Violonchelista

Asier Polo: “Me gusta que el chelo cante, y en ‘La caída de Bilbao’ lo hace”

El prestigioso chelista bilbaino Asier Polo interpreta hoy a las 19.30 horas ‘La caída de Bilbao’, del compositor Luis de Pablo, en el Teatro Arriaga

09.02.2020 | 07:15
Asier Polo. Fotografía de Haizea Berrocal

El prestigioso chelista bilbaino Asier Polo interpreta hoy a las 19.30 horas ‘La caída de Bilbao’

Bilbao - En 1937, durante la Guerra Civil española, las tropas franquistas tomaron Bilbao. Con motivo de ese aniversario, en 2017, el Ayuntamiento de Bilbao encargó al veterano compositor bilbaino Luis de Pablo la creación de una cantata "en contra de los horrores de la guerra". La obra se estrena hoy, a las 19.30 horas, en el Teatro Arriaga. Una oda a la esperanza y un enérgico "no" a la guerra, en la que el prestigioso músico Asier Polo, considerado el chelista más destacado de su generación, estará acompañado por la Bilbao Orquesta Sinfónica (BOS), la coral de Bilbao y por los cantantes Miren Urbieta, Marifé Nogales, Mikeldi Atxalandabaso y Fernando Latorre, bajo la batuta de José Rafael Pascual-Vilaplana, director de la Banda Municipal de Música. Polo admite que interpretar La caída de Bilbao "le hace especial ilusión".

¿Qué supone para usted interpretar 'La caída de Bilbao'?

-Es muy especial, ya que aunque es una cantata, Luis de Pablo ha querido poner un violonchelo solo con una parte muy relevante, porque el instrumento se parece mucho a la voz humana. Por eso, le ha querido dar el papel del hombre dentro de la cantata, explicando miedos, anhelos... ante la incertidumbre y la guerra. De Pablo es un compositor enorme, por eso, en un momento en el que termino temporada, estar en Bilbao con la coral, con la BOS, con toda la gente que conozco... para mí es fantástico. Además, es una obra que aglutina una serie de cosas que me emocionan especialmente. Por otro lado, mi parte, el chelo, hace muchos monólogos, como personaje más poético, más teatral. Eso me ha permitido acercarme a la obra.

¿Qué quiere decir?

-Que aunque tenga una estructura más contemporánea, más abstracta, Luis (de Pablo) se cuida mucho de escribir encima y debajo de las nota lo que quiere, como intencionalidad artística. Tocar libre, con expresión... te ayuda a sentir cómo tiene que ser el discurso, porque si solo tocas las notas, eso no trasciende. Hay algunos compositores con los que te tienes que inventar todo. Luis de Pablo sin embargo, lo detalla todo.

Siendo bilbaino además, será más especial, ¿verdad? Es algo que le toca de cerca...

-Por supuesto. Son cosas que he vivido directamente por mi familia, mis aitas, mis tíos... Por eso estar en Bilbao con todo este montaje, la Coral... todo gente de aquí o vinculada directamente con la ciudad de Bilbao... es un lujo formar parte de ello. De hecho, me llamaron cuando se anunció en rueda de prensa que iba a estar yo en La caída de Bilbao.. A mí nadie me había dicho nada todavía (risas). Es cierto que Luis de Pablo ya me escribió un concierto dedicado al violonchelo en 2003, una obra muy difícil, virtuosa... pero esta vez sin embargo, el chelo tiene una parte más noble, más vocal.

Estará muy bien rodeado, la Coral de Bilbao, la BOS...

-Todo en familia, sí. Antes me ponía más nervioso cuando venía a Bilbao, pero ahora me siento acogido y querido. Me encanta estar haciendo música con amigos, es lo que lo hace especial. No siempre tienes la oportunidad de estar rodeado de gente conocida y amigos para hacer música.

Aunque hay más de 200 personas sobre el escenario... es usted quien abre y cierra el concierto.

