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Encuentro Bizkaia y las Industrias Culturales y Creativas

Bizkaia, territorio creativo: la cultura como motor económico

Las Industrias Culturales y Creativas (ICC) se han consolidado como uno de los sectores estratégicos del territorio. Un escenario con un reto claro: fortalecer la sostenibilidad y la competitividad de un ámbito clave para la economía

Bizkaia, territorio creativo: la cultura como motor económicoAyuntamiento de Galdakao

En Euskadi, las Industrias Culturales y Creativas (ICC)han dejado de ser un concepto difuso para convertirse en una realidad tangible, medible y con un peso importante dentro de la economía vasca. Y es que, lejos de limitarse a grandes acontecimientos puntuales o a la nostalgia de unas fiestas populares bien organizadas, el sector cultural vasco ha logrado consolidarse como un actor estratégico dentro del tejido productivo de la comunidad autónoma.

Para refrendarlo, nada como tener en cuenta algunos de los últimos datos conocidos: en el año 2024, el sector cultural vasco representó alrededor del 2% del Producto Interior Bruto (PIB) de la comunidad, según la información más reciente recogida por el Instituto Vasco de Estadística (Eustat). Ese porcentaje, si bien puede parecer modesto frente a sectores tradicionales como la industria o los servicios, es significativo si se considera la heterogeneidad de actividades que agrupa y su estrecha relación con otros sectores económicos y sociales.

Además, esto demuestra que las Industrias Culturales y Creativas van más allá del arte, ya que ofrecen un valor añadido, aparte de aportar empleo y con ello contribuir al dinamismo social. Este sector representa más del 10% de las empresas en Euskadi y más del 5% del empleo total, lo que refleja cómo la cultura y la creatividad se han integrado profundamente en la vida económica y empresarial del territorio.

Este impacto es fruto de la diversidad de los diferentes sectores que conforman las ICC en Euskadi, desde las artes escénicas y visuales hasta los contenidos digitales, el diseño, la moda o los videojuegos, pasando por sectores como la arquitectura, la gastronomía o las industrias de la lengua.

Base más que consolidada para poner en marcha de nuevo este encuentro organizado por DEIA un año más para conocer más de cerca cómo las Industrias Culturales y Creativas representan un sector estratégico con mucho que decir a nivel económico.

Una cita para la que tendremos la suerte de contar con algunos de los nombres y rostros más conocidos e implicados en el sector como son Ainara Basurko, diputada foral de Promoción Económica; Begoña de Ibarra, directora general de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia; Felipe Jiménez Luna, director de Estrategia Digital de Banijay Iberia; David Pedrosa, director de la Escuela de Cine del País Vasco; Yurdana Burgoa, CEO de Last Tour; el productor Carlos Juárez de Basque Films y el director de cine y guionista Mikel Rueda.

Salvo Ainara Basurko, que hará el saludo inicial, el resto de ponentes tendrá su turno de palabra en dos mesas de debate tituladas: “Bizkaia/Bilbao como territorio que impulsa la cultura y la economía” y “El futuro de las ICC y los retos de la empresa cultural”.

Todos ellos están convocados a esta llamada de DEIA para formar parte de este encuentro que tendrá lugar el próximo 11 de marzo en el Palacio Euskalduna. El resumen y las conclusiones del mismo saldrán publicadas, así como en la edición digital, al día siguiente.

Bizkaia y Bilbao, epicentro cultural

Dentro de este panorama, el territorio de Bizkaia y su capital, Bilbao, ocupan un lugar destacado. Bizkaia acoge una parte sustancial de la actividad cultural y creativa en Euskadi, tanto por la concentración de infraestructuras como por su capacidad para articular grandes proyectos y eventos que combinan cultura, turismo y economía.

