En el Colegio Antonio Trueba de Portugalete, la diversidad y la inclusividad no son una parte más de su día a día, sino que son, con mucho orgullo, dos aspectos característicos de este centro educativo que es un activo muy importante del barrio de Repelega. Hace un lustro fueron pioneros en la realización de sesiones terapéuticas con perros, sesiones dirigidas a niños y niñas con necesidades especiales. Ahora, han dado una vuelta de tuerca más a su proyecto y han creado la primera sala snoezelen pública de Bizkaia. Este equipamiento, que es mucho más sofisticado que un espacio sensorial, ocupa un espacio de 35 metros cuadrados en el edificio de Educación Infantil de este centro educativo.
“El proyecto de creación de esta sala snoezelen en nuestro centro nace desde la necesidad de cubrir el bienestar emocional del alumnado. Hemos visto que cada vez hay más niños y niñas con necesidades especiales tanto emocionales como educativas. Hemos visto que con este proyecto podíamos atender el bienestar emocional del alumnado y el profesorado y, también, dar respuesta a las necesidades específicas de una parte del alumnado”, desarrolló Janire Rementeria, directora del centro.
Sumergirse en la sala snoezelen del colegio público Antonio Trueba puede ser un oasis en mitad de la vorágine caótica del día a día. Es un espacio relajante para algunos gracias a sus paredes blancas y juegos de luces, colores, texturas e, incluso, olores. Eso para un alumno o un profesor sin necesidades especiales, pero para el alumnado que requiere una atención más especializada ya sea desde el punto de vista emocional como educativo, contar con un espacio de este tipo puede ser una herramienta muy importante en su desarrollo. “Esta sala nos permite trabajar en tres vertientes: la libre, la pedagógica y la terapéutica”, indica Alazne Molinuevo, consultora de esta sala.
Una vez la dirección del centro presentó el proyecto a la Asociación de Familias de Alumnos del centro, al Gobierno Vasco y al Ayuntamiento de Portugalete, éste fue tomando vuelo.
De hecho, ha sido la Asociación de Familias de Alumnos quien ha financiado esta sala snoezelen y el Ayuntamiento de Portugalete ha ejecutado todos los trabajos necesarios para adaptar este antiguo aula que estaba en desuso para acabar acogiendo este nuevo espacio. Para hacer realidad el proyecto, además, dos docentes del centro tuvieron que formarse y quienes hicieron dicha formación fueron la jefa de estudios del centro, Zahara Urquiza, y Alazne Molinuevo. “Nos hemos tenido que formar para poder abrir la sala snoezelen porque hay que tener una capacitación. Estuvimos todo el año pasado formándonos y ha sido una experiencia muy enriquecedora. Este espacio debe de ser totalmente blanco, poder regularse y controlarse la luz y cuenta con materiales específicos”, desarrollan Zahara Urquiza y Alazne Molinuevo.
Una vez tanto Zahara como Alazne culminaron su capacitación snoezelen, se comenzó a preparar el nuevo aula, un equipamiento que ya funciona en el día a día del colegio Antonio Trueba. “Ya estamos notando un gran avance en el alumnado que hace uso de esta sala. Los resultados están siendo muy buenos”, precisa la directora del centro. En estos primeros compases del proyecto, a modo de presentación, se hizo una sesión con el profesorado para que conozcan con precisión lo que es la nueva instalación. En este espacio que da paz y calma se trabaja a través de la relajación. Esa relajación es la base para aprender y progresar, cada persona en aquella faceta que más lo necesite.
ABIERTA AL PUEBLO
Lo público es una joya que hay que cuidar y, como ocurre muchas veces con lo público, esta sala snoezelen estará abierta al pueblo. Así, en primera instancia desde el colegio Antonio Trueba ya se están poniendo en contacto con los centros educativos de Portugalete para presentarles el proyecto. “Todos los colegios de Portugalete cuentan con aula estable y están invitados a hacer uso de este aula. Vendrán a ver el espacio y luego ellos valorarán si hacen uso de esta sala”, desarrolla Janire Rementeria. En el Colegio Público Trueba son los pioneros en ofrecer este tipo de sesiones y terapias, pero desean no ser los únicos. “Ojalá en muy poco tiempo haya más centros que cuenten con una sala snoezelen. Estaría muy bien porque es algo que funciona”, apunta Alazne Molinuevo, una de las dos docentes que ya educan e imparten terapias en el centro y, todo ello, con la calma como base.