La performer serbia Marina Abramović observa a Darío de Regoyos. Ambos dialogan sobre la naturaleza, pero desde lenguajes radicalmente distintos. Él la representa como una escena bucólica e idealizada del paisaje; ella se aproxima a ese mismo universo desde una mirada inquietante, casi telúrica. A esta conversación se suman artistas de la talla de Andy Warhol, Antonio López, Tracey Emin o Anselm Kiefer en una exposición con la que Iberdrola celebra su 125 aniversario.

Con motivo de la efeméride, la entidad exhibe en el Museo de Bellas Artes de Bilbao una selección de 138 obras de su colección privada en la muestra Paralelos y Meridianos. Se trata de un elaborado y complejo recorrido expositivo que trasciende los límites físicos de la pinacoteca para extenderse a la Plaza Euskadi y culminar en el atrio de la Torre Iberdrola. Comisariado por Guillermo Zuaznabar, podrá visitarse desde este mismo miércoles hasta el próximo 30 de agosto.

Pero en la mañana de este martes, antes de su inauguración oficial, ha tenido lugar una puesta de largo con la participación de la vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística, Ibone Bengoetxea; el asesor de Presidencia de Iberdrola y responsable de su colección de arte, Rafael Orbegozo; el director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Miguel Zugaza; y el conservador jefe y comisario de la muestra, Guillermo Zuaznabar.

Cartografía de un mapa artístico

En ese marco, Orbegozo ha explicado que el título de la muestra hace referencia al propio diseño del mapa artístico de la empresa. Esos paralelos y meridianos funcionan como coordenadas cartográficas que sitúan las temáticas constantes que atraviesan la actividad de Iberdrola y de las que la exposición propone una lectura, a la vez, lineal y circular. Así, Paralelos constituye un recorrido cronológico que abarca desde los orígenes de la modernidad en el arte vasco a finales del siglo XIX y el arte español a partir de una fecha “clave”, 1957, hasta una visión global de las tendencias que marcan el pulso del siglo XXI.

Por su parte, Meridianos se divide en ocho bloques temáticos que dialogan con los intereses de Iberdrola y su voluntad de conectar con los grandes temas que atraviesan la conversación pública actual: Inicios; Naturaleza, aguas y tramas; Cuerpo y huellas; El artista y sus espacios; Arquitectura y construcción; Ciudad y puerto; y, por último, Luz. Este último apartado adquiere un sentido irónico, ya que este martes se cumple un año del gran apagón que sumió en la oscuridad a la península y por el que la CNMC ha incoado un expediente sancionador “muy grave” a la compañía, a la que se acusa de “reducción de producción o suministro sin autorización o incumplimiento reiterado de obligaciones de disponibilidad”.

Geometría radical y naturaleza

Al margen de la actualidad, cabe destacar que este apartado se completa con dos vistas inéditas de Bilbao firmadas por Antonio López, dos obras expuestas en la planta baja del museo y que aún permanecen inacabadas. En el primer nivel, el recorrido continúa con Inicios. Según han detallado fuentes de la pinacoteca, el visitante se adentra aquí en un arte reducido a su mínima expresión, con obras del “grado cero” de la energía creadora, compuestas por formas geométricas.

Entre las piezas exhibidas, el Bellas Artes destaca el ejemplo de Oteiza, “quien plantea que todo proceso creativo retorna a sus orígenes”. En ese sentido, se señala también que las obras enmarcadas en esta categoría expresan, “al mismo tiempo y de manera radical”, la idea de inicio y final.

Tras estas formas rotundas, la muestra continúa con un diálogo en torno a la naturaleza como gran tema de la historia del arte. Artistas vinculados al impresionismo y al realismo, como Darío de Regoyos, contraponen su visión bucólica e idealizada del medio natural a miradas alternativas, incluso críticas o directamente inquietantes. Destaca, en este punto, el contrapunto de Marina Abramović. Se trata de una fotografía de grandes dimensiones que capta un instante de una performance de la artista conceptual serbia: muestra a Abramović tendida sobre un lecho de tierra frente a una hoguera ya extinguida y cubierta por una espesa capa de ceniza, con un fondo de arboleda oscura.

Un quiebre: el cuerpo

Del espacio abierto de la naturaleza, la muestra avanza hacia otro más íntimo: el cuerpo. Aquí la exposición aborda cómo las vanguardias artísticas rompieron con el canon idealizado de tradición clásica para explorar el cuerpo como un territorio en disputa, donde se cruzan discursos críticos sobre los roles sociales, sexuales y de género.

