Síguenos en redes sociales:

Machitos y hembritas

ES fabuloso el charco que han preparado los descerebrados del colegio mayor madrileño para el chapoteo sociopolítico generalizado. Se trata, dicen ellos y ellas, de una tradición sin malicia, algo así como tirar cabras desde el campanario, pero todos sabemos que hay expresiones del acervo de las que hay que olvidarse más pronto que tarde. Basta con mirar al calendario, recordar el siglo que pisamos, para entender que el piropeo de andamio es pura prehistoria. Las chicas del colegio de enfrente dicen que la cosa no es para tanto, que es una costumbre que se ha sacado de contexto. No nos tenemos que beber ese vitriolo. Es cierto que hasta que no se ha subido el evento al caballo al galope de las redes sociales nadie la ha dado importancia. Sin embargo, se mire como se mire, este tipo de festejos anulan en parte los esfuerzos que se hacen por alcanzar una igualdad real, no la de escaparate ministerial. Se trate de una broma de mal gusto o de una amenaza real, vocear de ventana a ventana las lindezas que hemos podido escuchar alimenta la violencia sexista contra las mujeres. Es difícil saber dónde está la línea que separa una cosa de otra, pero está claro que es muy delgada. Ahí debería estar el foco de la reacción. Sin embargo, la sobreactuación de unos ha llevado a la tibieza a los otros. Nada nuevo bajo el sol. Mientras, parece evidente que los chicos del Elías Ahúja tendrán que buscarse otra diversión. No les costará mucho, porque visto el percal el recibimiento a los novatos debe estar extraído del manual de la inquisición.