Alrededor de Lola Flores hay muchos mitos, medias verdades y leyendas urbanas, como aquella crítica supuestamente publicada por el New York Times a finales de los años 70 en la que se decía: “Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”. Casi 50 años después, ahí están tres amigas del barrio de Egia de Donostia que se aferran a esta frase apócrifa dedicada a La Faraona para describir su propuesta artística y musical. Lorea Etxarri, Oiane Aramburu y Nahikari Beltza pretenden poner a todo el mundo a bailar, reír y, por qué no, reflexionar. Tienen mucho humor y saben cómo decir las cosas (su pódcast, también llamado Putas amak, es la mejor prueba de su locuacidad), pero lo que traen entre manos no es un show cómico.
'Putas amak' portan una visión ácida e irónica sobre el mundo que les rodea (la maternidad, las relaciones afectivas, la crianza, el día a día) y lo plasman en las letras de unas canciones deslenguadas de tecno, punk, cumbia y lo que buenamente cuecen en su puchero sónico. Cada una de ellas viene de un rincón distinto de Euskal Herria, pero les ha unido Egia, donde viven y pasan la mayor parte del tiempo. Van de frente y zanjan a su modo el debate de los géneros musicales: todo sirve si es para bailar y echarse unas risas. Tanto en su EP de debut eZ goaZ inora, publicado el año pasado, como en su nuevo single …Sindromeari, en colaboración con el productor y DJ Malakias, tratan cualquier tema con desparpajo y sin cortapisas, lo que les ha hecho ganar cierta popularidad.
‘Remember’ de los 2000
…Sindromeari no puede ser un tema de tecno más machacón. Si no es por el idioma, cantado en euskera, casi parece salida de una discoteca del litoral valenciano de los años 90. Las integrantes de Putas amak reconocen que “algo de eso hay. Se podría decir que es un remember de la época del eurodance, pero actualizado”. Llevaban un tiempo tanteando al artista Malakias para una posible colaboración. “Nosotras compusimos la letra y la melodía sin saber muy bien qué base rítmica y qué efectos aportaría él”, cuenta. Quedaron el verano pasado con el DJ y productor y se llevaron una sorpresa. “Nos sorprendió bastante en el momento”, reconocen, aunque se muestran encantadas de poder hacer un guiño a la música comercial y de baile de los 2000 con esta canción: “Cuando la cantamos en directo nos da mucho subidón, la disfrutamos muchísimo”.
En su pódcast cuentan cómo el ChatGPT prácticamente les echó la bronca por poner “putas amak” y buscar información. Hay que ver qué puritana es la IA.
-Quizás la IA no conoce qué significa ser una puta ama, y claro, esa primera palabra asusta a muchos. Nos pasa frecuentemente que a la gente le sorprende nuestro nombre, no hay término medio; o les encanta o les parece terrible (como a una de nuestras madres, por ejemplo). Cuando decidimos llamarnos Putas amak ya suponíamos que iba a existir esa dualidad entre la parte positiva de la acepción y una declaración de intenciones más punki. También es curioso que la IA nos eche la bronca cuando en general te dice lo que quieres oír. Pero sí, este mundo está dando unos giros muy raros y no es de extrañar que la IA viniendo de donde viene se ponga puritana.
¿Putas amak vienen a ser tres amigas de Donostia que mezclan música sin prejuicios con el objetivo de hacer bailar a la gente?
-Ninguna de las tres somos de Donostia. Es un poco como el chiste de una vizcaina, una giputxi y una navarrica que se encuentra en Egia y montan un grupo de música electrónica. Y sí, uno de nuestros objetivos es, sin duda, hacer canciones bailables y de forma muy libre.
"En 2026 la gente está más relajada y tiene menos prejuicios y clasismos"
Los vascos tenemos fama de bailar poco y mal. ¿Hay remedio con este asunto?
-Claro que tiene remedio, nosotras por ejemplo lo damos todo, zuk zergatik ez? Es cuestión de dejar a un lado las vergüenzas y asumir que bailar mal también es bailar, y mola. Al fin y al cabo se trata de dejarse llevar y disfrutar.
Las canciones del EP son un canto a la fiesta y a sudar en la pista de baile, pero se cuelan otros temas como el de la crianza (Kontuz) y la vida después de la maternidad (Kunbia zikina). ¿Ese contraste es deliberado?
-Ese contraste es nuestra vida, y la vida de muchísima y muchísima gente. Es totalmente compatible hablar sobre maternidades, crianza, desapego, deseo, culpa, miedos…, y bailar a la vez, hay que sudarlo. Además, es muy terapéutico hacerlo desde el humor.
¿La rebeldía musical de Putas amak es coger géneros antes marginados como la música bacalao, la cumbia o el electropunk y hacerles un hueco en 2026?
-La rebeldía de Putas amak es habernos atrevido a formar Putas amak y desde ahí crear lo que nos ha nacido y apetecido en cada momento en cuanto a géneros musicales.
En su día hubo una especie de ruta del bacalao a la vasca, con la sala Txitxarro como uno de sus referentes. ¿Aquel movimiento musical en su día tan denostado merece que se le haga justicia?
-A nosotras nos tocó vivirlo, aunque no estuvimos muy inmersas. Es verdad que últimamente se están haciendo muchas series y documentales sobre la ruta del bacalao en Levante, el Breaktbeat en Andalucía… Sería bonito rescatar imágenes y testimonios del movimiento en las discotecas vascas.
"Bailar mal también es bailar, y mola"
Cogen la conocida cumbia peruana Cariñito, la cantan en euskera y nadie se lleva las manos a la cabeza. ¿Las mentes se han ensanchado en Euskal Herria tanto como parece y somos capaces de oír de todo y asimilarlo con naturalidad?
-Sí y no. Pero en general, ya en 2026 la gente está más relajada y tiene menos prejuicios y clasismos respecto a los distintos géneros musicales. Gora mezkolatoa.
¿Quién es una jefaza o, directamente, puta ama en este mundo a veces tan hostil?
-No nos ponemos de acuerdo a la hora de elegir una o hacer una lista, hay tantas… Algunas que son reconocidas, muchas que merecerían serlo y otras que desde su anonimato son para nosotras grandes referentes. Y ahí están, lo mismo nuestras mujeres más cercanas que una Lola Flores, que como nosotras, ni canta ni baila, pero no se la pierdan.
¿Qué es lo mejor y peor del barrio de Egia?
-Lo mejor, las cuestas y la gente. Y lo peor…, las cuestas.