AMBIARLO todo para que nada cambie. Muy propio de España. Tras el aclamado relevo al frente de la delegación, RTVE puso el caramelo en la boca a la comunidad eurofán y al público generalista para al final acabar obnubilados por el envoltorio y con el sabor amargo de siempre en la elección del representante de Eurovisión pese a rescatar un gran producto como el Benidorm Fest. Cuando el contexto y la calle rogaban por exportar un mensaje de empoderamiento y pluralidad lingüística, necesario en un país construido en base a cavar trincheras, un jurado elegido a conciencia entre amigas y conocidas se encargó de volatilizar, mediante un juego de trileros en el reparto de los votos, los miles de euros invertidos por una entregada audiencia. Ni lenguas, ni tetas. Todo estaba cantado para impulsar a quien rascó un 3,97% del televoto frente a quien sacó el 70,75%. Fue una ejecución SloMo, a cámara lenta, para enviar una canción cuya letra, en spanglish, soflama: Llegó la mami; la reina, la dura, una Bugatti (...) Si tengo un problema, no es monetary; yo vuelvo loquito a todos los daddies (...) Apenas hago doom, doom; con mi boom, boom; y le tengo dando zoom, zoom (...) Nada que decir de la profesionalidad de la intérprete, coreográficamente sublime. Pero el lenguaje importa, vehicula sociedades y no debe fomentar el patriarcado. Menos aún en una televisión pública donde sigue oliendo a Chanel 4, que es más barato. A podrido, a naftalina. Ay mamá, si que hai fronteiras!

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