El nuevo local de Bilbao que promete revolucionar el bollo de mantequilla: "Va a ser muy difícil elegir"
'Botxito' abre en el Casco Viejo de Bilbao con un obrador propio dedicado al mítico dulce bilbaino
El Casco Viejo de Bilbao suma un nuevo local gastronómico especializado en uno de los dulces más reconocibles de la ciudad. Botxito, situado en calle Sombrerería 3, ha abierto sus puertas con una propuesta muy clara: ofrecer el bollo de mantequilla de toda la vida y ofrecerlo también en versiones reinventadas adaptadas a las modas actuales.
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Un nuevo obrador en pleno corazón del Casco Viejo
La apertura de 'Botxito' refuerza el eje gastronómico de Sombrerería, una de las calles con más tránsito del Casco Viejo bilbaino. El local nace con vocación artesanal y con la idea de que el cliente pueda encontrar un producto recién hecho, elaborado a diario en el propio establecimiento. El protagonismo absoluto lo tiene el bollo de mantequilla típico de Bilbao, uno de los dulces más ligados a la ciudad. El horario es ininterrumpido, de 09:00 a 20:00 horas, todos los días de la semana.
Además del bollo clásico, Botxito apuesta por una línea de sabores que reinterpretan el producto sin romper con su identidad. En el obrador se elaboran bollos de kinder, pistacho, lotus, oreo y avellana, sabores que conectan con un público más joven pero que mantienen la estructura original del dulce bilbaino. Cada unidad tiene un precio de 2,20 euros.
El bollo de mantequilla, tradición bilbaina
El bollo de mantequilla nace en Bilbao a comienzos del siglo XX, en un contexto de crecimiento industrial y urbano que impulsó también el desarrollo de cafeterías y pastelerías como espacios sociales. Su creación responde a la necesidad de ofrecer un dulce sencillo, energético y asequible, elaborado con ingredientes básicos y fáciles de conservar. A diferencia de otras piezas de repostería más elaboradas, el bollo de mantequilla se consolidó rápidamente por su textura esponjosa y por un relleno de crema de mantequilla suave, adaptado al gusto local, menos empalagoso que en otras tradiciones europeas.
Durante décadas ha sido un habitual en desayunos, meriendas y celebraciones familiares, convirtiéndose en un símbolo reconocible de la repostería bilbaina y transmitiéndose de obrador en obrador, con ligeras variaciones pero manteniendo siempre su esencia original.
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