El cine no solo cuenta historias: también construye el imaginario con el que entendemos el mundo. Es un archivo infinito de referencias, un espejo de lo que vemos y de lo que creemos posible. O al menos, esa es la teoría; la práctica es bien distinta, porque todavía faltan muchas miradas.
Así lo sostiene la directora del Festival de Cine Internacional LGTBIQ+ de Bilbao, Zinegoak, Alaitz Arenazana: “Cuando tú no te ves, echas de menos las referencias y el ‘ser’ en un espacio más allá del tuyo propio, el ‘ser’ social también; que otras personas te puedan reconocer” . En ese vacío se sitúan las personas mayores LGTBIQ+. Salvo excepciones como Maspalomas, la realidad de las personas queer de más de 50 años sigue prácticamente ausente en la ficción, lo que alimenta uno de sus principales problemas: la invisibilización.
En el informe Existimos, publicado en diciembre de 2025, la asociación Aldarte lo formula sin rodeos: “No hay nadie en esta sociedad tan invisible como una persona LGTBIQ+ mayor”. Y precisa: no se trata de una invisibilidad genérica, sino de una doble fractura. Por un lado, la de una generación marcada por el franquismo, que interiorizó la heterosexualidad como norma; por otro, la de quienes, ya en la vejez, encuentran dificultades para reivindicar una sexualidad libre, sin permiso ni explicaciones.
El hito de 'Maspalomas' y '80 egunean'
La película Maspalomas rompe ese silencio y pone en el centro algo poco habitual: el deseo en la tercera edad dentro del colectivo homosexual. Pero, como apunta Arenzana, sigue siendo una excepción. “En términos generales, en el festival recibimos muy pocas cintas de ficción que aborden la realidad de los mayores. En las últimas tres ediciones sí hemos estrenado algunas como Crossing (2024)”, señala. En esa cinta turca, una mujer mayor emprende un viaje de revisión personal que la lleva a buscar a su sobrina, una joven trans a la que la familia ha dado la espalda. En ese recorrido, la protagonista atraviesa también su propia transformación.
Otro caso es 80 egunean (2010), considerada ya un hito del cine LGTBIQ+ centrado en personas mayores. “Es una cinta muy importante, que habla sobre dos mujeres mayores que tienen una relación”, resume. Y un reencuentro. La cinta sigue a Axun, una mujer de 70 años que acude al hospital para cuidar al exmarido de su hija. Su sorpresa es mayúscula cuando se encuentra a Maite en la silla de al lado, cuidando al compañero de habitación de su yerno. Se conocen de toda la vida. O, más bien, llevan toda la vida deseándose en silencio. En ese encuentro, Axun descubre el lesbianismo de Maite y se enfrenta a una encrucijada entre razón y corazón.
El documental: memoria histórica
Tres oasis dispersos en un páramo de referencias. En el cine documental, en cambio, la situación es distinta: este sí aborda la realidad desde distintos ángulos. “Dentro de lo que es el cine sobre personas mayores, lo que más recibimos es recuperación de memoria en formato documental”, señala la directora de Zinegoak. Un género, subraya, que vive “un momento maravilloso”. Para Arenzana, se trata de un formato muy rico, abierto en formas y narrativas, que se ha convertido en un espacio especialmente interesante dentro del festival. “Hay mucha mezcla de lenguajes. El que ganó el año pasado, por ejemplo, no tenía nada de convencional; giraba de una manera increíble, con un guion muy trabajado”, celebra.
Reivindica este género como una ventana a tiempos pretéritos en los que estaba todo por hacer. Dice, en esa línea, que en espacios como el festival el espectador tiene la oportunidad de conocer el pasado para tomar conciencia de que los derechos conquistados son fruto de décadas de lucha, protagonizada por quienes ahora peinan canas y caminan con cachaba. Por eso, Zinegoak siempre incluye en su programación estos relatos centrados en la memoria histórica.
“¿Que ha cambiado mucho y que, además, es muy interesante? Que el drama ya no está en la propia persona. Es decir, que las personas LGTBIQ+ no están abocadas a una vida dramática internamente"
“Pero hay que sumar. Hay que potenciar el relato de ficción con protagonistas más diversos no sólo en términos de edad, sino que también los de personas racializadas o con otro tipo de corporalidades”, reclama. Porque incluso en el cine hecho desde los márgenes siguen predominando cuerpos que ocupan el centro: rubios, blancos, apolíneos, deseables y, por supuesto, jóvenes.
Este es uno de los principales reproches hacia una serie que, según la crítica y el público, ha devuelto al colectivo LGTBIQ+ una adolescencia que parecía robada: Heartstopper. El universo juvenil se centra en la historia de amor entre dos adolescentes desde un enfoque tierno y luminoso, alejado del dramatismo que suele dominar muchas ficciones queer. Sin embargo, numerosas voces señalan que el reparto principal se ajusta casi exclusivamente a cánones de delgadez y belleza normativa.
Enmarcada en el género del coming-of-age —relatos de iniciación y despertar—, la serie ha cosechado un éxito incontestable. En la edición de Zinegoak de este año, señala Arenzana, sí se han recibido numerosos títulos con este mismo enfoque, al contrario de lo que ocurre con los relatos de vejez. En el ciclo de cortos Infancia y adolescencia, organizado en colaboración con Berdindu, el festival proyecta este sábado un panorama de las diferentes realidades qur configuran la experiencia queer de los menores de edad. En el apartado FIK de su sección oficial, Zinegoak también ha exhibido un buen número de títulos con la juvenud como elemento central.
Más allá de la edad de los protagonistas, Arenzana subraya que el cine de temática LGTBIQ+ ha atravesado un importante cambio en los últimos años, marcado por una mirada más luminosa a la diversidad. “El drama ya no está en la propia persona. Ya no aparecemos como gente que está abocada a una vida dramática internamente”, sostiene. En esa línea, reivindica un cine que ponga el foco en vidas plenas y felices, donde la identidad sexual o de género no sea el conflicto central de la historia, sino una característica más de personajes complejos, capaces de amar, equivocarse, envejecer y desear como cualquier otro.