La soprano canaria debuta en Bilbao encarnando a la compleja y sufrida reina escocesa, uno de los papeles más exigentes del repertorio belcantista. Frente a ella, la mezzosoprano Maria Barakova da vida a una implacable Isabel I, mientras que el tenor Filip Filipović interpreta al apasionado Leicester.

El montaje, coproducido por ABAO Bilbao Opera y la Ópera de Oviedo, se estrenó el sábado 14 de febrero en el Palacio Euskalduna con la firma de Emilio López, y se desarrolla en un periodo tumultuoso de la historia de Inglaterra y Escocia. María, que fue reina de Escocia desde 1542 hasta 1567, se vio atrapada en una serie de conflictos políticos y religiosos que culminaron en su encarcelamiento y ejecución por parte de su prima, Isabel I de Inglaterra.

¿Qué tiene de especial la producción de ‘María Estuardo’ que se representa estos días en Euskalduna?

Cada producción es diferente, dependen de la concepción del director de escena, de lo que quiere hacer llegar al público. En esta coproducción entre ABAO y la Ópera de Oviedo se vuelve a situar la escena en el momento histórico en el que pasó, al contrario de la de otros directores de escena actuales que casi siempre cambian la acción, el período histórico... Aquí se ubica en el momento en el que sucedió todo, en el que vivieron María Estuardo e Isabel de Inglaterra. En cuanto al vestuario, tiene fantasía, pero respeta el de la época. Y luego la escenografía es más conceptual, más minimalista, pero lleva al espectador a la época en la que sucedieron los hechos.

Siempre ha interpretado a mujeres poderosas, Norma, Violetta en La Traviata, Lucia di Lammermoor... Y ahora María Estuardo.

Es un personaje muy fuerte tanto vocalmente como dramáticamente, muy lleno de emociones, muy difícil de cantar y muy difícil de interpretar. Son dos mujeres enfrentadas, las dos reinas, las dos con poder, las dos muy fuertes. En el caso de María hay que darle también esa parte de vulnerabilidad que en realidad sí tenía.

Una mujer empoderada del siglo XVI...

Tanto ella como Isabel I eran en realidad unas mujeres empoderadas, pero, al final, pobrecillas, fueron víctimas de una sociedad básicamente de hombres, porque al final las dos sucumbieron de alguna manera y tuvieron una vida, que a pesar de ser reinas y de mandar, acabaron esclavas de las circunstancias. Una historia de la que nos separan 400 años, pero que aparte de la decapitación podría perfectamente pasar hoy en día.

La obra es un duelo entre dos reinas. En su estreno en 1835, lo fue en el escenario y en la vida real. Las dos divas acabaron a puñetazos y en el hospital. ¿Cómo son sus relaciones con Maria Barakova, que encarna a Isabel I en Bilbao?

Ja, ja, ja... Nuestra relación es estupenda. María es una persona maravillosa, que además canta como los ángeles. Tenemos muy buena relación y nos divertimos mucho. En el escenario es como si te convirtieras en otra persona y cuando salimos del escenario nos morimos de risa. Cuando se estrenó la obra en 1835 las dos sopranos acabaron fatal, enfermas, como la ópera se llama con el nombre solo de una, la otra quería cantar más... Me imagino que de ahí surgieron los problemas. En fin, terminaron fatal.

También la ópera se estrenó con muchísimos problemas con la censura.

Sí, Donizetti tuvo que cambiarla muchas veces de nombre porque en la corte en Nápoles reinaban los Borbones y no era una época en la que se podía hablar de ciertos temas y la lucha entre dos reinas podía incluso despertar una sublevación. Fue una obra desgraciada en su origen, Donizetti fue forzado a cambiar el libreto y el título a Buondelmonte, cambiando la trama histórica por un conflicto de familias nobles para eliminar el contexto político. El compositor italiano murió antes de que la volvieran a estrenar como era originalmente.

¿Por qué es uno de los papeles más exigentes del repertorio operístico?

Da la sensación que este tipo de música es fácil y de que la orquestación no es tan densa como en otros repertorios, como puede ser un Puccini o un Wagner. La pureza del canto es la gran dificultad, tienes que llevar tú la voz cantante, nunca mejor dicho. No te puedes esconder en ningún sitio. Además, las frases son larguísimas con todos los adornos y la coloratura que se usaba en la época. A todo, eso hay que añadir que es un personaje con una parte actoral muy importante, combinar eso con esa pureza de sonido, de voz y de canto resulta complicado. No te puedes dejar llevar por el impulso, por la emoción porque va en detrimento de esa belleza vocal. Hay que tener un control bastante grande de lo que uno está haciendo. 

Y precisamente con este papel tan difícil debuta en Bilbao.

Para mí es también una emoción muy grande estar aquí y al mismo tiempo una gran responsabilidad porque Bilbao es una de las plazas más importantes y, claro, es una etapa importante en mi carrera..

En 2024 ganó el Premio Nacional de Música y lleva 33 años subiéndose a los escenarios más importantes del mundo. ¿Ha cambiado mucho el panorama lírico en este tiempo? ¿La ópera ha dejado de considerarse elitista?

El mundo lírico ha cambiado en muchos sentidos, aunque creo que la ópera nunca ha sido elitista. Vamos a hablar de precios, que es lo que resulta cercano. Siempre ha habido precios para todos los públicos, altos y menos altos. Quién ha querido ir a la ópera ha podido hacerlo, aunque todavía hay quien piensa que es una cosa sólo para ricos. Y no lo es, en absoluto, es solamente cuestión de conocerla. Cuando lo haces, es difícil no aficionarse. Ha cambiado mucho también el panorama, el ambiente. Cada vez hay menos superdivos, hay algunas superestrellas pero cada vez hay menos divismo. Luego, obviamente, con las redes sociales todo ha cambiado muchísimo. Digamos que la cuestión estética, la cuestión visual es quizás más importante que antes. Son cosas que van al paso con la sociedad.

¿Qué proyectos tiene para después de ‘María Estuardo’? 

Voy a volver a hacer una Norma, en el Palacio de Festivales de Santander, uno de mis personajes favoritos. Este año tengo muchas novedades, voy a preparar Aida porque me voy a Lima a debutar este papel. Y luego me iré a Toulouse con Peter Grimes, de Britten, un repertorio nuevo para mí. Me encantan los retos.