Monzón documentó la actuación de un guardia civil republicano en la guerra
A juicio del consejero vasco, juan colina “permaneció leal a la República” y “al servicio del Gobierno de Euzkadi”
Hay datos históricos que obligan a matizar ideas asentadas cuando se examinan los documentos originales. La Guerra de 1936 en Euzkadi dejó numerosos escritos administrativos y personales que permiten reconstruir con mayor precisión la actuación de personas y cuerpos concretos en aquellos meses. Uno de ellos es una certificación firmada por Telesforo Monzón, consejero del Departamento de Gobernación del Gobierno de Euzkadi, en la que se detallan los servicios prestados por Juan Colina, miembro de la Guardia Civil que permaneció en el bando republicano. Se estima que hubo alrededor de quince miembros del instituto armado español que data de 1844.
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La misiva, redactada en los últimos meses de la contienda en el norte, tiene un carácter explicativo. Monzón escribe para dejar constancia de una trayectoria concreta, en un contexto en el que la fidelidad institucional y la actuación durante la guerra podían ser objeto de revisión o depuración. Desde el inicio, el consejero sitúa los hechos en julio de 1936, cuando se produjo el levantamiento militar.
Según relata, Juan Colina se encontraba destinado en Bilbao y “permaneció leal al Gobierno de la República”, poniéndose desde el primer momento “al servicio del Gobierno de Euzkadi”. Monzón subraya que esta lealtad no fue circunstancial ni limitada a los primeros días, sino continuada a lo largo de todo el conflicto en el norte.
El escrito describe cómo Colina asumió responsabilidades en una situación de máxima gravedad. En palabras del propio Monzón, fue encargado de “mandar fuerzas de la Guardia Civil afectas al Gobierno”, integradas en el dispositivo de defensa y de orden público bajo la autoridad de la Consejería de Gobernación. El texto refleja así el proceso de reorganización de los cuerpos existentes durante los primeros meses de la guerra, cuando fue necesario adaptar rápidamente las estructuras de seguridad a la nueva realidad bélica.
Monzón detalla que Colina desempeñó funciones de mando efectivo, tanto en tareas de seguridad interior como en el ámbito militar. En el documento se señala que estuvo al frente de unidades armadas encuadradas en el dispositivo del Gobierno Vasco, destacando que “cumplió siempre con exactitud las órdenes recibidas” y que su actuación se desarrolló “con disciplina y celo”.
Uno de los pasajes más significativos del escrito es aquel en el que Monzón hace referencia a su papel al frente de tropas organizadas por el propio Gobierno de Euzkadi. El consejero afirma que Colina fue designado mando de un batallón y que, durante el tiempo en que ejerció esa responsabilidad, “observó una conducta irreprochable”, tanto en el plano militar como en el trato con las autoridades civiles.
A lo largo del texto, Monzón insiste en la idea de continuidad y compromiso. No presenta a Colina como una figura ocasional, sino como alguien que permaneció vinculado al esfuerzo republicano hasta el final del frente norte. En ese sentido, deja constancia de que sus servicios se prolongaron “hasta la terminación de las operaciones militares en esta zona”, una referencia directa al colapso del frente en el verano de 1937.
El propio documento incluye un episodio especialmente llamativo, relativo a un proceso judicial que se abrió contra Colina. Monzón señala que, tras una “ocultación de armas y municiones descubierta en el Cuartel de la Guardia Civil de la Salve de Bilbao”, el agente fue sometido a “sumario e incluso encarcelado” por el supuesto delito de negligencia. El consejero aclara, sin embargo, que el proceso concluyó con su absolución, al retirarse la acusación al comprobarse que el agente había actuado con rectitud y que no tuvo relación con los hechos. Monzón destaca expresamente que aquel episodio evidenció “la lealtad y firmeza de Colina”, quien, pese a la sospecha inicial, acabó recibiendo “muestras de adhesión por parte de todo el pueblo”.
Este fragmento aporta un notable valor histórico: permite observar cómo, en plena guerra, incluso los miembros leales al Gobierno Vasco podían ser objeto de escrutinio y de investigaciones internas, en un contexto de extrema tensión. La referencia de Monzón demuestra, además, que el Gobierno de Euzkadi procuraba dejar constancia escrita no sólo de los servicios prestados, sino también de la reparación moral ante eventuales injusticias.
Este documento se inscribe en una realidad histórica más amplia, según se detalla. Se estima que alrededor de una quincena de miembros de la Guardia Civil permanecieron en el bando republicano vasco entre julio de 1936 y el 24 de agosto de 1937. Algunos desarrollaron labores técnicas o administrativas; otros, como se desprende de la carta de Monzón, asumieron responsabilidades de mando en fuerzas de seguridad y unidades militares organizadas por el Gobierno Vasco.
Las preguntas que hoy pueden plantearse —si un guardia civil pudo ocupar posiciones relevantes dentro de las estructuras del Gobierno de Euzkadi o ejercer mando sobre unidades vinculadas al nacionalismo vasco— encuentran respuesta en documentos contemporáneos como este. La certificación de Telesforo Monzón no argumenta ni valora: deja constancia escrita de unos hechos y de una conducta.
Su interés reside precisamente en eso. En mostrar, a través de un testimonio directo y fechado, cómo durante la Guerra de 1936 existieron trayectorias personales que no encajan en esquemas simplificados. La pertenencia a un cuerpo determinado no impidió, en determinados casos, una vinculación activa con el Gobierno de Euskadi y con la defensa de la legalidad republicana.
El desconocido texto del entonces consejero del Departamento de Gobernación vasco sobre Juan Colina es, en definitiva, una pieza documental de primer orden. Aporta información concreta sobre el funcionamiento de las fuerzas de orden público y militares bajo la autoridad del Gobierno Vasco y permite conocer, 89 años después, a través de las propias palabras de Monzón, la actuación de uno de los miembros de la Guardia Civil que permanecieron en ese ámbito hasta el final de la guerra.
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