Una bailarina durante un espectáculo en Bilbao

Uno de los ejemplos claros en este sentido es el Palacio Euskalduna de Bilbao, icono de la oferta cultural y congresual del territorio (y donde precisamente se llevará a cabo este encuentro organizado por DEIA), cerró el pasado 2024 con cifras más que satisfactorias: más de 8,6 millones de euros en ingresos, 719 eventos celebrados y un índice de ocupación del 90%, consolidando su papel como un espacio destacado para la cultura, los congresos y la economía local.

Los datos recogidos por el Observatorio Vasco de la Cultura muestran que en 2024 se celebraron en Euskadi 20.644 eventos culturales, un 12% más que en 2023 y un 27,3% más que en 2022.

La programación fue diversa, con una fuerte presencia de conciertos, teatro, danza, festivales y actividades comunitarias, y una distribución territorial equilibrada: el 44,8% de los eventos tuvieron lugar en Bizkaia, seguido por Gipuzkoa y Álava. La riqueza de esta oferta –que llegó a registrar 56 nuevos eventos cada día en 2024– evidencia no solo una demanda social creciente por experiencias culturales, sino también una capacidad organizativa e institucional para responder a esa demanda con propuestas de calidad y alcance.

Cultura con impacto social

Si bien las ICC generan valor económico, su impacto social no puede medirse solo en cifras monetarias. La cultura actúa como indicador de vitalidad social y cohesionador comunitario, favoreciendo la participación ciudadana, la educación artística, la visibilidad de lenguas y tradiciones propias –como el euskera– y la inclusión de audiencias diversas.

De hecho, uno de los aspectos destacados en los últimos datos es el aumento de la presencia del euskera en la programación cultural, reforzando su uso como lengua de creación artística y de encuentro social.

Aunque las cifras son alentadoras y marcan una senda positiva, el sector de las ICC en Euskadi encara también importantes retos de futuro como comentarán los agentes implicados en este ámbito y con los que contaremos en la cita de la próxima semana organizada por DEIA.

Entre esas barreras por salvar destacan la sostenibilidad financiera y empresarial de un sector altamente atomizado, ya que la mayoría de las empresas culturales son microempresas, con pocos empleados y recursos limitados frente a las presiones del mercado y las economías de escala; la competencia por la atención del público, en un entorno mediático saturado y con modelos de consumo cultural que cambian rápidamente o la necesidad de internacionalización de las propuestas culturales, para que el talento vasco cruce fronteras y se integre en circuitos globales de producción y distribución.

Pero no se acaban aquí los retos. A estos se suma la importancia de la adaptación a las tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial y las plataformas digitales de distribución cultural, que plantean oportunidades —pero también incertidumbres— en la forma de crear, monetizar y consumir cultura en un camino donde el apoyo institucional es clave. Y es que la articulación de políticas públicas es importante para lograr el equilibrio sostenible de este ecosistema creativo y cultural del territorio.

Un momento de un rodaje

Polo de creatividad

Bizkaia, con Bilbao en su centro, se perfila como uno de los territorios más dinámicos de Euskadi en materia cultural y económica. Su capacidad para atraer inversiones, organizar grandes eventos, consolidar infraestructuras de primer nivel y generar empleo competitivo lo sitúa en una posición privilegiada tanto dentro de la comunidad como en el contexto estatal e internacional.

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El mismo ejemplo de la capital pone sobre la mesa que la cultura y la creatividad ya no son meras experiencias, sino que son factores de desarrollo, cohesión social y proyección internacional. La cultura y la creatividad forman parte del motor productivo del territorio. No se trata solo de preservar la identidad cultural, sino de convertirla en una palanca de desarrollo. Y en ese camino, las instituciones parecen dispuestas a acompañar con recursos concretos y una mirada más amplia que nunca.

Euskadi lo sabe, Bizkaia lo demuestra y las Industrias Culturales y Creativas lo confirman cada día con números, pero también con historias humanas de artistas, empresas culturales, ciudadanos y visitantes que hacen de la cultura un elemento clave para entender quiénes somos y quiénes queremos.