Sigue el escorpión con su veneno vivo, ardiendo en el cuerpo, dispuesto a picar presto, dejando al otro muerto. El cuento de la rana y el alacrán atribuido a Esopo, el antiguo fabulador de Delfos, sigue iluminando cada presente, porque es una historia de las esencias de la humanidad. Los caracteres, como describió Teofrasto, se repiten en cada una de las generaciones. Cuando el temible artrópodo solicitó a la rana que lo cargase para cruzar el río, esta le preguntó: “¿Cómo sé que no me picarás?”. A lo que respondió con aparente sensatez el escorpión: “Porque eso haría que ambos nos ahogáramos”. La rana aceptó y, a la mitad del camino, el escorpión la picó. “¿Por qué lo hiciste?” preguntó la rana al monstruoso insecto, recordándole que los dos iban a morir: “Es mi naturaleza”. Aunque entre los seres humanos no suele ser inamovible la naturaleza, pues, libres, podemos modelarla, permanece la tendencia. Cambiamos cómo somos, al menos en la intención y en parte de nuestra acción, pero esto cuesta a veces un montón. Montón que algunos, cuando ni se lo plantean, no han de intentar pagar. Así parece pasar con el convulso presidente de los EE.UU.. Que haya hecho alguna eficaz y benéfica acción, como eliminar a un tirano de Venezuela, no quita que luego sea quien es. Quiere hacer grande a América a costa de lo que sea. Ahora lo vemos en la arrogancia con la que trata de apropiarse casi de un continente, Groenlandia, parte de Dinamarca, de la Unión Europea, desde hace décadas íntima aliada, servicial seguidora de los intereses de EE.UU., en ocasiones de modo humillante, como sucedió con la guerra de Irak, entre mentiras infectas. Si cada vez que un gran país, como un grandullón fortachón, se encapricha con algo, tuviera que adquirirlo, estaríamos de nuevo envueltos en un mar de conflictos, sin ningún respeto por convenciones legales o éticas. Si estalla el conflicto y los daneses se defienden, con apoyo europeo, como buenos vikingos, uno casi se pregunta si no nos valdría más unir a Rusia en la Unión Europea. Sí, no se escandalice, lector sensato, que la hipérbole sirve para reconsiderar con otra perspectiva la realidad que tan fea se nos levanta ante la vista. Los fuertes podrían empezar a tragarse a los pequeños países. EE.UU. ahora parecen aliados-enemigos, al margen de buena parte de sus ciudadanos, y es que nuestras democracias son fallidas en buena parte, oligarquías mezcladas con partitocracia, en un sistema que permite lanzar arriba a los peores.