Acostumbrados al ritmo frenético del presente, el pasado y el futuro llega a veces como una ola cuando la atención está puesta en otros menesteres. Ocurre mirando atrás con el frente judicial que se le abre a José Luis Rodríguez Zapatero, que es otro ejemplo de presunta corrupción o presunta politización de los tribunales, el tiempo lo aclarará o no. Lo que ya se sabe es que la mancha es imborrable. El lehendakari apremió ayer a Zapatero a dar explicaciones, con más detalle que sus declaraciones del pasado martes. Como entre otras cosas está en juego al final el crédito del partido socialista, se puede hablar por los precedentes recientes del agua de la piscina. ¿Vacía, medio llena, rebosante...? La derecha del frente de la prioridad nacional lo tiene claro. Y mirando al horizonte, hay otras cuestiones urgentes, como decidir qué hacer con el Mundial Frankenstein de 2030. Si se traga con las exigencias de la FIFA para que San Mamés sea una de las sedes o se pasa página. Sin darle muchas vueltas, una competición con partidos en Marruecos, España, Portugal, Argentina, Paraguay y Uruguay parece destinada al caos. La vaguedad es tan grande que no se sabe ni dónde se jugará la final. Faltan cuatro años para la cita, pero las administraciones vascas y vizcainas tendrán que tomar una decisión en breve. Ni se sabe cuánto se alargará la causa que ha puesto a Zapatero a los pies de los caballos de la historia y de la Justicia. Las urgencias aparecen como incendios en plenos a los lados de una carretera de Galicia por la que circulan las cosas que importan.
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