elecciones de 2004: "Os aseguro que el poder no me va a cambiar" y "No os voy a fallar". Es preciso lanzar ambas frases a Sánchez. Que el poder no te cambie, Pedro; y, sobre todo, no falles a quienes te han apoyado sin fisuras en momentos difíciles, a quienes te han ayudado a llegar a donde ahora estás. No falles a esos cientos de miles de votantes que han llegado de nuevo desde Podemos, no falles a la izquierda, no falles al país. No nos falles, Pedro, no nos falles.