Las negociaciones de paz entre EE.UU. e Irán continúan bajo una extrema tensión en medio de renovadas amenazas militares por parte del presidente estadounidense, Donald Trump. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, confirmó este lunes que se mantiene el intercambio de propuestas “a través de Pakistán”, explicando que, tras rechazar Trump una propuesta iraní de 14 puntos el 10 de abril, Washington planteó sus consideraciones, a las que Teherán respondió con nuevos puntos presentados mediante el ministro del Interior paquistaní, Mohsin Naqvi.

Sin embargo, las especulaciones sobre el fin del alto el fuego, vigente desde el 8 de abril, han aumentado tras una conversación telefónica entre Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien declaró que Israel está preparado "para cualquier escenario", mientras Trump aseguró que a Irán se le acaba el tiempo para negociar. Así, el líder estadounidense advirtió en su red Truth Social: "Para Irán, el reloj avanza, y más les vale ponerse en marcha ¡rápido!, o no quedará nada de ellos". El mandatario responsabilizó a Teherán del estancamiento de la negociación y acusó al país de retractarse cinco veces de los acuerdos. Además, arremetió contra la oposición demócrata y medios como The New York Times, Wall Street Journal y CNN, acusándolos de haberse vuelto "locos" con el conflicto.

Y es que las exigencias cruzadas mantienen trabado el diálogo. Según la agencia Fars, Washington exige la entrega de 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, mantener una sola instalación nuclear, el desbloqueo de menos del 25% de los activos iraníes y no pagar compensaciones de guerra. Por su parte, Teherán insiste en el fin de la guerra en todos los frentes (incluido Líbano), el levantamiento de sanciones, la liberación de todos sus activos, compensaciones y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz. "La cuestión de los derechos no es algo sobre lo que estemos dispuestos a negociar", zanjó Bagaei.

Además, ante el riesgo de un conflicto generalizado, la comunidad internacional ha encendido las alarmas. Egipto, Arabia Saudí y Catar instaron a ambas potencias a seguir la vía diplomática para evitar una confrontación de consecuencias "imprevistas". El jefe de la diplomacia egipcia, Badr Abdelaty, alertó junto a sus homólogos sobre el "estado de caos" y las graves repercusiones económicas de la tensión, en alusión al bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo y gas mundiales.

La jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, confió en que China use su influencia como principal aliado de Irán para reabrir el estrecho, tras la sintonía mostrada la semana pasada en Pekín entre Xi Jinping y Trump. "Lo positivo fue que EE.UU. y China coincidieron en que el estrecho de Ormuz debe abrirse", señaló Kallas, matizando que la UE carece de mediación directa ya que las partes "no aceptan ningún tipo de ayuda".

A la crisis por el bloqueo de Ormuz se añade, además, otra devastadora consecuencia. Según un análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado por su economista jefe, Sangheon Lee, un conflicto prolongado podría afectar al empleo de forma "potencialmente más grave" que la pandemia de Covid-19. La OIT estima que si el petróleo sube un 50% sobre el promedio de principios de 2026, las horas de trabajo mundiales caerán un 0,5% este año y un 1,1% en 2027, equivalentes a 14 y 43 millones de empleos a tiempo completo, afectando con especial dureza a los estados árabes y a la región de Asia y el Pacífico.