Concluida la cumbre europea, sus protagonistas han regresado a sus casas no sin antes brindarnos un nuevo espectáculo mediático para que la deuda soberana de los países periféricos deje de sangrar (al menos aparentemente) y, ahora, el nuevo Tratado para la austeridad presupuestaria y la armonización fiscal se encargará de cauterizar la herida, aunque los británicos no hayan querido suscribirlo. No ha faltado nada en esta nueva escenificación de lo que ya se conoce como "Pacto Merkozy", cuyos consortes, Merkel y Sarkozy, lejos de abanderar el europeísmo de los ciudadanos, han hecho suyos los "astutos pensamientos" del mitológico dios griego Hermes, patrón del comercio y los bancos, pero también definido en los 'Himnos Homéricos' como "ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños y espía nocturno".

En efecto, la Unión Europea, entendida como el conjunto de instituciones que la gobiernan, y no como la Europa unida que soñaron hombres como Arístide Briand y pusieron en marcha Monnet y Schuman, ha vuelto a poner negro sobre blanco que la herida por la que sangra no se abre por la destrucción de empleo, los desahucios o la pobreza. No. Sangra por la herida abierta en el sistema financiero como consecuencia de la propia desmesura y avaricia de sus dirigentes. Es posible que ahora, con el último acuerdo, se sientan más tranquilos, al menos así lo reflejó el mercado de renta variable el pasado viernes, estimulado, 24 horas antes, por la nueva bajada en la Eurozona de los tipos de interés que sitúan en el mínimo histórico del 1 por ciento.

Si usted, amigo lector, había llegado pensar con cierta ingenuidad que la democracia y la libertad de los ciudadanos europeos, así como sus problemas, preocupaciones y sacrificios lo eran también de ese complejo burocrático, comercial y financiero llamado UE, se ha equivocado al igual que la gran mayoría de quienes seguimos creyendo en los Estados Unidos de Europa, propugnado incluso por Winston Churchill en 1946. Sí, reconozcamos nuestro error al confiar en unos dirigentes que miran para otro lado, que no buscan solucionar el colapso crediticio para estimular la economía europea, sino reducir gastos públicos para que los países tengan la liquidez suficiente para pagar su deuda soberana.

Prueba de los que decimos es la evolución del Euribor que, siendo la tasa de interés al que se prestan dinero los bancos entre sí, también es referencia para los intereses que esas entidades bancarias por la concesión de créditos. En las últimas semanas el precio del dinero ha registrado dos bajadas de 25 puntos básicos cada una, lo que significa un descenso de 5 décimas porcentuales, pasando del 1,5 al 1 por ciento. Pues bien, en buena lógica, un descenso de esa cuantía debería tener su reflejo en el Euribor que, sin embargo, tan sólo ha bajado en 8 centésimas desde la media registrada en octubre (2,111%) a la que se establecía el pasado viernes (2,032%).

En este punto, Nicolás Sarkozy ha perdido la oportunidad de ser consecuente con sus propias palabras cuando el pasado viernes señalaba que "hemos considerado inaceptable un protocolo en el Tratado que permitiera de exonerar a Reino Unido de un cierto número de reglamentos sobre los servicios financieros. Algo que no hemos podido aceptar, porque consideramos que una parte de los problemas del mundo vienen de la desregulación del servicio financiero". Duras palabras para criticar a otros países y silencio elocuente cuando se trata de regularizar el sistema financiero de la Eurozona, donde las entidades privadas no sólo colapsan el mercado crediticio a empresas y particulares, sino que se permiten el lujo de encarecer el diferencial entre el precio oficial del dinero y el Euribor que en octubre era del 0,611% y hoy se sitúa en el 1,032%.

De modo que vuelven a rendir culto a ese "cuatrero de bueyes" llamado Hermes que ejerce también como "jefe de sueños" imposibles para los ciudadanos, al tiempo que trabaja como "espía nocturno" al servicio del poder económico y financiero, nuevo dios todopoderoso como lo fue su padre (Zeus, quien en su día raptó a la princesa Europa) y ahora van secuestrando poco a poco la democracia y la libertad en Europa como lo demuestran esos 'golpes de estado' para quitar presidentes de Gobierno en Grecia e Italia, legítimamente elegidos en las urnas, aunque alguno, como Berlusconi, nos resultara un personaje repulsivo.

Así, es posible que se haya salvado el euro, la Eurozona y la UE. Pero se habrá salvado en lo relativo a su sistema financiero, pero no respecto a la circulación de la moneda única europea entre los ciudadanos. Pero, ¿qué ocurrirá cuando esos mismos ciudadanos no puedan comprar los productos alemanes o franceses? Porque una cosa parece diáfana: sin créditos no hay creación de empleo; sin empleo no hay euros: sin euros no hay consumo; sin consumo no hay crecimiento y sin crecimiento sólo hay recesión y pobreza.