Ormaetxea, empresario excepcional

09.02.2020 | 09:56

ayer falleció a los 92 años de edad José María Ormaetxea, sin duda uno de los empresarios vascos más importantes del siglo XX.

Ormaetxea fue, junto con Arizmendiarrieta y Gorroñogoitia, el líder indiscutible de la Experiencia Cooperativa de Mondragón desde sus inicios a mediados de los años 50 hasta, prácticamente, su jubilación en el año 1987.

Fue uno de los jóvenes de Acción Católica que quisieron hacer empresas más humanas en el valle del Deba y terminaron construyendo el mayor grupo empresarial del País Vasco, con más de 250 empresas repartidas hoy por todo el mundo, dando empleo a más de 80.000 personas.

Algunos más, ciertamente, que los que pensaban en sus sueños iniciales: "Quizás algún día lleguemos a dar empleo a 100 personas" decían cuando fantaseaban sobre el futuro.

Aquellos jóvenes, estimulados permanentemente por Arizmendiarrieta, que se ocupó no solo de sus conocimientos técnicos sino también de su formación humana, moral y espiritual, se apoyaron, sobre todo, en unas convicciones firmes de servicio a la Comunidad, misión que les movió en toda su vida.

Entre ellos, Ormaetxea fue el ejecutor brillante de las intuiciones de Arizmendiarrieta, el que hacía que los proyectos se convirtieran en realidad, el que ponía en práctica aquello de que "el ideal es hacer el bien posible, no el que se sueña".

Con un nivel de autoexigencia, rigor y tenacidad extraordinarios se esforzaba en aplicar la máxima arizmendiana: "Siempre hay un paso más que dar" para abordar continuamente nuevos proyectos empresariales para crear riqueza y empleo. De forma que en los primeros 20 años de la Experiencia Cooperativa contaban ya con 82 empresas que ocupaban a 25.000 personas, habiendo participado Ormaetxea, en mayor o menor medida, en la promoción de la práctica totalidad de todas ellas.

Pionero en la visión empresarial en muchos aspectos, las prácticas y modelos de gestión que impulsó desde la División Empresarial de Caja Laboral para las pequeñas cooperativas que empezaban, se adelantaron muchos años a su aplicación habitual en las empresas vascas.

Se adelantó, asimismo, en ver la necesidad de una investigación propia, que evitara la dependencia de las patentes extranjeras, sobre todo ante la expectativa de la desaparición de las barreras aduaneras de aquel entonces. Dando lugar a la creación de Ikerlan, centro de investigación que ha sido, fuente de inspiración de la colaboración público-privada en el ámbito de la investigación en el País Vasco.

Todo ello contribuyó a crear una auténtica escuela para jóvenes universitarios que se incorporaban al mundo de la empresa, muchos de los cuales, bastantes años después, todavía recuerdan a José Mari Ormaetxea como una persona clave en su formación empresarial.

Llegado a los 65 años Ormaetxea se jubiló de sus obligaciones profesionales, pero nunca de sus convicciones personales. Además de dedicar más tiempo a su familia, se empeñó con la misma eficacia en promover el nombre de D. José María Arizmendiarrieta, al que admiraba profundamente.

Así, montó la habitación-museo Arizmendiarrieta en la Casa Torre de Otalora y gestionó con notable éxito las primeras fases del proceso de canonización. Junto con Javier Retegui e Ildefonso Moriones (postulador de la Causa) se encargó de preparar la exigente documentación exigida por el procedimiento vaticano.

De forma que, coincidiendo con el centenario del nacimiento de D. José María, celebró que el Papa Francisco le declarara Venerable en el 2015.

Nos animó también a la creación de la Asociación de Amigos de Arizmendiarrieta y se implicó especialmente en la constitución de la Fundación Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa, institución de la que aceptó ser Presidente honorario para expresar su apoyo, con el que contamos hasta su fallecimiento.

José Mari, goian bego.

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