Neure kabuz

Frivolidad naranja

09.02.2020 | 04:04

NO tengo empacho en reconocerlo; sí, Albert me excita. Me excita, me pone? de una mala gaita que me supera.

No se me ha pasado aún. Sigo consternado. Exasperado. A pesar de que han transcurrido ya cuarenta y ocho horas desde el bochornoso espectáculo protagonizado por los primos de Rivera.

Primero fue la perversión. El boletín informativo radiofónico de una emisora estatal anunciaba: "Campaña electoral. Hoy, Albert Rivera se traslada hasta Miraballes, cerca de Bilbao. Miraballes es el pueblo del etarra Josu Ternera".

Falsedad. Ugao-Miraballes es un municipio vizcaino de la comarca de Arratia-Nerbioi y es el pueblo de 4.128 vecinos y vecinas. No el de ningún terrorista. También es el pueblo de las 37 personas (1,4% del total) que en las últimas elecciones generales votaron al partido Ciudadanos. También de ellos, a quienes les asiste el derecho a pensar, opinar y decidir lo que crean conveniente. Pero, lo reitero, no es el pueblo de Urrutikoetxea ni de ningún etarra. Basta ya de estigmatizar a toda una sociedad. Basta ya de señalar con el dedo mentiroso a toda la colectividad.

Segunda falacia. El acto protagonizado por Albert Rivera no debería ser considerado como "campaña electoral". Al menos, en Euskadi. Ciudadanos no se presenta a los comicios municipales en Ugao-Miraballes. Ni a las votaciones de las Juntas Generales de Bizkaia. Cosa distinta es que el partido naranja haya instrumentalizado su presencia en Euskadi para pescar votos en el Estado con la imagen falsa de la "firmeza democrática" y el patrioterismo más rancio. La manipulación de lo vasco siempre como señuelo de intereses obscenos en el Estado. Alimentar el odio, el rechazo injustificado. La teoría del "a por ellos".

Tercera indignación. Lamentable por demás. La utilización política grosera y manipuladora de las víctimas del terrorismo. El dolor no se manosea. Ni se utiliza en beneficio propio. Además, es una vileza conjugar víctimas del terrorismo con campaña electoral. Descalifica al promotor. Lo invalida como líder político. Rivera se ha convertido en un manipulador sin escrúpulos. Alterar la convivencia en Euskadi por un puñado de votos extremos en España es de miserables. De políticos que no dan la talla. Fatuos protagonistas de una nueva clase política sin principios ni valores. Pagados de sí mismos a los que la responsabilidad o el bien común les resbala. Maniquís de la mercadotecnia. Productos interesados de poderes ocultos que los encumbraron en beneficio propio y que dejarán caer cuando ya no les rente lo suficiente.

El mitin naranja del jueves, aun siendo compatible con la libertad de expresión y manifestación, fue un insulto a la inteligencia. Un acto de soberbia, de falta de respeto a la concordia. Y la acusación generalizada pronunciada por Rivera, dirigida ad hominem al conjunto del pueblo, de "aplaudir a los asesinos" fue una indecencia. Una más. De quien habla hiriendo, faltando a la verdad.

No termino de quitarme el cabreo de encima. Me pudre la arrogancia de quienes actúan con tanta frivolidad. Y con tanto desprecio para con la pacífica convivencia de la gente. Me pregunto qué habrá sentido la familia de Iñaki Ibargutxi, el militante del PNV asesinado por ETA junto a otros dos jóvenes el año 1981 en Tolosa, al ver a Rivera en su pueblo hablando en nombre de las "víctimas del terrorismo".

Recuerdo a aquella familia destrozada. Habían acribillado a balazos a Iñaki y ni la propia ETA ni sus secuaces de Herri Batasuna quisieron reconocer el injusto daño causado. Y, lo que es peor, se inventaron una versión que hablaba de "provocadores", "mercenarios pagados que crean el terror en Euskadi para desprestigiar a ETA y a la Izquierda Abertzale". Mentiras sobre dolor. Injusto sufrimiento.

El pasado mes de octubre, 37 años más tarde, ETA reconocía en un Zutabe -boletín interno- haber sido la organización causante del triple asesinato de Tolosa. Para vergüenza de aquellos que en Ugao-Miraballes se negaron en su día a condenar el crimen. Los que miraron para otro lado y los que escurrieron el bulto.

