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Racismo que no cesa

“El respeto es una calle de dos vías; si deseas recibirlo, debes del mismo modo ofrecerlo…”. De nuevo, un campo de fútbol ha sido testigo de un lance execrable de racismo, cada vez menos sutil y más ofensivo/grosero. España y Egipto disputaron el martes 31 un partido amistoso en el campo del Espanyol. De pronto, como si sonara la plaqueta de “acción” en una película de terror, parte del campo comenzó a entonar “musulmán el que no bote”. Eran unos cientos, pero aullaban lo suficiente como para hacerse oír. Se deslizan a través de redes sociales, van en rebaño, se colocan juntos por si pintan bastos, y su modus operandi es invariable: Siguen consignas de sus “predicadores” de la derecha radical intolerante que, a decir verdad, ya no se sabe dónde comienzan los galgos y acaban los podencos. Las imágenes constituyen un bochorno radical para España como país. Todos los estamentos del fútbol están obligados a prevenir, corregir y sancionar estas conductas en el instante de producirse, pero no se hizo. Ni siquiera se suspendió el encuentro, como manda la instrucción 8/2023. Rafael Louzan, de ocupación presidente de la Federación afirmó que “son comportamientos minoritarios”.