El 24 de diciembre de 2009 todo cambió. Día de Nochebuena, víspera de Navidad, en el enclave de Galarreta. Garikoitz Altuna, Altuna II, formaba junto a Urko Etxeberria. Enfrente, Patxi Zeberio y Xanti Aizpurua. Media tarde en la cancha hernaniarra. Pelota escapada. Un golpe. Altuna cae sin remisión al suelo. Sangre a raudales. Pese al casco, el delantero de Amezketa sufre un golpe en el lado izquierdo de su cabeza -el casco le protegió ligeramente del golpe, que pudo ser fatal-. Hernani en silencio. "No recuerdo nada bueno". Posteriormente, la camilla, la ambulancia y un viaje contrarreloj al Hospital Donostia. "Quitando el dolor que tenía, no sabía lo que me venía". Seis días pasó ingresado entre médicos, que sellaron su cráneo al tener diagnosticada una fisura. Dos placas fijaron el hueso. Sin embargo, la visión del ojo izquierdo quedó claramente dañada. Un año después se ha reducido su capacidad casi al completo con operaciones de microcirugía que le han tenido a caballo entre Bilbao y Barcelona. "Pasaron tres semanas hasta el diagnóstico. Fue un momento muy duro cuando me dijeron que no volvería a jugar a remonte". Y es que, tal y como afirma el pelotari, "es una especialidad que necesita que estés centrado al cien por cien, por la velocidad que coge la pelota".

"Tengo que agradecer mucho el apoyo a mi familia, a mis amigos y a todos los pelotaris. Por todo eso estoy bien. También estoy muy agradecido a Oriamendi", sostiene Altuna II, quien apostilla que "la pelota es una familia, pero la del remonte es aún más pequeña".

"Cuando lees en el periódico las crónicas de los compañeros da envidia". Le pica el gusanillo a Garikoitz. "Pero hay que seguir hacia adelante y coger lo positivo de todo lo que me ha pasado hasta ahora. De todo se aprende y a mí todo esto me ha enseñado mucho. Cuando te pasa..., la vida es así. En la vida no son todo rosas y cuando viene algo así tienes que pelear", manifiesta el remontista de Amezketa. Ve la botella medio llena el guipuzcoano. "Lo malo fue dejar de jugar, pero puedo hacer una vida normal. Ese es el lado positivo". Mientras tanto, para no perder el estado de forma, Altuna complementa el footing con pequeñas escapadas al frontón, "para jugar a frontenis, con la raqueta y eso". "Lo hago para mantener el físico y quitar el gusanillo. Quizá no sea apto para jugar a remonte, pero me veo bastante bien con la raqueta", declara.

"quizá se me escape una lágrima" "Será la primera vez que voy a estar en una tesitura como esta", declara el amezketarra. El guipuzcoano analiza el partido que el sábado le homenajeará en Galarreta. Un duelo que unirá a Koteto Ezkurra, Julen San Miguel, Patxi Zeberio y Miguel Mari Urrutia en una contienda dedicada a Altuna II. "Ahora lo vivo todo con incertidumbre. Pero sé que será un día muy emotivo. Vendrán los recuerdos de los años que he jugado. No sé cómo voy a reaccionar", manifiesta Garikoitz, que añade que "además será en Galarreta, el frontón de mi vida. Se me removerá el estómago al compartir ese día con toda la gente que ha estado a mi lado, con toda la gente que me quiere y con el público de Galarreta".

El vaivén de sentimientos, de ideas, de sueños, de recuerdos inundan el cerebro de Altuna, quien evoca su primera txapela, la del Parejas de 1997. "Fue mi primera final, mi primer campeonato. Fue una final especial. Mi hermano Altuna I llegó a jugar cuatro finales del Parejas y nunca ganó ninguna. Entonces, con aquella victoria, que parecía que no podíamos ganar, quitamos el gafe". Se ríe. Muestra su lado más divertido. "Pero de aquella Nochebuena no tengo ningún recuerdo bueno". Resuenan sus palabras. Sin embargo, su optimismo lo cubre todo. "No todo son rosas". "Esto te hace más fuerte".