Tengo en mi retina el sufrimiento vivido entonces en la primera planta del batzoki, en la capilla ardiente de aquel muchacho con el que compartíamos militancia política. Que no nos hable Rivera de víctimas. Que sus palabras duelen.

Todo transcurrió en media hora de performance, de postureo mediático e insoportable irresponsabilidad. No se nos va a olvidar fácilmente. Espero que a los electores vascos tampoco y dejen a Rivera y a su frivolidad exenta de votos. Que con respeto, pero con firmeza, le den la espalda como hicieron muchos de los vecinos y vecinas de Ugao-Miraballes el pasado jueves.

Acontecimientos como el vivido, que afortunadamente no fue a mayores, repetido en Altsasu o Errenteria, ponen en evidencia la distorsión y el desenfoque de la acción política en el Estado, donde determinadas formaciones han hecho de la confrontación permanente un espectáculo en el que sin ningún rubor acentúan una crisis de convivencia que amenaza con la fractura social.

Un buen amigo, siempre dado a perseguir la actualidad desde la memoria, me recordaba que la crisis que llevó a la descomposición de la antigua Yugoeslavia comenzó en Kosovo con la anulación unilateral por parte de Serbia de la autonomía kosovar. Fue precisamente Milosevic quien utilizó a Kosovo como plataforma de su ascenso al poder encendiendo la mecha de un patriotismo centralista serbio que terminó convirtiendo a los balcanes en un infierno de infausto recuerdo.

El resultado de aquella locura supremacista está a la vista de todos tras una guerra cruel y desalmada en el corazón de Europa. Un conflicto surgido al albur de la negación de los hechos diferenciales y el comportamiento vil y nocivo de personajes como Milosevic que, so pretexto de devolver a Serbia el orgullo nacional perdido frente al imperio otomano, condujo a la región a una barbarie de la que aún no se ha recuperado.

Con esta mención no quisiera hacer paralelismos demagógicos en relación a la situación vivida hoy en el Estado español y su crisis territorial e institucional. Solamente advertir que quien niega el diálogo, la diversidad y el derecho a decidir de sociedades complejas y plurales, no está participando en solucionar el problema. Al contrario, cuanto más firme e inamovible resulte su posición, cuanto más tense la cuerda, más estará acrecentando la posibilidad de ruptura y de conflicto.

Rivera no es Milosevic ni pretendo compararlo con él. Pero el presidente de Ciudadanos debería saber que en la Europa en la que quiere presentarse como referente español del espacio liberal demócrata no tienen cabida sus tics totalitarios ni su desprecio a la diversidad identitaria. Porque en Europa hay muchos europeos que se reconocen como vascos, catalanes, gallegos, flamencos, corsos, bretones, alsacianos, galeses? que merecen, nos merecemos, respeto y reconocimiento. El mismo respeto y reconocimiento que él disfruta por ser español.

Si tampoco eso es capaz de asumir, auguro que su estrella se apagará más pronto que tarde.

Hemos acabado la segunda campaña electoral consecutiva con el triste episodio de la naranja mecánica en Ugao-Miraballes. Ha sido un proceso que se ha hecho largo pero que, afortunadamente y salvo excepciones, ha servido para que las formaciones políticas presentaran a la ciudadanía candidaturas, programas, proyectos e inquietudes. Alguno dirá que ha sido un tracto tedioso y poco clarificador. Opino lo contrario y fruto de ello espero que se confirme una importante participación ciudadana mañana en las urnas. Seguramente no se repetirán los porcentajes alcanzados en los comicios de abril (se calculan entre cinco y siete puntos menos) pero, así y todo, el número de votantes será alto, estando por encima de las cifras obtenidas hace cuatro años.

Si esta previsión se mantiene, en mi bola de cristal particular aparecen varios vaticinios. A algunas formaciones les va a ir muy bien. A otras, muy mal, y entre medio, entre regular o suficiente, estarán casi todas. En esa zona templada algunas perderán representación, pero todavía mantendrán una cierta cuota de concejales y junteros. Otros se conformarán con mantenerse, aunque su ámbito de poder sea exiguo. En algún caso entre aquellos a quienes las urnas les van a sonreír me atrevo a intuir que obtendrán cifras históricas o extraordinarias de representación. Y, en sentido contrario, alguna formación, ya en declive, puede encontrarse al borde de la extinción. Lo sabremos, mañana a la noche. Antes, a votar, que es lo que toca.