Entre la ría y la montaña. En medio está el barrio de Santutxu porque aunque parezca sorprendente este populoso barrio bilbaino sí tiene acceso al agua. “El paseo de Los Caños, donde podemos pescar mubles, pertenece a Santutxu y el monte lo tenemos con Mina del Morro”, concreta Mikel Andrés Bravo, guía de Bilbao Izan, que ejerce de cicerone por su barrio. Durante este mes de junio se ofrecen visitas gratuitas para conocer más a fondo la historia y la relevancia de este rincón de Bilbao.

Los edificios de gran altura y el escaso terreno sobre el que se asienta Santutxu (apenas 1,7 kilómetros cuadrados de los que 0,4 kilómetros cuadrados pertenecen al monte) hacen de este barrio uno de los más densos de Europa ya que sus más de 31.000 residentes viven en una superficie muy pequeña. Sin contar el espacio de montaña, la densidad supera los 24.000 habitantes por kilómetro cuadrado. Y las razones para esta cifra se asientan en el propio desarrollo de Santutxu donde la mayoría de los bloques de viviendas se construyeron en los años 70 del siglo pasado.

Pero los orígenes del barrio se remontan a cuando formaba parte de la anteiglesia de Begoña y desde lo más alto de la actual calle Karmelo se podía divisar la basílica. “En esta zona de Karmelo había muchos conventos: Andra Mari, Begoñazpi, Ángeles Custodios, las Hermanitas de los Pobres…”, desgrana el guía. Uno de los símbolos de Santutxu es la iglesia del Carmelo, inaugurada en 1886 tras “casi 20 años” de obras por los problemas detectados en los cimientos y la dimensión de la estructura. Este templo fue construido finalmente por la familia Gorostizabal que fue convecido por los responsables eclesiásticos bajo el argumento de que “si donaba dinero para la edificación, obtendría la salvación”. Mikel Andrés Bravo apunta que por esos terrenos también se interesaron los jesuitas para crear una universidad, la que actualmente está en Deusto.

Por el terreno donde está la iglesia del Carmelo se interesaron los jesuitas para una universidad. Oskar González

La calle Iturribide marcaba la frontera entre Bilbao y Begoña. Esa entrada a Santutxu es el camino a un barrio que en su pasado acogió fábricas como la de Juan Dourte. “Hubo un milagro industrial porque era una industria muy concreta. Era una fábrica de órganos en la que había profesionales muy especializados”, cuenta el guía que encara la calle Luis Luciano Bonaparte, primo de Napoleón y uno de los primeros en crear “los mapas del euskera”. La lengua vasca también está presente en el barrio con el homenaje en forma de calle a Domingo de Aguirre, uno de los fundadores de Euskaltzaindia.

Poco después se llega a la plaza Luis Etxebarria, muy peculiar por los edificios que le rodean. “Se construyó en los años 60 y la ley señalaba que los edificios de más de cinco alturas tenían que tener ascensor. Y en algunos edificios tienen ascensor pero éste solo para en las plantas 4ª, 5ª, 7ª y 10ª”, precisa entre risas Mikel Andrés Bravo.

Detalles originales

Santutxu es un barrio lleno de curiosidades. Por ejemplo, las calles Almería, Alacant y Albacete se ubican en este núcleo urbano. Sin embargo, no hay ninguna más que haga referencia a capitales. Desde la plaza de Federico Etxebarria se observa un reloj de sol, que sigue dando la hora. Casado con Felipa de Zuricalday, su mujer también cuenta con una plaza, justo debajo. “En las visitas teatralizadas al cementerio, el personaje de Martina de Zuricalday siempre dice que ella que fue emprendedora no tiene calle. En cambio, su hermana que fue ‘mujer de…’, sí”, relata el guía. También en la calle en tributo al primer cartógrafo que incluyó América, Juan de la Cosa, se encuentra la casa más pequeña del barrio.

El edificio más pequeño de Santutxu está en la calle Juan de la Cosa. Oskar González

Paseando se recala en la plaza Ricardo Bastida, el arquitecto municipal de Bilbao que dejó su impronta en numerosas edificaciones de la villa. A unas calles de distancia se ubica la última obra de este hombre, que junto a Emiliano Amann y Germán Aguirre, diseñó las casas de la Tabacalera. “Esta barriada tiene la misma concepción de las casas sindicalistas de Deusto y San Ignacio porque fueron diseñadas por las mismas personas”, concluye el guía.

Campa de Basarrate

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Esta zona resguarda por árboles con “unos 200 años de vida” tiene el sobrenombre de Campa del muerto. Y esa denominación está ligada al propio día a día del barrio hace décadas. “Por aquí pasaba el itinerario fúnebre para aquellas personas que iban a ser enterradas en Mallona o Begoña”, explica Mikel Andrés Bravo antes de precisar que ese punto se paraban los recorrido porque “las cuestas eran muy grandes”. Y hasta la Campa de Basarrate se acercaba el cura para decidir si ese fallecido podía ser sepultado en los camposantos o no. Si la decisión era negativa en ese espacio había un pudridero, “por lo que aquí también había muchos buitres”.

Lindando con esta zona está la Unión Begoñesa, que el próximo año cumplirá el centenario de su construcción. “Aquí vivían familias de la siderurgia y la metalurgia”, comenta el guía que va dando pinceladas sobre un barrio que mantiene la esencia de sus orígenes.