La rehabilitación de viviendas ha dejado de ser una actividad secundaria dentro del sector de la construcción para convertirse en uno de sus motores más dinámicos del mismo. Si antes de la pandemia ya apuntaba maneras, el impacto de esta hace seis años no hizo más que acelerar una tendencia que hoy se consolida como un auténtico nicho de mercado.
El confinamiento obligó a millones de personas a mirar sus casas con otros ojos y desde dentro. Espacios reducidos, donde había una falta de luz natural, ausencia de zonas exteriores o una distribución poco funcional pasaron de ser inconvenientes asumidos a problemas urgentes que era preciso solucionar.
A partir de ahí, la vivienda dejó de ser solo un lugar de paso para convertirse en centro de vida, trabajo y ocio donde pasar muchas más horas. Y esa nueva percepción disparó la demanda de reformas, desde pequeños cambios hasta rehabilitaciones integrales.
Los motivos tras una reforma
Pero, no se trata tan solo de una cuestión de comodidad. La eficiencia energética se ha colocado en el centro del debate cuando se habla de rehabilitación en el hogar. Con el aumento del precio de la energía y una mayor conciencia medioambiental, cada vez más propietarios apuestan por mejorar el aislamiento, renovar puertas o incorporar sistemas de climatización más sostenibles y con los que ahorran.
En este sentido, la rehabilitación no solo revaloriza los inmuebles, sino que también reduce el consumo energético y las emisiones, alineándose con los objetivos climáticos. La mejora del aislamiento térmico, la sustitución de instalaciones obsoletas o la incorporación de energías renovables permiten disminuir de forma notable la demanda energética de los edificios y, con ello, el gasto de los hogares. Además, estas intervenciones incrementan el confort interior y alargan la vida útil del parque residencial, evitando en muchos casos la necesidad de nueva construcción.
Sin duda, se trata de un cambio de modelo que apuesta por una edificación más eficiente, sostenible e innovadora, capaz de responder a los retos ambientales y sociales actuales.
El parque inmobiliario de Bizkaia destaca por su acusado envejecimiento, lo que lo convierte en un territorio clave para la rehabilitación.
Además, el parque de viviendas en Euskadi —envejecido en buena parte como ocurre en otros lugares a nivel estatal— juega a favor del crecimiento de esta tendencia de la reforma y rehabilitación. Miles de edificios construidos hace décadas necesitan adaptarse a normativas actuales, mejorar su accesibilidad o simplemente ponerse al día en términos de habitabilidad, confort y eficiencia energética.
Esto abre un campo de actuación amplio y constante para empresas y profesionales del sector. A todo ello se suman los fondos europeos y las ayudas públicas, que han actuado como catalizador. Subvenciones para la rehabilitación energética o la mejora de edificios han incentivado a comunidades de vecinos y particulares a dar el paso, reduciendo la barrera económica inicial.
Con todo, el resultado es un cambio de paradigma. Frente a la construcción de obra nueva, más expuesta a ciclos económicos y a la disponibilidad de suelo, la rehabilitación ofrece una actividad más estable y ligada a necesidades reales y permanentes de las personas que viven en estos espacios residenciales. Aquí, arquitectos, aparejadores, constructoras y empresas especializadas encuentran un terreno fértil para crecer en un negocio, el de la rehabilitación de viviendas, que ya no es considerado como el plan B del sector de la construcción.