Ojalá se trate de una impresión motivada por esos enfados pasajeros que nos han podido nublar el entendimiento. Ojalá sea que nos hayamos precipitado porque en estos tiempos todos vamos cortos de paciencia. Ojalá nos desdigamos en breve al comprender el poco fundamento de las valoraciones que nos condujeron a un análisis erróneo de lo que le pasa al Athletic. Hasta aquí el preámbulo de una columna de opinión donde se intentará exponer justo lo opuesto al contenido de esta serie de divagaciones insostenibles.

Ahora que los paños calientes dejan paso a la indignación, que la permisividad se ha agotado y se activa el enojo a través de un vocabulario original por su severidad que denuncia lo mal que funciona el equipo, es obligado reiterar que los síntomas negativos que emanan del fútbol del Athletic son una constante desde septiembre. Sin embargo, pese a que saltaba a la vista, no se ha querido ver, se ha adoptado el papel del observador agradecido que se aferra a la bonanza de los dos años anteriores a fin de eludir llamar a las cosas por su nombre.

Partido en Girona

El sábado en Montilivi, cuando los jugadores se acercaron a donde se concentraba la mayoría de los aficionados rojiblancos, algunos de estos no pudieron reprimirse: hubo gestos inequívocos y palabras de frustración, de indignación. Un hecho inhabitual, pero con un encaje perfecto en dicho contexto. Lo extraño es que una escena de este tipo no se haya producido antes; desde luego, no habrá sido por falta de oportunidades.

Seguramente, el mosqueo de esa gente no fue a más porque desconocía las declaraciones de los protagonistas. Estos, entrenador y jugadores, reconocieron con absoluta naturalidad lo mal que estuvieron, en qué fallaron, cuáles fueron las deficiencias, qué aspectos no supieron desarrollar, todo ello para desembocar en una conclusión patente: la derrota era merecida.

Cabría añadir que, prácticamente, como todas las acumuladas hasta la fecha, que hacen una cifra preocupante, por cierto. Por no entrar en cuestiones específicas, por ejemplo, los goles concedidos de manera ininterrumpida desde hace tres meses, a lo largo de 18 actuaciones. Los goles no marcados darían asimismo para una tesis curiosa. Valverde apunta que este problema concreto imposibilita alcanzar los objetivos establecidos en su día, mientras que el capitán no sabe a dónde dirigir la mirada en la clasificación, lo mismo manifiesta su temor a lo que “viene por detrás” que menciona la carrera por entrar en Europa. Sancet se atreve a utilizar la palabra “actitud” en clave negativa, claro, pues admite que “tiene que ser otra” e Iñaki Williams admite que el comportamiento en las primeras mitades deja mucho que desear, lo cual hace que en el descanso sea imprescindible la bronca o lo que sea que hace Valverde para despertar a la tropa de su letargo. Profundizar en semejantes confesiones en las fechas que estamos puede producir insomnio o urticaria.

Motivos del mosqueo

Los motivos para vivir en un mosqueo permanente existen desde verano. Por supuesto que se debe otorgar un margen de confianza a los profesionales antes de ponerse a señalar con el dedo esto y aquello, pero también conviene exponer con nitidez aquello que merece ser revisado y corregido una vez se está en posesión de datos suficientes para reclamar un cambio de rumbo. Es más sano, se denomina crítica constructiva y entre otras virtudes, esta práctica no siempre bien vista (en especial por parte de los guardianes de las esencias del club) suele servir para que los problemas se aborden a tiempo y no se pudran a fuerza de repetirse, siendo esto último a lo que hemos asistido en el presente curso.

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En imágenes: Girona-Athletic Agencias

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La crisis que nadie quería mentar hasta hace muy poquitas semanas, no nació en navidades. Su existencia obedece a una confluencia de factores, que no son ni dos ni tres; unos previsibles y otros detectados meses atrás, con suficiente antelación para ser abordados y que no condicionen como se ha visto y se sigue viendo.

El equipo no carbura y tiene toda la pinta de que no hubiese podido rendir a la altura de los años previos, pero de ahí a lo que está ofreciendo va un trecho. Se echan de menos soluciones para temas muy elementales, uno evidente que concierne a la gestión de la plantilla sobre la marcha. Además, son notorios los errores cometidos en la confección del grupo, un defecto común a todas las campañas que en la vigente ha penalizado aún más por incluir algún trato privilegiado que se ha pagado con creces.