Durante mucho tiempo, la preocupación por el medioambiente fue etiquetada como una excentricidad, una causa reservada para idealistas. Sin embargo, una parte de la sociedad está cambiando profundamente: proteger el planeta ya no se percibe como una rareza, sino como una responsabilidad ineludible. La mejor prueba de este cambio de paradigma está en los hechos. Más de 1.500 personas ya han dado un paso trascendental al contactar con ONG para proteger la naturaleza y el medioambiente mediante un testamento solidario. A través del programa ‘Herencias para la Naturaleza’, promovido por organizaciones como WWF, Greenpeace o Fundación Mona, el compromiso ecológico trasciende la propia vida. De hecho, 1.563 personas han solicitado información solo a WWF, y de ellas, 199 ya son testadores activos. Estos datos, de abril de 2026, confirman una tendencia creciente en la donación testamentaria a causas ambientales en nuestro país desde 2020. A esta toma de conciencia se suma que el Premio Princesa de Asturias de Cooperación no ha sido para una persona o una ONG tradicional, sino para un banco de semillas; una iniciativa vital que pretende evitar que especies de frutos y hortalizas puedan desaparecer para siempre. A veces, uno puede pensar que estas iniciativas pertenecen a un mundo que no tiene nada que ver con la realidad del día a día. Pero quizás de lo que se trata, en el fondo, es de que nuestro día a día sea cada vez más solidario con el mundo que nos sostiene.
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