Era el partido que el Surne Bilbao tenía que ganar para seguir dependiendo de sí mismo en la carrera por disputar el play-off. Y los hombres de negro, muchos de ellos acostumbrados a pelear por títulos en sus equipos anteriores, lo hicieron. No fue fácil. El calendario quiso que dos de los partidos más ganables en casa coincidieran con el periodo en que el conjunto bilbaino estaba con la cabeza en la final de la FIBA Europe Cup.

El Manresa llegó a Miribilla antes y se llevó en la última jugada un partido muy trabado que duró más de dos horas. El Granada, colista casi condenado al descenso, compareció ayer, cuando los bilbainos aún no habían sacado de su cabeza los festejos por el segundo título europeo. Y el partido fue parecido, aún más largo, hasta las dos horas y cuarto que rompieron el ritmo que querían imponer los dos equipos. Los árbitros, dos hombres y una mujer, decidieron que había que pitar cualquier contacto y, al margen de que ese criterio fuera acertado o no, volvieron a perder mucho tiempo para revisar obviedades que antes se arbitraban sin necesidad del vídeo y que ahora ocultan muchas veces tiempos muertos que ya se han consumido. Habrá que cobrar horas extras después de estos partidos interminables, pesados como una bola de hormigón, que como el de ayer apagan el ánimo de un público saciado después de tanta celebración.

Al Surne Bilbao no le quedó más remedio que, en medio de acelerones y frenazos continuos, mantenerse concentrado en el trabajo defensivo y no dejar de intentarlo en ataque hasta que llegara la inspiración. No era el día para descifrar complicados jeroglíficos, para explorar caminos distintos a los habituales, como pretendía el Granada, que se mantuvo siempre al acecho gracias a su cosecha de tiros libres, aunque los locales dominaron durante más minutos el marcador. Las piernas pesaban, las cabezas querían y en muchas acciones no podían, pero los jugadores de Jaume Ponsarnau demostraron que quieren el play-off, al menos pelearlo en un último mes de competición que en temporadas anteriores fue una larga y anodina obligación reglamentaria porque los deberes estaban hechos.

Registro para creer

No es fácil encontrar motivación, argumentos para mantener la tensión de cualquier plantilla tras abandonar la competición europea, más aún con un título, que ya son dos, en el bolsillo, pero el Surne Bilbao la alimentó ayer al sumar su decimosexta victoria e empatar, exceptuando la temporada de la pandemia, el mejor registro desde el ascenso que logró con Álex Mumbrú en el banquillo en la campaña 2021-22. Entonces, no sirvió para llegar a la octava plaza y ahora también hará falta algún triunfo más.

De todas formas, los hombres de negro igualaron ayer al Unicaja, pero están por delante de forma virtual ya que parece complicado que los malagueños remonten los veinte puntos de desventaja que tenían en el descanso cuando su partido ante el Joventut en Badalona se suspendió por problemas con los aparatos electrónicos.

Esa derrota, si se produce, será la decimocuarta del Unicaja con solo cuatro partidos por jugar para ellos. Y esa es otra, porque ese choque interrumpido, directo entre los implicados, afecta directamente a la lucha por las ocho primeras plazas ya que puede provocar empates múltiples y no tiene fácil ubicación en el calendario. Ya pasó al final de la primera vuelta con los puestos de Copa, pero ahora las fechas pasan y la temporada se agota, De nuevo, los clubes mirarán a la ACB para ver qué solución encuentra.