No es año de olvidar
La unanimidad no solo es incómoda, también resulta esclarecedora. Cuando un equipo defrauda a todo el mundo porque logra transformarse de un año al siguiente para convertirse en un ente irreconocible, a su trabajo le corresponde un suspenso rotundo. Quién no suscribe dicha calificación. Imposible adjudicarle otra nota al Athletic, a pesar de que los intentos por rebajar la gravedad de sus deficiencias no han dejado de amenizar la campaña.
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Seguramente, detrás de los juicios menos severos o en los más amables, por encima de intereses concretos, que lógicamente los ha habido, bullía la generosidad; esa eterna ilusión que se proyecta sobre estos chicos que son de casa, así como la esperanza de que antes de que el nivel del agua llegase a la altura de la nariz, se produciría un giro por aquello de que el fútbol es así. Sí, en ocasiones se asiste a reacciones inimaginables y hablábamos de una plantilla que compitió cara a cara con quien fuese a lo largo de dos años difíciles de olvidar.
Los cuatro jugadores del Athletic que apuntan al Mundial
Es normal que dentro hubiese una corriente constante tratando de rebajar el nivel de las deficiencias, insinuando que recuperarían el hilo y la cosa acabaría bien. Sobre todo, al quedar apeado de la Champions, con una opción abierta de resarcirse en la liga, donde ya se percibía la flojera general que auguraba un reparto de regalos en mayo más propio de un cumpleaños que de un torneo profesional de élite. Tampoco la Copa era un mal plan para coger vuelo, con la final a tiro después de tres rondas asequibles, pero ante la Real se hizo el ridículo sin un solo remate a su portería en 180 minutos.
Los afanes por maquillar la dimensión del derrumbe o ponerle fecha de caducidad se revelaron vanos. En el vestuario hacían como que no era para tanto, cuando estaban desbordados por una dinámica que casi hasta el final del calendario mantuvo al entorno aguantando la respiración ante la posibilidad de que se consumase un batacazo. Y aquí es imposible pasar por alto la figura del entrenador, a quien no se le regatea el reconocimiento al que se ha hecho acreedor en el global de la década que ha cubierto en el cargo. Pero eso no quita para que su último servicio haya estado muy por debajo de lo que cabía esperar, máxime para alguien con su bagaje, su dominio del terreno que pisaba; por no mentar la docilidad o fidelidad a la causa de sus futbolistas.
Mucho se ha disertado sobre las lesiones o el calendario, factores que siempre condicionan el quehacer grupal, pero apenas se ha debatido en torno a la gestión del grupo, el reparto de minutos, la ausencia de medidas correctoras o novedades para procurar un cambio de guion. Por ejemplo, para frenar la catarata de goles recibidos. A falta de inspiración de medio campo hacia adelante, siempre queda el blindaje del área propia, asignatura que además el año anterior fue la clave en la conquista de plaza de Champions.
Bueno, pues ni atacar ni defender, en nada ha podido el Athletic dar la talla, lo cual ha permitido manosear a fondo la estadística. Comparar porcentajes y cifras de todos los conceptos a mano es la vía más fácil para describir un fiasco. Los números valen como indicativo fidedigno de un mal funcionamiento y son fáciles de retener en la memoria, más que el recuerdo de tal o cual actuación de entre medio centenar. Excesivas las tardes que alentaron el desasosiego, de sobra para proyectar una imagen del conjunto difícil de comprender y de asumir.
Bienio negro
Tiene miga que el desplome, como se ha apuntado, haya coincidido con una liga tan floja. Y sin embargo tan peligrosa. La duodécima posición final es fea, pero lo que produce repelús y enojo es que al Athletic solo le hayan separado tres puntos del descenso. Ese escueto margen para sellar la supervivencia y la fidelidad a la centenaria historia del club, viene a significar que se ha estado jugando con fuego, pero de verdad. No es una frase hecha sino una constatación a subrayar en clave de advertencia, porque refresca un trance similar denominado bienio negro.
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Esta apreciación en la práctica daría pie a señalar que, sin la decisiva aportación de Unai Simón en buena parte de las jornadas, al Athletic le hubiesen faltado unos puntos imprescindibles. Se cita al portero porque ha sobresalido en medio del desbarajuste para sostener la estructura y nadie le ha hecho sombra. Poca gracia encierra asimismo el hecho de que un solo hombre, Guruzeta, haya superado la suma de aciertos del resto de los delanteros, otro detalle a estimar, interesante de cara a lo venidero.
