El órgano Cavalillé Coll que Miriam Cepeda Gutiérrez maneja con maestría sonaba con un entusiasmo especial la tarde del pasado viernes en la Basílica de Begoña. El instrumento, construido en París en 1884, acompañaba a una veintena de parejas procedentes de todos los rincones de Bizkaia que renovaban sus votos matrimoniales tras 25, 50 ó más años felizmente casados. Lo hicieron a lo largo de una ceremonia concelebrada por el obispo de Bilbao, Joseba Segura, el párroco de Begoña, Ignacio Fernández, y otro sacerdote más.

El obispo, que compareció con la tiara y el báculo, ofreció una homilía dedicada a las parejas que celebran sus Bodas de Plata, Oro o Diamante. Su discurso fue un canto a la fidelidad y al esfuerzo compartido. Recurrió Segura en distintas ocasiones al sentido del humor. Y destacó la importancia de ese sentido del humor en la vida. Afirmó que las parejas capaces de reír juntas mantienen relaciones más sanas y sólidas. “Un matrimonio sin sentido del humor es como una carreta sin muelles que se va desencajando con cada dificultad”, recordó el prelado para ilustrar los baches del camino.

“Sois la evidencia de que el amor de largo recorrido es posible”

Joseba Segura - Obispo de Bilbao

Mertxe y Santi, 50 años casados

Quizá el humor haya sido clave para que Santi Luzuriaga, de Mallabia, y Mertxe Ibarluzea, una pareja de Etxebarria, término de Markina.-Xemein, hayan permanecido medio siglo casados. La prueba de esa cualidad la ofrece Santi cuando responde que el secreto para mantenerse juntos es “secreto de sumario”.

Santi revela con humor que el sistema que han empleado para alcanzar los 50 años casado casado con Metxe ha sido el de “prueba y error”.

Mientras que Mertxe asegura que han tenido “altibajos, como todo el mundo”, pero que han “llegado hasta aquí” y están “muy contentos”. Santi describió su enfoque para superar las dificultades como “prueba y error” . El viejo método científico que, desde luego, ha servido para hallar la fórmula. Han sacado adelante tres hijos, con quienes hace unas fechas  festejaron las Bodas de Oro. La decisión de acudir a Begoña a renovar los votos resultó completamente imprevista y espontánea. Mertxe se enteró hace poco en su parroquia de la existencia del acto. Y no se lo pensaron. Prueba y error.  La prueba pintaba bien.

La homilía del obispo contrastó la realidad matrimonial con las expectativas ficticias. El matrimonio no es una novela rosa ni una serie de televisión, aseguró. Es la vida misma, tejida de altibajos, silencios y risas. En un contexto social actual que prioriza los vínculos efímeros y de “quita y pon”, el obispo ensalzó el testimonio de quienes demuestran que el amor de largo recorrido es posible. A partir de los textos evangélicos, el obispo desarrolló la metáfora de la construcción sobre roca. Frente a los matrimonios basados en el interés o la apariencia, los homenajeados representaban, para Segura, la solidez ante las tormentas de la vida.

Ana Rosa y Jorge, matrimonio a prueba de oceanos

La capacidad para superar esas tormentas la encarnan más que bien Ana Rosa Barrios  y Jorge Mejías. Hoy el matrimonio es vecino de Amorebieta-Etxano. Renovaron sus votos de hace un cuarto de siglo. Se casaron hace 25 años. Muy lejos de su hogar actual.  En la ciudad de Valle de la Pascua, en el estado de Guarico, en la región de los  Llanos de Venezuela, donde habitan los roedores gigantes conocidos como capibaras, que allí llaman chigüires. Otro tiempo. Y otro mundo. Al darse el ‘si quiero’ no podían imaginar que algún día emigrarían. Hace ocho años, las circunstancias llevaron a Jorge a emigrar. Se decidió por Bizkaia porque tenía algún contacto. Ana Rosa y los dos hijos de ambos se quedaron en Valle de la Pascua. Fue un año y medio de separación muy duro para la familia. La Basílica ayudó a Jorge.  “Begoña, para mí es un lugar muy especial. Aquí me han sucedido cosas. Cuando llegué,  solo, como cristiano, creyente, y sabiendo de que el Señor me acompaña, venía aquí a, a orar por mi esposa, por nuestros caminos... Y  sentía ese acogimiento, conocí personas y me fui involucrando aquí”, relata.

El matrimonio de Jorge y Ana Rosa, 25 años casados, superó una separación de más de un año causada por la necesidad de emigrar .