-Sí, eso es. Empiezo con un solo, tengo varias intervenciones en medio... y cierro otra vez. Podríamos decir que el chelo es el hilo conductor entre las distintas secciones de la obra. Además, hay que destacar la parte final de La caída de Bilbao, ya que es una melodía que Luis de Pablo ha escrito en la que aborda sus recuerdos de él mismo jugando en la calle con sus chapas... Es un poco el renacer de la esperanza. Es así como acaba, de manera positiva y luminosa. Es un final que me parece muy sorprendente.

¿Cómo explicaría a los espectadores lo que van a ver en el Arriaga?

-Es dificilísimo. Los intérpretes no solemos verbalizar las cosas, se nos queda un sentimiento, pero me cuesta mucho hablar de música, ya que no soy un músico analista, sino intuitivo. O al menos así me gusta definirme así. Lo que sí puedo decir es que es una obra escrita para todos los bilbainos; nos retrata a nosotros y a parte de nuestra historia. Para mí, es un homenaje a Luis de Pablo y a la ciudad de Bilbao. La gente que venga a ver la obra, aunque esté acostumbrada a escuchar música contemporánea tiene que venir muy predispuesta, con los oídos muy abiertos ya que De Pablo tiene su propia estética. Será una vivencia nueva y se llevarán un grata sorpresa, y es que hay mucha emoción dentro de la obra. Al haber un coro, textos en euskera... hay algo que te une con la tradición, un hilo conductor que te lleva a sentirte parte de lo que escuchas. Creo que Luis de Pablo se lo merece y el Arriaga debería estar lleno para homenajearle.

Siempre defiende que el chelo es emoción. En este caso, tratando la temática que trata, ¿ayudará a emocionar al público?

-Yo voy a intentarlo, desde luego. Además, a mí me gusta que el chelo cante, y en esta obra lo hace. Es una obra que está hecha con emoción. Eso sí, no podemos pretender que la emoción sea unidireccional, hay muchas maneras de conectar. Algo terrible tiene emoción, no todo es amor o desamor.

A lo largo de su trayectoria ha destacado por interpretar obras de compositores clásicos, aunque también apuesta por los más contemporáneos, como en este caso, con Luis de Pablo... ¿Qué debe tener una composición para que le atraiga?

-Es cierto que a veces he hecho estrenos a ciegas, porque me fiaba de los compositores. Con Luis de Pablo no he tenido ninguna duda: "Lo que usted quiera, cuando usted quiera y como quiera". Con gente que tiene más recorrido que yo lo único que quiero es aprender de ellos. Con las siguientes generaciones intento hacer sugerencias, porque sé dónde me siento más cómodo. Me gusta el lirismo, que el instrumento sea natural, que vibre natural, a su manera... pero sobre todo, que cante. Lo importante es que no suene como un xilófono o cualquier otro instrumento de percusión, porque entonces estás cambiando la naturaleza del instrumento y me voy a sentir frustrado. Son las únicas premisas que pongo. A partir de ahí, libertad absoluta. A parte de eso, es cierto que hago mucho clásico. Normalmente estas cosas tiene mas repercusión, porque son compositores vivos y tienen más repercusión mediática pero ocupa un 15% de lo que hago. Este año ha sido una locura, he hecho tres estrenos, pero ha sido un reto personal que tenía yo. Me gusta motivar la nueva creación, porque no todas se van a quedar, pero de la cantidad surge la calidad, y eso es lo que quiero incentivar yo.

Entre sus próximos proyectos se encuentra el disco que sacará la próxima semana, el 7 de julio... ¿Qué puede adelantar al respecto?

-Sí, saco Las sonatas de Brahms. A final de año también sale otro disco con la Orquesta Barroca de Sevilla, con música barroca y clásica, con Vivaldi, Haydn... Para el año que viene tengo otros proyectos, pero todavía no puedo adelantar nada... Lo que sí que puedo decir es que haré otro proyecto discográfico de bastante envergadura en septiembre. Es una manera de plasmar lo que hago y dejar constancia de ello. Cuando no se puede escuchar en directo, por lo menos que se mantenga en el tiempo en forma de archivo sonoro.