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Barrutik

El negocio de la miseria

Leo, entre estupefacta e indignada, un artículo sobre un tipo que ha alquilado en verano una chabola en Baleares en un campamento de trabajadores migrantes para ofrecer una experiencia turística diferente. Para aquellos atrevidos a “salir de su zona de confort”. La miseria de muchos reconvertida en atracción. Imagino la vuelta a casa de los participantes (que los ha habido), contar cómo viven los pobres, el malestar de la chabola, la falta de agua, la basura que todo lo rodea. Y todo certificado en fotos y vídeos que enseñar a amigos y amigas que, de tener un mínimo sentido de la dignidad, alucinarán con el souvenir de su colega. Porque sí, la oferta fue atendida y 900 euros se ha sacado el tipejo durante el verano con permiso de la plataforma donde se anunciaba. Me genera calambre que para Europa la solución a la migración pase por el proyecto puesto en marcha por Italia, con deportación controlada a otro país a cambio de dinero y sin que se sepa más del futuro de los trasladados. Un negocio tan lucrativo como el que tuvo a bien poner en marcha el vecino mallorquín. Ambos gozaron y gozarán de falta de controles en su acción, permisividad de la sociedad que les rodea y dinero al bolsillo. La diferencia, que el mal negociante balear se enfrenta a multas de más de cien mil euros y el resto dan de su dinero para librarse de los que molestan, esos que viven en chabolas entre suciedad a pesar de llegar para trabajar en tareas que nadie quiere. O para buscar una vida mejor que en sus países de origen encontrando lo contrario. Mi calambre me advierte de que estamos ante un problema que no es la migración. Es el del comienzo de un negocio permitido y naturalizado no ya por parte de las mafias de quienes sientan en los cayucos a los migrantes sino por todos los demás. Es el negocio de la miseria.