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Alemania: los Verdes, partido en alza

EL partido alemán de los Verdes que celebra este fin de semana su congreso federal es la gran revelación de la legislatura : todas las encuestas demoscópicas le sitúan hoy en día en torno al 30% de intención de voto, muy por encima de los dos grandes partidos tradicionales CDU (cristianodemócratas) y SPD (socialdemócratas)

El hecho en si no es nada sorprendente, porque a la derecha, la trotona política gubernamental de la CDU y FDP (liberales) ha desencantado a todo el mundo pes a la bonanza económica de que está disfrutando el país. Y a la izquierda ni el SPD logra ofrecer programas o personalidades que encandilen al pueblo en tanto que los neocomunistas y socialistas radicales del partido La Izquierda (Die Linke) brillan más por sus luchas y problemas internos que por la oferta de nuevos senderos para una sociedad que nota que ha llegado la hora de reformas profundas que nadie propone.

Pero así y todo sorprende que un partido "anti sistema" y ecologista que se ha aburguesado hasta el extremo de que se distingue ya muy poco de "los de siempre" sea capaz de despertar aún esperanzas de cambios y grandes reformas. Tanto más, cuanto que ahora como en sus comienzos, Los Verdes sigue siendo el partido preferido de los universitarios y los intelectuales "progres". Y estos han sido siempre mucho más dados a discutir principios que a aplicar de inmediato políticas para el día a día de la República.

Esta militancia de idealistas que se desentienden de la realidad cotidiana generó desde el día de su fundación que Los Verdes estuviera dividió en la rama de los realistas - los "realos", los llaman en Alemania - que sacrifican principios en aras del poder y de los puristas, los idealistas. Las pugnas entre ambas alas fueron luchas de salón hasta que las debilidades de los dos grandes partidos dejaron encaramarse a los militantes verdes al poder. Al gran poder, formando parte de la coalición gubernamental con el SPD, y al pode más próximo de los Ayuntamientos y Gobiernos de los Estados federados donde no han faltado alianzas verdes con cristianodemócratas y liberales.

De todas formas, ni el aburguesamiento de los dirigentes verdes ni su pactismo en aras del poder no ha privado a gran parte de la militancia del partido de dos facetas que escasean en las demás formaciones políticas germanas. Una es la efervescencia intelectual de buscar nuevas vías, nuevas fórmulas, para el futuro inmediato de la sociedad alemana y europea. Se buscan nuevos caminos y se proponen, sin miedo al ridículo de ser tomado en solfa en debates y asambleas. Y el otro, es la presencia de personas bien preparadas técnicamente y capaces de desarrollar programas viables de reformas.

Para el ciudadano de a pie las iniciativas de los verdes tienen el sabor de lo espontáneo y de las ofertas que tienen pies y manos. Se pueden aceptar o se pueden rechazar, pero a nadie no le parece en Alemania que las iniciativas verdes son el fruto de tejemanejes de comités y capillitas de unos profesionales de la política que piensan y proponen por si y ante si, sin dejar que la gran masa de los ciudadanos de a pie pueda intervenir ni proponer nada en los moldes que se le ofrecen para el convivir inmediato.

Así y todo, la oferta política de los verdes suele tener alzas pasajeras. Por una parte, el lenguaje de los dirigentes del partido sigue siendo elitista y difícil de seguir para la gente que busca lenguajes llanos y fórmulas fáciles de entender. Y por otro lado, la atención que le presta hoy en día un alto porcentaje del electorado alemán es mucho más fruto de la pérdida de fe en las otras formaciones políticas que una adhesión al ideario y modo de hacer de los verdes. Porque es de sobras sabido que la conducta electoral de los pueblos está todavía en las garras de la rutina,