Si uno tiene ganas y tiempo, está bien ponerse a analizar si ha sido o no afortunado el resultado del sorteo, a pesar de que nada hay de antemano que ofrezca una garantía en un sentido o en otro. Por descontado que la mejor noticia posible era evitar al Barcelona, en pura teoría la vía más rápida para despedirse del torneo. Ahora existe la posibilidad de soñar con jugarse el título contra los azulgranas y, sin embargo, aunque ello prolongaría unas semanas más el idilio con el torneo y, cómo no, activaría la desmesurada movilización que deriva en el desembarco en Sevilla, cuesta ilusionarse con ese escenario. Y, para qué engañarse: no verle el pelo al vigente campeón ni en semifinales ni en la final, se antoja mucho pedir.
El Atlético de Madrid asomaba como la opción menos predecible de todas. Pese a su evidente condición de equipo puntero, ni siquiera logra satisfacer a su afición. La culpa la tiene una propuesta imprevisible, a menudo rácana, pero seguramente pesa más el cansancio que produce la continuidad de un ciclo que bate récords. La impresión alude de lleno a Diego Pablo Simeone, incluso desde la distancia no es fácil identificarse con su personalidad y sus formas de expresarse, que pueden llegar a ser tan cargantes como sus gustos futbolísticos. Eso sí, sin discusión sería preferible cruzarse con los colchoneros en La Cartuja, donde no dejaría de ser un enemigo áspero y peligroso.
Ha tocado la Real y, de entrada, subrayar que era el pronóstico más extendido por aquí. Por un lado, una lectura en absoluto deportiva inducía a apostar por un derbi en semifinales. No es preciso extenderse en lo que para muchos constituye una sospecha fundada, pero este emparejamiento en semifinales alivia, por ejemplo, a la mayoría de los asistentes que este evento reúne en el palco de autoridades. Los de la televisión también se han quitado un peso de encima a la hora de mezclar sonidos y seleccionar imágenes.
Asimismo, la Real aparecía como el adversario más asequible sobre el papel. No obstante, esta apreciación hoy acaso sea un tanto engañosa: el estado del Athletic invita a pronosticar con enorme prudencia y aún se desconoce cuándo caduca el efecto Matarazzo. Esto último no puede tomarse a la ligera, si en enero podía interpretarse como fruto del azar ya está adquiriendo hechuras de tendencia. Quien viese la forma en que acaba de eliminar al Alavés debe preocuparse. Además, está muy reciente el derbi de San Mamés, lo que igual conviene para mantener las orejas muy tiesas.