Con la venia

Que se joda el sargento

07.02.2020 | 22:44
columnista Pablo Muñoz

cuando un Gobierno no llega a la mayoría absoluta es la hora de la política de verdad, la política con mayúsculas, que requiere de habilidad para buscar acuerdos y tejer complicidades. Política con mayúsculas que corresponde al Gobierno y también a la oposición, puesto que ambas partes tienen la obligación de contribuir a la mejora de las condiciones de vida de la sociedad a la que pertenecen. Es el caso del Gobierno Vasco integrado por PNV y PSE, y de la oposición al mismo representada por EH Bildu, Elkarrekin Podemos y PP. Lamentablemente, hay que reconocer que la manera actual de hacer política dista mucho de ese principio básico que debiera caracterizar a la buena gobernanza. Y es que cuando se gobierna con mayoría absoluta la tendencia es imponer, dejar claro quién es el que manda y desatender cualquier sugerencia que provenga de la oposición. Por el contrario, cuando quien gobierna está en minoría, la oposición se dedica casi exclusivamente a castigarle, a debilitarle y a torpedear cualquier iniciativa que pueda contribuir a su consolidación.

El Gobierno Vasco salió escaldado de su última propuesta de presupuestos. Consideró que lo de menos era considerar si esas cuentas eran o no convenientes para mejorar la vida del contribuyente, porque el único interés era lograr el fracaso del Gobierno. Y eso fue lo que sucedió. Y la falta de apoyo suponía privar a los gobernados de mejoras sociales y económicas evidentes y de acceso a un progreso en su bienestar, pero eso era lo de menos con tal de doblegar al Gobierno y certificar su minoría. Como el zafio desafío del recluta, "hala, que se joda el sargento, que hoy yo no me como el rancho". El Gobierno retiró las cuentas y se tragó el sapo. La ciudadanía vio pasar la oportunidad, sin más consuelo que maldecir una vez más a sus políticos.

Lo cierto es que aquellos presupuestos rechazados contenían avances sociales importantes a los que el Gobierno no quería ni podía renunciar, y la respuesta al fracaso ha sido recoger en un proyecto de ley las tres mejoras consideradas como más urgentes: el aumento salarial del 2,5% a los funcionarios, el incremento entre el 3,5 y el 4,5% en la RGI y la actualización de módulos y salarios en los centros educativos concertados. Todo en el mismo paquete y voto sí o no.

El proyecto presentado como urgente de las tres mejoras ha recibido la respuesta airada de las tres formaciones de la oposición y ha sido considerado como un trágala, independientemente de que se estuviera o no de acuerdo con sus contenidos. Eso, los contenidos, es lo de menos. Lo que no se puede consentir es que el Gobierno se salga con la suya en la ejecución de sus presupuestos después de haber sido derrotado. A la oposición no le importa que el procedimiento esté avalado por la normativa de la Cámara, ni que sea el habitual cuando las cuentas no hayan sido aprobadas, como viene haciendo el actual Gobierno de Pedro Sánchez con el apoyo de Unidos Podemos y si fuera preciso hasta de EH Bildu.

Si el Gobierno del PNV y PSE ha recurrido a este singular y apremiante procedimiento de tres en uno ha sido, precisamente, porque consciente de su minoría presentar esas medidas por separado llevaría a un proceso tan prolongado en el tiempo de enmiendas, contraenmiendas, acuerdos y desacuerdos que supondría eternizar la aplicación de unas mejoras urgentes que la sociedad necesita desde ya.

No va a resultar fácil a los partidos de la oposición explicar su rechazo a las mejoras previstas en ese proyecto de ley, simplemente porque no están de acuerdo con el procedimiento. Un retraso impreciso y perjudicial en la aplicación de esos incrementos por la única razón de no dar la razón al Gobierno, coloca a EH Bildu, Elkarrekin Podemos y PP en una situación complicada ante su electorado. Por supuesto, harán todo lo posible por trasladar a la opinión pública que la culpa es del Gobierno (del PNV, como insisten en detallar), y conociendo la actual práctica política, la arremetida de la oposición se supone que habrá sido tenida en cuenta por el Ejecutivo. Llamémosle vértigo, miedo escénico o recelo electoral, pero todo apunta a que los funcionarios públicos de la CAV van a ver cómo sus colegas del resto del Estado disfrutan del aumento, la gente más desfavorecida que percibe la RGI aguantará con la subvención congelada y el profesorado de la concertada seguirá sin igualar su salario con sus compañeros de la pública. No es eso lo que los tres partidos de la oposición defienden en sus discursos, pero, eso sí, el Gobierno Vasco (el PNV, insisto, insisten), volverá a fracasar y eso es lo que interesa por encima de todo.

Algún día EH Bildu entenderá que colaborar en la gobernanza es una asignatura obligada en democracia, Elkarrekin Podemos abandonará el postureo de enfant terrible azote del PNV burgués, y el PP superará sus complejos y sus revanchismos. Mientras tanto, que se joda el sargento.