El silencio en la zona mixta fue tan elocuente como el marcador. Los jugadores se saltaron el protocolo de la FIFA y no comparecieron ante los medios. Uruguay abandonó el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá por la puerta de atrás, cabizbaja, muda, enfurecida, con apenas dos puntos, sin una sola victoria y fuera incluso de las mejores terceras. Pero la eliminación deportiva fue solo el último capítulo de una historia marcada por la tensión, las dudas y una fractura interna que terminó por dinamitar un proyecto que, apenas tres años antes, había despertado una enorme ilusión en el país, cuando la llegada de Marcelo Bielsa abrió un ilusionante escenario.

La derrota ante España confirmó un dato inédito para la Celeste: nunca antes había quedado eliminada en dos fases de grupos consecutivas de un Mundial. Tras el golpe de Catar 2022, la selección volvió a marcharse antes de tiempo, esta vez dejando la sensación de haber sido incapaz de competir con continuidad durante el torneo. La primera campeona mundial abandonó la Copa del Mundo a las primeras de cambio.

El encuentro decisivo resumió buena parte de los problemas que acompañaron al equipo durante el torneo. Uruguay resistía ante España hasta que un error de Fernando Muslera cambió el rumbo del partido. El veterano guardameta, reincidente tras las actuaciones ante Cabo Verde y Arabia Saudí, no logró blocar un remate de Álex Baena aparentemente controlable y el balón terminó en la red. La imagen del portero observando cómo la pelota se escapaba de sus manos acabó simbolizando el derrumbe de la selección. Era la fotografía del desastre.

Muslera se dio de baja

En el descanso, Muslera dejó su sitio a Sergio Rochet. Era la primera vez desde Estados Unidos 1994 que no se sustituía a un guardameta en un Mundial sin la causa de una lesión. Bielsa explicó después que la decisión había nacido del propio portero. “Decidió salir él”, aseguró el técnico rosarino. Pero el debate no terminó ahí. Minutos después sorprendió retirando del terreno de juego a Fede Valverde cuando Uruguay necesitaba remontar. El centrocampista abandonó el césped visiblemente contrariado, tapándose la boca mientras se dirigía al banquillo. Bielsa defendió su decisión: “Saqué a Valverde porque quería reforzar el ataque”. El clima era insostenible.

El seleccionador asumió públicamente toda la responsabilidad por el fracaso. “Soy responsable de toda la decepción por el trabajo que realicé”, afirmó. Su análisis fue incluso más contundente al valorar su etapa al frente de la selección: “No le he dejado nada al fútbol uruguayo. Un entrenador que lleva tres años en un país y no consigue resultados no puede decir que ha aportado nada”. Así, sin medias tintas, naufragaba el último proyecto de El Loco.

Las autocríticas contrastaban con la tensión que se respiraba en el ambiente. Antes incluso de comparecer en la rueda de prensa protagonizó un encontronazo con los periodistas a pie de campo al gritar desposeído mientras se demoraba la entrevista: “¡Dale de una vez!”. Más tarde respondió con evidente incomodidad cuando fue preguntado por la sustitución de Muslera. “Ya se lo dije”, contestó, sin dar lugar a mayor explicación.

Ningún futbolista comparece

El mal ambiente no terminó con las declaraciones de Bielsa. Ningún futbolista uruguayo compareció ante los medios pese a que el protocolo de la FIFA establece la presencia de jugadores tras los partidos. El hermetismo del vestuario transmitía el estado de ánimo de una selección que llegaba rodeada de expectativas y se marchaba envuelta en frustración. Los minutos finales del encuentro ante España fueron el reflejo de la impotencia, con los uruguayos protagonizando violentas acciones que fueron motivo de la lesión de Yéremy Pino y quizás de la de Nico Williams.

Este desenlace no puede explicarse solo por el partido contra España. Hace más de un año, Luis Suárez denunció que varios compañeros no disfrutaban de estar en la selección y que incluso algunos llegaron a plantearse no jugar más con Bielsa. Durante las semanas previas al torneo ya habían aparecido señales de desgaste dentro del grupo. Diversas informaciones apuntaban a que varios referentes del vestuario habían trasladado al cuerpo técnico su preocupación por la intensidad de los entrenamientos y por la necesidad de adaptar el plan de juego a las características del rival. Bielsa, fiel a una idea futbolística que ha defendido durante toda su carrera, mantuvo su propuesta sin concesiones.

Al parecer, veteranos como Valverde, Rochet, Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur habían solicitado una reunión con Bielsa antes del duelo contra la selección de Luis de la Fuente para quejarse de la intensidad de los entrenamientos, que, según los jugadores, había provocado lesiones, en referencia posiblemente a la de Ronald Araújo. Asimismo, sugirieron un cambio en la propuesta estratégica contra España para jugar con un bloque bajo y perseguir las acciones de contragolpe. “Ojalá pasemos de la fase de grupos, pero esto no se puede aguantar más”, llegó a decir Araújo. Pero Bielsa murió con las botas puestas. En Uruguay se dice que murió matando, por los polémicos cambios de Muslera y Valverde.

Los jugadores de Uruguay, desolados tras la eliminación. EFE

Empates ante Cabo Verde y Arabia Saudí

Esa fidelidad a sus principios ha convertido al técnico rosarino en una de las figuras más influyentes del fútbol moderno, pero también ha marcado los límites de un proyecto que nunca abrazó la estabilidad. Uruguay dejó momentos de buen juego durante la fase de clasificación y actuaciones prometedoras en el inicio del ciclo, aunque llegó al Mundial inmerso en una preocupante racha de resultados y sin la confianza para competir bajo máxima presión. Y esa situación se proyectó ante Arabia Saudí (1-1) y Cabo Verde (2-2), donde el equipo fue incapaz de ganar y firmó dos empates condenatorios.

El rendimiento individual tampoco ha ayudado. Los errores defensivos han castigado al equipo y la falta de eficacia ofensiva ha sido determinante. Frente a España, Uruguay no consiguió rematar entre los tres palos hasta bien entrada la segunda parte, muestra de las dificultades que encontró para generar peligro cuando más lo necesitaba.

"Soy el responsable"

La eliminación abre ahora un periodo de reflexión para la Asociación Uruguaya de Fútbol. Bielsa deja tras de sí un legado táctico que trasciende los resultados y una influencia reconocida por entrenadores de todo el mundo. No obstante, su paso por la selección quedará inevitablemente asociado al Mundial de la decepción. “Podríamos haber tenido siete puntos, pero solo tenemos dos. Este es el resultado de mi gestión. Mi trabajo consistía en dirigir a un grupo de jugadores que no logré convertir en un equipo competitivo. Si quieren explicaciones, cosa que dudo, diría que de los siete puntos que merecíamos, solo conseguimos dos”, resumió el seleccionador, que añadió con acidez hacia la prensa: “Soy responsable de lo que hizo Uruguay en este Mundial. Sus preguntas no buscan respuestas, sino una oportunidad para atacarme”. Un mea culpa vestido de victimismo.

Bielsa da instrucciones durante el partido contra España. EFE

El fútbol uruguayo inicia una nueva etapa obligado a reconstruirse. Ya no cuenta con la generación que lideraron Luis Suárez, Edinson Cavani, Diego Godín o Diego Forlán y todavía busca consolidar un relevo capaz de devolver a la Celeste al lugar que históricamente ocupó entre las grandes selecciones. El ciclo de Marcelo Bielsa concluye con una imagen difícil de borrar, la de un equipo eliminado antes de tiempo, un seleccionador asumiendo toda la culpa pero perdiendo los papeles ante la prensa y un vestuario consumido por la confrontación.