Los lunes de resaca

La Supercopa, del torneo de la Galleta a torneo de redención

Las ganas de Messi por jugar el partido y la enorme frustración que acarreó su expulsión subliman el valor de esta Supercopa

18.01.2021 | 01:44
Villalibre festeja con Dani García su gol, en el minuto 90, que sirvió al Athletic para empatar el encuentro.

LA memoria me trajo aquella imagen del 84, con Diego Armando Maradona superado por los acontecimientos. El Athletic ganó la Liga y puso colofón a un año extraordinario con la Copa, con el Barça de contrincante en la final. El astro argentino perdió los nervios protagonizando la monumental tangana. Vaya que sí le jodió a Maradona perder aquel partido, y vaya que sí le ha jodido a Leo Messi, la gran luminaria del fútbol mundial, perder este otro, el de anoche. La frustración de estos dos fenómenos planetarios ha servido como hilo conductor entre aquella epopeya, casi diluida en el tiempo, y este súbito renacimiento, forjado en la agonística victoria en semifinales frente al Real Madrid y templado en el triunfo frente al coloso azulgrana, con dos remontadas tan poderosas que invitan a pensar en la llegada de los buenos tiempos.

Del referente inmediato, la clara victoria liguera del Barça en San Mamés con Leo Messi pletórico hace apenas una semana, al triunfo rojiblanco de anoche dista un abismo. Se puede decir que con la llegada de Marcelino García Toral el Athletic ha entrado en una nueva dimensión. A la espera de acontecimientos, que nos quiten lo bailado. El equipo rojiblanco ha ganado la Supercopa, dejando en el camino al Real Madrid y al Barça, y eso es verdaderamente sublime. Desde 1955 no ganaba el Athletic a estos ilustres contrincantes. En los tiempos de maricastaña.

Pero a lo que iba. Maradona pilló un rebote del diez, como no podía ser de otra manera, tras aquella derrota (Endika, te queremos) y Leo Messi se ha agarrado un rebote del diez, como no podía ser de otra manera, con esta otra derrota.

Sorprende sin embargo la forma en la que el portento argentino decidió cargar su frustración, dándole un cachete en el cogote a Villalibre, el hombre imperturbable, gestualmente modélico y enigmático en la expresión, pues tras esas hirsutas barbas esconde un mundo. "Su lema es: el gol me hace libre", desentraña Humberto, hombre culto, gernikarra de pro y buen conocedor de la criatura. Sonaron las trompetas en Gernika en su honor y en La Cartuja el muchacho sacó el instrumento para acompasar la espléndida jarana de los jugadores. Allá bailó hasta el Giraldillo y en la rebullida noche bilbaina sonaron timbales y cohetes como prueba de fidelidad:

Porque, efectivamente, había hinchas que creían en la victoria.
 

Así que Asier Villalibre ya está en boca de todos los argentinos y en la del mundillo futbolístico en general. Resulta que un rapsoda imperturbable y pinta de buen chico sacó de sus casillas al mismísimo Lionel Messi, el genio de la pelota, pobre hombre, incapaz de digerir la derrota, y acabó de patitas a la calle, consciente del enorme desdoro, él, un portento, el fustigador por antonomasia, interiorizando camino del vestuario su primera expulsión con el Barça en 753 partidos.

Leo Messi, que fue expulsado por agredir a Villalibre, se lamenta durante el partido. Foto: Afp

Es un misterio que fuera precisamente Villalibre el elegido. A lo mejor es que su estampa de bardo sugiere bonhomía, o a lo peor fue porque el cabrón de las barbas fue justamente quien marcó el gol del empate, y en el minuto 90, cuando más duele, dando paso a una prórroga en la que Willams, el otro gran protagonista en un partido tan coral, anotó el gol definitivo.
 



La incontinencia de Messi con Villalibre, su empeño anterior a disputar el partido como sea, pese a su evidente merma física, demuestran sobre todo las enormes ganas que tenía el Barça, comenzando por su abanderado, por conquistar la Supercopa. Un t orneo menor que ahora adquiere categoría porque se había convertido en vía más segura para escapar de un año siniestro para el barcelonismo; dejar atrás cuanto antes la gigantesca goleada del Bayern, o la ausencia de títulos y esa falta de perspectivas que llevó a Messi buscar desesperadamente su salida del club catalán.

El Athletic ganó hace cinco años la Supercopa de manera memorable, por goleada, a un Barça que sin embargo estaba ahíto de triunfos. Después de conquistar Liga, Copa y Champions, la competición, una vez perdida, adquirió rango de Torneo de la Galleta.

Ahora, en cambio, ha adquirido una importancia enorme, de tal modo que un torneo menor, concebido para que Barça y Real Madrid jugaran la final para regocijo universal y gloria de Arabia Saudí. Y lo ha ganado el Athletic.