Celta1
Barcelona1
CELTA: Sergio; Hugo Mallo, Sergi Gómez, Fontás , Jonny (Min. 81, Roncaglia); Wass (Min. 67, Brais Méndez), Lobotka, Jozabed; Pione Sisto (Min. 67, Emre Mor), Maxi Gómez y Aspas.
BARCELONA: Cillessen; Semedo, Piqué, Vermaelen, Digne; Busquets; André Gomes, Paulinho (Min. 71, Rakitic); Aleix Vidal (Min. 75, Sergi Roberto), Denis Suárez y Arnaiz (Min. 71, Dembelé).
Goles: 1-0: Min. 15; Arnáiz. 1-1. Min. 31; Pione Sisto.
Árbitro: Juan Martínez Munuera Montero (colegio valenciano). Amonestó a Fontás por parte del Celta ya André Gomes por parte del Barcelona.
Incidencias: Partido de ida de los octavos de final de la Copa del Rey, disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 21.338 espectadores.
bilbao - En su política de gestión de recursos humanos, Valverde desnaturalizó al Barcelona que presentó otro talle en Balaídos. Como en la Liga el equipo azulgrana viste el traje de los superhéroes, inmaculado y resistente, pensó que en la Copa, el patrón ofrecería la misma respuesta. Al diseño le borró Valverde la purpurina, la corona de tres puntas. Al frac le arrancó la pajarita de imaginación de Messi, los brillantes gemelos de Luis Suárez y los zapatos de claqué de Iniesta. Los tres se quedaron a la espera de la noche de Reyes. Los tres monarcas se quedaron envolviendo ilusiones lejos de la acción. Deberá acudir a ellos Valverde para resolver la eliminatoria, que se determinará en el Camp Nou, empatados Celta y Barcelona. Envidó Valverde con Arnaiz, un opositor para el futuro, en punta. Enroló a Denis Suárez y Aleix Vidal en las alas. El centro del campo se lo entregó a Busquets, que flotó junto a Paulinho y André Gómes. En la defensa reclutó a Digne, unido a Semedo, Vermaelen y Piqué. La portería fue para Cillessen. El Barcelona, muy distinto, era a su manera. Abandonó lo académico, el influjo que siempre genera Messi, la clarividencia de Iniesta y la voracidad de Luis Suárez para armarse a través de la brújula de Busquets, el pulmón de Paulinho y el dinamismo de una delantera singular, ante un Celta que no dejó nada en el joyero. Sin lugar para la bisutería. Unzué, que le discutió al Barcelona en Liga, dispuso su mejor equipo, consciente que para competirle al acorazado azulgrana solo alcanza con los más destacados. La Copa bien merece el esfuerzo. En ese asalto, ambos trataron de anularse. El Barcelona cortocircuitó las contras del Celta y los gallegos embridaron a los de Valverde, que continúan sin conocer la derrota. Ambas propuestas, un ajedrez, colisionaron en un combate nulo. Tablas.
El ímpetu barnizó una salida sin ralentí en Balaídos. Nadie cedió ni concedió. Amaneció el duelo con más carreras que control, con la coctelera agitada y la idea de evitar errores. El Barcelona no tardó en propulsarse a campo abierto. Recuperó el Barcelona una pelota en el balcón de su área y armó un contra magnífica, de manual, cuando el partido estaba en proceso de asentamiento. Denis Suárez salió disparado para conectar con André Gomes, que ganó un palmo de terreno y anudó a su defensor con una maniobra de orfebre para encontrar el corazón del área con un pase que festejó Arnaiz. El canterano, puntual, embocó como lo hacen los delanteros centros. No titubeó. Hizo diana. Otra más en su culata de tirador. Su tercer gol en el torneo.
Dominaba el Barcelona, asentado tras tomar ventaja, con el pie firme en defensa y el tránsito rápido en ataque, bien cosido en la presión sobre el Celta, otro equipo al que le gusta jabonar la pelota. Con ese billar se desenredó el cuadro de Unzué. En una de esas combinaciones, Iago Aspas, siempre en guardia, remató forzado al larguero. El rechace golpeó el muslo de Cillessen, que nada pudo hacer ante el trallazo de Pione Sisto, que seguía la jugada por el otro costado. No le perdió ojo el sudanés, mientras el resto observaba si la pelota había salido por la línea de fondo. No lo hizo. Para cuando cayeron en la cuenta, Sisto agujereó la escuadra con violencia. Emparejados en el marcador, Celta y Barcelona, en equilibrio, continuaron con la esgrima. No hubo sobresaltos.
retorno de dembelé El arranque del segundo acto dibujó a un Barcelona mejor perfilado, con más jerarquía. Creció el ascendente de Busquets y las líneas de pase. Arnaiz avisó en otra aparición hasta que Semedo combó la pelota de orilla a orilla, como le gusta a hacer a Messi. Denis Suárez, en una ocasión de gol o gol, se lamentó. La queja invadió un pestañeó después a Busquets, que mandó la pelota al larguero. El Celta respondió con un remate estupendo de Emre Mor que no dio con la portería. Le faltó un palmó. A Dembelé, que volvía cuatro meses después, le falta más para alcanzar su estatus. Estuvo activo y dio con algún remate que sin embargo no obtuvo premio. Tampoco el de Sergi Roberto, estrellado en el palo. El sonido de una combate nulo.