El Athletic vuelve a casa con el rabo entre las piernas. No en vano, el conjunto rojiblanco vivió en Yeda una noche terrorífica fruto de una incapacidad supina que le lleva a depreciar su imagen en un escenario tan mediático como es una semifinal de la Supercopa ante un rival del pedigrí del Barça, que además goleó sin apenas despeinarse. Una mancha en la historia reciente de la entidad.

Lo mejor: Diez minutos que fueron un espejismo en el desierto

La expedición del Athletic aterrizará en Loiu con la cabeza gacha, con cara de pocos amigos y con el deseo de hacer borrón y cuenta nueva más pronto que tarde. El conjunto rojiblanco puso en bandeja al Barça su billete a la final de la Supercopa pese a que los primeros diez minutos invitaban a un panorama más florido para los leones, que arrancaron el partido con un punto alto de presión como así lo requería el enfrentamiento. Fueron diez minutos potables, con llegadas de Sancet y Robert Navarro, e incluso el segundo repitió con un disparo que detuvo Joan García, eso sí, sin apuros. A partir de ahí, el Athletic desapareció como arte de magia.

Diez minutos que se quedaron en un mero espejismo en el desierto saudí, porque después se escenificó la humillación que comenzó con el gol de Ferran Torres y que pudo ser mayor en caso de que el Barça hubiera querido hacer más sangre. Dicen que un palo como el de ayer debe servir para fortalecerse de cara a lo que viene a la vuelta de la esquina, pero para ello hay que actuar quirúrgicamente en la raíz de esta depresión, de ahí la necesidad de aplicar un plan de choque para salir del fango en la que se ha metido este Athletic, que proyecta sensaciones muy preocupantes cuando a corto plazo está en juego su continuidad en la Copa y en la Champions.

Lo peor: La falta de aptitud y actitud

Hay maneras y maneras de perder. La forma en la que lo hizo el Athletic sorprendió a propios y extraños, sobre todo a los primeros, desesperados por la imagen que dio un equipo desnortado, decaído, sin capacidad alguna de reaccionar y hacer cosquillas a un Barcelona que no se imaginaba ni en el mejor de sus sueños disfrutar de una noche tan placentera. Vamos, que el Athletic careció de aptitud y durante muchos minutos de actitud, sensación esta última que es la que más duele en una masa social que alardea de esa genética luchadora de la que careció la tropa de Ernesto Valverde, que también sale señalado como máximo responsable de un equipo que solo ha sido capaz de marcar tres goles en los últimos seis partidos, en los que ha recibido, por el contrario, una decena.

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Muchos de los protagonistas hablan de que fue una noche para olvidar, pero quizá no sea así, porque no puede salir gratis ofrecer un ejercicio tan sonrojante. Valverde habló en la previa de que estar en Yeda “es un premio y queremos un premio mayor”, cuando lo que se llevó fue un batacazo morrocotudo. Lo peor no fue solo la manita encajada y un nivel futbolístico tan ínfimo, sino también la incapacidad de encontrar las soluciones para enderezar el rumbo de un equipo irreconocible. Y el entrenador es el jefe, para lo bueno, que ha sido mucho, y para lo malo, que va en aumento.