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Rojo sobre blanco

Triunfar en el caos

Haber estado bailando en el alambre ha sido el denominador común de las tres eliminatorias disputadas en la presente edición de la Copa

Triunfar en el caosMarkel Fernández

Para entender la nueva presencia del Athletic en semifinales no vale apelar a la elevadísima frecuencia con que ha accedido en los últimos años a la antesala de la cita cumbre de la Copa. En esta oportunidad han influido otras claves. No ha sido la fuerza de la costumbre el factor que ha impulsado a un equipo con serios problemas para competir, tal como en fechas recientes han admitido públicamente los portavoces más autorizados del club, empezando por el técnico. Jon Uriarte no habló por hablar cuando dijo: “Estamos muy contentos por estar vivos porque sabemos cómo le ilusiona a la afición”. En efecto, estaban vivos en la Copa porque habían sobrevivido a un par de trances muy delicados. El partido de Mestalla se celebraba al día siguiente y siguen “vivos”, igual que podrían estar muertos. Volvieron a sobrevivir.

En imágenes: Valencia-AthleticMarkel Fernández/Athletic Club/Efe

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Haber estado bailando en el alambre ha sido el denominador común de las tres eliminatorias disputadas en la presente edición de la Copa. Pudo caer sobre el barrizal de Ourense e idéntica reflexión dejó el paso por León. A quién hubiese extrañado el K.O. viendo cómo se comportó, el aire que concedió a sus adversarios, el modo en que se fue moviendo el marcador y el minuto en que llegó el gol salvador. Casi la única diferencia entre los cruces con clubes de inferior categoría y este con el Valencia, sería que gallegos y castellanos ofrecieron un mejor nivel que los levantinos.Metidos en harina, alguien apuntará que el Athletic es un consumado especialista en resolver esta clase de compromisos, a cara o cruz y a domicilio, pues así lo refrendan las estadísticas. Innegable, son datos objetivos acumulados a lo largo de muchos años; sin embargo, no es menos cierto que normalmente el equipo no se ha complicado la existencia de esta forma, abocándose a pelear por huir de la quema en la liga. Y esta problemática ha afectado de lleno a la Copa, ha podido pasar factura en cualquiera de las tres rondas.

De alguna forma, el Athletic ha salido indemne del caos en que se convirtieron los tres compromisos mencionados, al menos desde su óptica y sus premisas futbolísticas. Hay equipos que se manejan en el desorden; este, no. Los duelos ingobernables, sin un control mínimo sobre el rival y el juego, no suelen favorecerle, pero este curso resulta que sucede lo contrario. Los rojiblancos están sacando tajada de la confusión, de la vorágine de circunstancias extrañas que han ambientado sus citas coperas y alguna correspondiente a otra competición. Lo de la noche loca del Atalanta ahí ha quedado.

Esa anarquía en los partidos a todo o nada obedece en gran medida a la ausencia de confianza e inspiración del equipo, aunque el hecho de que a la larga le beneficie o no vaya en contra de sus intereses responde al indomable espíritu que tradicionalmente le ha distinguido. Lo que es jugar, jugará poco o mal, pero correr, sufrir, resistir y, en definitiva, la extensa serie de virtudes que le adornan y tienen que ver con el orgullo, eso continúa compensando la parte negativa de sus actuaciones.

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Antes de conocer la identidad del rival y el orden de los partidos de semifinales, toca bajar a tierra. Aunque los protagonistas se apresuraron a rentabilizar la euforia que provoca un triunfo así para insistir en el impulso que han recibido, no merece la pena hacerles caso. Ojalá acierten de una santa vez y la vulgaridad se esfume, pero repetir este tipo de mensajes cargados de voluntarismo lo único que le trae al seguidor es desgaste.

Levante, Oviedo, Elche y Rayo, en ese orden y seguiditos, un menú que habida cuenta la entidad y el momento de los conjuntos enumerados no deja espacio para las medias tintas: lo mismo sirve para nutrir y sanar el cuerpo que acarrea una indigestión del carajo y obliga a recluirse en el servicio. Y, no se olvide, entre Levante y Oviedo, ida de semifinal de Copa. No hay tregua.