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Editorial

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Estrategias industriales

La alarma de que otra empresa emblemática -esta vez Tubos Reunidos- afronte un riesgo vital, debería mover a adecuar también las normas que rigen la actividad para que no la condenen

El grupo vasco Tubos Reunidos simboliza una encrucijada industrial que va mucho más allá de una sola empresa o los dos herrialdes –Araba y Bizkaia– a los que afecta su reestructuración. La sola reducción de sus costes laborales con rescisión de empleo no es garantía de supervivencia ante otros factores –deuda financiera que condiciona su capacidad de invertir, crisis arancelaria, competencia asimétrica–. El conjunto de la siderurgia y el metal de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa –empresas emblemáticas y tejido de proveedores altamente cualificados– se juega su posición mientras los aranceles estadounidenses amenazan con restar competitividad y comprometer cientos de millones en ventas anuales. Un ERE de alcance puede ser, en ocasiones, inevitable. Pero su gravedad exige que cualquier sacrificio vaya acompañado de garantías creíbles sobre la sostenibilidad del resto del empleo y de un plan industrial que no se limite a cuadrar balances sino que aspire a rescatar la compañía y su entorno como tractores del entorno local. Para ello, es imprescindible el compromiso del capital privado para sostener el tejido socioeconómico del que se favorece y la unidad de los agentes sociales implicados; la cooperación puede ser lenta, dolorosa y frustrante, pero la confrontación sería suicida.

Aquí, la función política de los Estados tiene un papel decisivo también en el marco europeo. Una política de competencia pensada para tiempos de estabilidad no puede aplicarse con la misma rigidez en un contexto de guerra arancelaria y transición industrial acelerada. Si las reglas de respaldo público son más draconianas para los actores internos que para sus rivales extracomunitarios, el resultado no es un mercado más eficiente, sino el desmantelamiento de capacidades industriales estratégicas. La UE debería releer sus propias normas: permitir proyectos viables aunque requieran apoyo público. Reconsiderar las ayudas de Estado no es abrir la puerta al despilfarro, sino cerrarla al modelo de concentración y deslocalización en gigantes que vacía de contenido industrial regiones enteras. Un marco menos restrictivo, orientado a la inversión, la descarbonización y la innovación, ayudaría a que empresas como Tubos Reunidos y todo el ecosistema industrial de Euskalherria encaren una competencia asimétrica.