Hace unos días nos hacíamos eco en DEIA de la historia de un jubilado de Elizondo que daba por perdidos los ahorros de su vida. En una estafa que comienza en un anuncio en el que, supuestamente, el tenista Rafa Nadal da validez a las prácticas de una plataforma financiera, la víctima desgrana el proceso en el que es estafado. Me da por pensar cómo es posible dejarse engañar de semejante manera hoy en día con todo lo que sabemos. Y, seguido, me doy cuenta de que estoy juzgando a quien ha sido víctima y no al victimario, el estafador. Nos puede pasar a cualquiera. Y, si nos pasa, recibamos calor en vez de frío.