Hay oficios que no se explican: se heredan. Y hay profesiones que no se eligen solo con la cabeza, sino con el corazón. Ser pescador o pescadora es una de ellas.
Cada 26 de enero, Día Mundial del Pescador, es una oportunidad para reconocer a quienes garantizan nuestra soberanía y seguridad alimentaria desde la mar. A quienes hacen posible que una proteína marina saludable, sostenible y estratégica llegue cada día a millones de personas en todo el mundo.
En un contexto global marcado por la inestabilidad de las cadenas de suministro y los grandes retos alimentarios, contar con un sector pesquero profesional, regulado e innovador no es un privilegio: es una necesidad estratégica.
La historia del sector extractivo de túnidos nace del saber hacer, del aprendizaje paciente del oficio y de una capacidad constante de evolucionar sin renunciar a la identidad. Ese camino ha situado hoy al sector atunero entre los referentes globales de la pesca responsable.
Cerca del 10 % de las capturas mundiales de túnidos se realizan con base de operaciones en Bermeo. Desde este puerto del Golfo de Bizkaia se coordina una actividad presente en todos los océanos, sometida a los más altos estándares de control, trazabilidad, innovación tecnológica y sostenibilidad. Tradición convertida en liderazgo global.
La pesca es una profesión de alta exigencia técnica y humana. Requiere conocimiento, preparación y toma de decisiones constante. Pero también es un sector profundamente transformado: buques altamente tecnificados, mayores niveles de seguridad, formación continua, conectividad y condiciones de vida a bordo plenamente acordes con el siglo XXI.
Reconocer a los pescadores y pescadoras es reconocer su excelencia profesional, su capacidad de adaptación y su contribución estratégica a la economía azul.
El futuro del sector pasa por las personas. Por atraer talento joven, mujeres y hombres que vean en la pesca —de bajura y de altura— una oportunidad profesional con propósito, estabilidad y proyección. Es imprescindible explicar qué es hoy la pesca, romper estereotipos y situarla donde le corresponde: como actividad clave para la soberanía alimentaria, la innovación y el desarrollo territorial.
Sin relevo generacional no hay flota. Sin flota no hay cadena de valor. Y sin cadena de valor no hay futuro desde la mar.
El sector extractivo es el primer eslabón de una cadena que sostiene industria, logística, investigación, puertos, tecnología y gastronomía. La pesca de bajura mantiene comunidad, identidad y territorio. La pesca de altura proyecta competitividad, liderazgo y presencia internacional. Ambas son necesarias y complementarias.
Este 26 de enero es también el día de las mujeres del sector pesquero. De las que estuvieron y de las que están. De las que sostuvieron el sistema en silencio y de las que hoy rompen techos de cristal en la mar y en tierra.
Durante décadas, neskatillas, rederas y empacadoras fueron el soporte invisible del sector. Hoy, además, las mujeres se forman, embarcan, acceden a profesiones altamente cualificadas y ocupan puestos de responsabilidad en empresas, organizaciones e instituciones vinculadas a la pesca. La pesca del siglo XXI no puede entenderse sin ellas. No hay igualdad sin visibilidad. No hay futuro sin liderazgo femenino.
Desde Bermeo Tuna World Capital lo tenemos claro: el futuro de la pesca se construye desde la cooperación, la innovación, la profesionalización y una sostenibilidad social, económica y ambiental real.
Los retos son complejos, pero el sector demuestra cada día que se puede avanzar sin perder la esencia.
Este 26 de enero no celebramos solo una profesión. Celebramos una comunidad global. Celebramos a quienes hacen posible que la mar siga alimentando al mundo. Porque sin pescadores y pescadoras no hay soberanía alimentaria. Y sin mar, no hay futuro.
Directora de Bermeo Tuna World Capital