Tras su concierto a finales de 2025 en el Kafe Antzokia, en el que volvió a agotar entradas, Ruper Ordorika y Mugalariak regresan a Bilbao, esta vez al solemne Teatro Arriaga para presentar su último disco, Lurra ikutu barik (Elkar), en el marco de la programación de Loraldia Festibala. “Estamos haciendo buenos conciertos y pasándolo bien”, explica el músico euskaldun a DEIA. El recital se iniciará a las 19.00 horas y las entradas están a la venta al precio de 20 euros.

Tótem del rock euskaldun de autor, Ordorika entregó a finales del año pasado nuevas canciones cuatro años después de su disco cubano y de su segunda aventura en solitario. Su nuevo trabajo se titula Lurra ikutu barik, y culmina, por ahora, una trayectoria artística impoluta que supera la veintena de discos y se expresa marcada por la mezcla de canción de autor, pasajes rock y un gusto por la improvisación ligado al jazz.

La actual gira de Ordorika se centra en los once temas bellos y evocadores –entre los que destacan Garai batean, Bada lekut bat o Gauzak noiz hobetuko zain– de su último disco. Y lo hace nuevamente acompañado por su fiel grupo, Mugalariak, “un formato de quinteto” que completan Arkaitz Miner (guitarra, violín y mandolina), Lutxo Neira (bajo), Hasier Oleaga (batería) y Nando de La Casa (percusión y teclados).

“La del Arriaga es siempre una fecha señalada para nosotros”, explica a este diario Ordorika, que recuerda que la del domingo será la segunda vez que participará en una de las actividades de Loraldia Festibala. “La primera fue con motivo del cuadragésimo aniversario de Hautsi da Anphora”, su disco de debut, editado en 1980. Aquellas canciones, que se edificaron sobre los versos de un joven Bernardo Atxaga, se entendieron como una carta de amor del oñatiarra a aquel viejo Bilbao industrial y posfranquista que se abría al euskera, a la vanguardia y a la poesía.

“Aquel concierto de Loraldia acabó en una gira de seis ciudades en todo el país, organizada por ellos. Es la segunda vez que me invitan, en este caso debido a mi último disco, Lurra ikutu barik”, explica el autor de Martin Larralde y Ene herrian.

Un máquina

“El disco ha salido muy bien, al igual que los primeros conciertos aunque son como una máquina que se engrasa cada vez más. Estamos haciendo buenos conciertos y pasándolo bien”, indica. “El disco está haciendo su camino y en los recitales seguimos muy centrados en él con el repertorio, que se sigue abriendo a más canciones, claro. Creo que para el verano empezaremos a cambiar el repertorio”, adelanta Ordorika.

Respecto a su último disco, el músico asegura que “he tratado de dejarme llevar todo lo posible aunque siempre tenemos ideas preconcebidas. Es lo que trato siempre, ir un poco más allá”, responde aunque, al mismo tiempo, asegura que tras más de cuatro décadas de composición sigue sin saber de dónde vienen las canciones.

“A veces, tienes la sensación de que tú las generas y en otras, que eres un intermediario, que vienen de algún lado y las recoges. Este disco tiene que ver con esta impresión, la de estar siempre atento pero no controlarlo todo. Leonard Cohen decía que de saber el origen de las canciones lo visitaría más a menudo (risas). Es algo tan primitivo crear y cantar que es difícil de explicar. Tiene que ver con la intuición y con cierta necesidad”, indica a este diario.

Sonoridades diferentes

Su último repertorio sigue indagando en ese eclecticismo estilístico tan característico del oñatiarra. “Es así desde el principio, me etiquetan como jazz, folk, rock… de todo. No sé si esa catalogación tiene sentido hoy en día. Lo del songwriter lo de cantautor, suena antipático y tiene muy mala prensa, pero lo define bien”, responde entre risas un músico que se define como “despistado” ante una época de cambios como la actual, tan dependiente de la tecnología y que “cambia a una velocidad tal que crea inseguridad”.

A pesar de ello, Lurra ikutu barik también ofrece luz, refugio, belleza y necesidad de compartir. “Estoy muy de acuerdo. Hay un equilibrio, sí, aunque tenía la idea de que estaba haciendo algo demasiado oscuro. Incluye cierto atrevimiento también al meterme en pasajes del Antiguo Testamento, y letras de otro signo, como en Okina, con versos de Javier Aguirre Gandarias, gran poeta bilbaino que escribía en castellano, o el muy potente Tonino Guerra. Aguirre escribía sobre cosas aparentemente triviales para acercarse a lo profundo”, concluye el músico.