En Cuerpos y huellas se exhiben obras como Roadworks (1995), de Mona Hatoum. La fotografía capta un instante de una acción artística y muestra cómo dos pies descalzos arrastran un par de botas tipo Dr. Martens, anudadas a los tobillos de la artista. La imagen funciona como una representación alegórica de la fragilidad frente a la violencia, ya sea la asociada a grupos skinheads de extrema derecha —de ahí el guiño estético al calzado— o la que se ejerce contra las mujeres. Estas últimas, por cierto, adquieren una presencia destacada en la muestra, abriendo muchos de sus paneles como gesto de reivindicación de su papel en el arte.

El trabajo en el arte contemporáneo

El cuerpo ha sido históricamente una herramienta de trabajo, especialmente para las clases obreras; también para las mujeres, relegadas a labores invisibilizadas y no siempre reconocidas. Meridianos continúa con una mirada al trabajo en el arte contemporáneo. Al igual que en otros puntos del recorrido, vuelven a contraponerse miradas cercanas a la arcadia clásica, representada en pinturas como Salida de la fábrica (1902), de Darío de Regoyos, con imágenes que subrayan el conflicto. Destaca, en ese punto, Asamblea de obreros en el astillero (Euskalduna) (1930), de Agustín Ibarrola.

De esta manera, la selección de obras de la colección Iberdrola dan testimonio del contexto histórico en el que nace la compañía. En 1091, el cambio de siglo muestra en ciudades como Bilbao el ocaso del mundo rural y el amanecer de un nuevo tiempo de fábricas y astilleros que revolucionan la concepción del trabajo.

Otra de las obras destacadas por el Bellas Artes es Shoreditch (2011), de Joana Vasconcelos. Se trata de una estructura de grandes dimensiones, confeccionada con cristal de Murano, poliéster, madera y lana, que recrea un tejido de punto a escala monumental. Una de las lecturas que propone la pieza es la reivindicación del trabajo femenino, en diálogo además con la identidad nacional portuguesa de su autora.

La ciudad... y su puerto

Al tiempo que cambia el trabajo, se transforma también la ciudad. En Bilbao, se derriban las murallas y se abren avenidas trazadas con escuadra y cartabón —los ensanches—; las fábricas pasan a dominar el paisaje urbano y se alzan los primeros rascacielos. La muestra documenta ese proceso con obras como Bilbaínas en el Arenal (1910-1915) o Marinero con acordeón (1895), de Manuel Losada, que conversan con imágenes más recientes de una ciudad que ya ha culminado esa transformación, como Nocturno Bilbao I y Nocturno Bilbao II, de José Manuel Ballester.

En el apartado Arquitectura y construcción, destacan asimismo las vistas del puente de Brooklyn de un Andy Warhol que se ciñe a la literalidad, en contraposición con miradas más abstractas, como la que propone Pello Irazu en Paisaje (2025).

La intimidad del artista

Partiendo del trabajo y la urbe, la exposición se adentra ahora en la intimidad del artista, explorando cómo interacciona con su espacio de trabajo. En este punto destaca la serie de fotografías de Gerard Richter. Realizadas en 1991, ofrecen una mirada íntima, casi fantasmal y absolutamente desromantizada del trabajo artístico y el espacio físico donde se realiza.

Son imágenes oscuras, difusas. Pero en esta muestra no podía faltar un espacio para la materia prima de Iberdrola: la luz. Abre esta sección The Last Great Adventure Is You (2014), de Tracey Emin. La frase, encapsulada en un letrero de neón amarillo, interpela al espectador a vivir sin concesiones, a lanzarse a la aventura. Y esta —la que propone el Bellas Artes— es, desde luego, de gran escala.

Arte en la torre

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La exposición trasciende los límites del Museo. Avanza hasta la plaza Euskadi con unos paneles que ofrecen un breve esbozo de la historia de la compañía con reproducciones de obras artísticas que captan un momento concreto de su recorrido para, a continuación, adentrarse en el l atrio de la Torre Iberdrola, donde se exhiben nueve obras.

Menos una de Kenneth Noland, están instaladas allí de manera permanente y fueron creadas para ese lugar. Visitables solo los sábados para no interceder con la actividad del centro, están firmadas por Darío Urzay, Cristina Iglesias, Txomin Badiola, Jesus Mari Lazkano, Juan de Sande, Javier Pérez y Asier Mendizabal.