 Ana Rosa es catequista en la parroquia de Andra Mari en Amorebieta-Etxano. Una compañera le comentó la existencia de la celebración. “Al saber que el lugar era Begoña, con el significado que tiene para nosotros, ni lo pensamos”, comenta Jorge. Dice Ana Rosa que “este año cumplimos veintiséis años  de casados, pero estamos en los veinticinco. Y, de la mano de Dios, que es el que nos guía y nos ha fortalecido durante este tiempo, que nos ha permitido madurar ese amor, vendrán veinticinco años más”.

Se trata de dos perfiles completamente distintos de parejas. La que, sin salir de su localidad, mantiene el matrimonio a lo largo de 50 años. Y la de la pareja que cruza el Atlántico separada en busca de un futuro y que es capaz de superar un largo periodo de separación forzosa. Resulta difícil determinar cuál de las dos circunstancias afecta más a los vínculos. O los estimula en mayor medida. Siempre depende de las personas y el tipo de relación.

“Un matrimonio necesita sentido del humor”

Joseba Segura - Obispo de Bilbao

Hacia el final de su discurso, Joseba Segura lanzó un encargo directo a los matrimonios: “Konta egizue” (contadlo). Les pidió que transmitan su experiencia a hijos y nietos. Según el obispo, su testimonio es la mejor defensa del compromiso duradero, sin necesidad de sermones.

A renovar sus 48 años de casados en un Rolls

Por el ramo de rosas, las flores en la solapa, el conjunto de ella y el traje y la pajarita de él, parecía que Itziar Sanmartín y Kike Busto fueran a casarse por primera vez. Hasta el espectacular Rolls&Royce antiguo, gris y negro, estacionado frente a la puerta de la basílica lo indicaba. Pues no. La pareja se casó en 1978. Por poco, pero no alcanzan el medio siglo de matrimonio. “También celebramos 51 años desde que nos conocimos”, aclara una Itziar “superemocionada” y “muy enamorada” de Kike. Decidieron no esperar para renovar sus votos “porque ahora gozamos los dos de buena salud”, aclaró Itziar antes de insistir que Kike “es un amor” y dejarse llevar por una lagrimas que ocultó tras el ramo.  Acompañaron a la pareja 22 personas, entre familiares, incluido un nieto, y amigos ataviados para la ocasión. Después de recalcar que “el Rolls me lo ha dejado un amigo”, Kike explicó que el día fue como cualquier otro viernes. “Hemos trabajado hasta las dos, después hemos cerrado antes de ir a comer, nos hemos preparado y aquí estamos”. Itzi y Kike no solo llevan 51 años como pareja y 48 de matrimonio, sino que trabajan juntos en el taller mecánico que la familia lleva en un popular barrio de Bilbao. “Yo estoy dispuesto a renovar los votos otra vez dentro de 50 años, pero ya tres veces no”, bromeó Kike. A la salida del acto les sorprendió un txistulari acompañado por el correspondiente dantzari que interpretó el aurresku de honor. Y, aunque no exista la certeza, todos los indicios apuntaban a que el grupo familiar se dirigía a festejar la renovación de votos matrimoniales tras dejar el elegante Rolls a buen recaudo. Solo faltaron los puñados de arroz. Todo lo demás, incluida esa peculiar mezcla de nervios y alegría de los protagonistas, fue, no como si repitieran lo que hicieron aquella jornada de hace casi 50 años, si no como si fuera la primera vez. 

Bilbao y el mundo han cambiado muchísimo desde 1978. Pero Itzi, Kike y el Rolls, no. Lo bueno, dura.


El obispo recordó a los presentes que su constancia no es solo fruto de la voluntad. “Existe un Don de Gracia y un acompañamiento divino silencioso que sostiene el compromiso a lo largo de las décadas. Dios no es una mera cláusula de un contrato, sino una Alianza viva”, expresó el prelado.

La jornada concluyó con una felicitación de corazón, del oficiante, que pidió un aplauso para los matrimonios, y una invocación a la Virgen de Begoña, para que guíe y proteja a estas parejas durante muchos años más.

“Konta egizue, contad vuestra experiencia a quienes tengáis alrededor”

Joseba Segura - Obispo de Bilbao

Alianzas

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Quienes renovaban sus votos matrimoniales tuvieron una participación activa en la liturgia. Uno leyó la Primera Carta de San Juan. La que insiste que Dios es amor. Otras , pronunciaron las peticiones. Llevaron como ofrendas un libro, flores y unas alianzas.

Esas alianzas, en algunos casos portadas en los dedos durante muchas décadas, no son sino aros de metal. Las alianzas que la veintena de matrimonios que tomaron parte en la celebración del pasado viernes renovaron realmente son otras. Pequeñas alianzas invisibles, construidas por centenares de pequeños pactos, decenas de costumbres acordadas e imperceptiblemente cambiantes, miles de sonrisas y algunas lágrimas, dolores enhebrados en placeres, y millones de segundos trenzados. Esas son las verdaderas alianzas que renovaron.