Mercedes Amann se convirtió en el rostro humano de la soledad no deseada, una realidad invisible que apaga la vida de miles de personas mayores. Su réplica hiperrealista en Bilbao rompió el silencio social, demostrando con crudeza que el aislamiento consume en vida mucho antes de la muerte física.
El legado de Mercedes es un llamado urgente a la acción conjunta. Por un lado, las instituciones públicas deben gestionar recursos eficientes, crear redes de apoyo comunitario y diseñar políticas activas de acompañamiento,no olvidar el.papel importante de Osakidetza con la labor ingente de Atención Primaria. Por otro, la presencia de los familiares resulta insustituible y obligatoria, ya que el afecto directo es la primera barrera contra el olvido se viva o no con el mayor,la distancia prolongada y la falta de contacto,se consideran una falta al deber de solidaridad. Esta epidemia silenciosa requiere tanto de la responsabilidad institucional como del calor humano diario. Mila esker Mercedesi.