Lo que por el dinero nació, por el dinero puede morir cuatro años después. El golf mundial se ha visto de nuevo agitado por la incertidumbre sobre el futuro del LIV Golf, al que muchos expertos ven condenado a desaparecer, con fecha de caducidad en agosto que es cuando concluirá su quinta edición. Coincidiendo con el arranque este jueves de la cita de México DF en Chapultepec, la sexta del año en el circuito saudí, se dispararon los comentarios, los análisis, las informaciones más o menos fundamentadas después de que Scott O’Neill, máximo responsable del LIV, quisiera tranquilizar a los jugadores, asegurándoles que “nuestra temporada sigue adelante exactamente como estaba previsto, sin interrupciones y a toda máquina”.

Sin embargo, todo parece una manera de aplazar el problema y muchos medios especializados, no solo en golf, sino también en cuestiones financieras, aseguran que el Fondo Público Saudí (PIF), que ha invertido cinco billones de dólares en estos cinco años de actividad del LIV y ha firmado contratos estratosféricos con varios jugadores, entre ellos Jon Rahm, va a retirar toda su financiación al circuito ya que quieren reorganizar sus inversiones y, de hecho, ya han retirado su apoyo también a proyectos de otros deportes.

De esta forma, si se confirma esta retirada de fondos, el LIV Golf se encamina a la desaparición en su formato actual y los más optimistas señalaban que sus responsables buscan acuerdos con otros circuitos, sobre todo el DP World Tour, para ofrecer una salida a sus jugadores. También se habla de convertirse en una suerte de campeonato internacional asumiendo a los distintos abiertos nacionales para crear otro circuito distinto.

“Hemos hecho frente a vientos en contra desde el principio, y cada vez hemos respondido con resiliencia y elegancia. Ahora lo hacemos de la mejor manera que sabemos: ofreciendo el espectáculo más emocionante del deporte”, rezaba también el comunicado del CEO del LIV a sus jugadores, que este jueves jugaron con aparente normalidad en Chapultepec, aunque todos ellos son conscientes de que pueden acabar en un limbo competitivo.

Te puede interesar:

Algunos han encontrado acomodo en otros circuitos como el DP World Tour o el Asian Tour, pero en el caso de Rahm su fidelidad al LIV, del que es la figura más representativa junto a Bryson DeChambeau y le ha hecho ganar más de 87 millones de dólares en poco más de dos años, le puede dejar con los majors como única alternativa. El barrikoztarra sigue sin ponerse de acuerdo con el circuito europeo, por lo que puede perder su membresía, tampoco se acogió al camino de retorno que le ofreció el PGA Tour y que sí aceptó Brooks Koepka, por lo que su futuro quedaría muy comprometido, pese a que tenga asegurada su presencia en las grandes citas al menos los próximos años.

Ocurre, además, que algunos jugadores son capitanes y propietarios de los equipos que compiten en el LIV Golf. El Legión XIII se creó con la llegada de Jon Rahm, que reclutó a Tyrrell Hatton, uno de sus mejores compañeros en la Ryder Cup, a Caleb Surratt, que había destacado como aficionado, y a Tom McKibbin, una de las grandes promesas del golf europeo y paisano de Rory McIlroy. Ahora queda por ver también como quedan los compromisos contractuales de esos equipos con sus jugadores y sus patrocinadores.