Así puede afectar el uso excesivo de pantallas a los adultos
El uso temprano y/o excesivo de pantallas tiene un efecto muy negativo en nuestra salud y en nuestro desarrollo
Hay muchos estudios que demuestran que el uso temprano de pantallas tiene graves consecuencias en los niños, por ejemplo en su desarrollo neurológico. Hasta los 3 años la exposición a las pantallas les produce un daño físico, tiene efectos en la anatomía, es decir, una parte de su cerebro se atrofia físicamente y no se desarrolla. La Asociación Española de Pediatría recomienda que hasta los 6 años no se exponga a los niños a pantallas.
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Cuando ponemos a un niño de dos, tres o cinco años delante de un televisor o de un videojuego, estimulamos de forma intensa su atención visual y auditiva. Estamos imprimiendo en su cerebro la distractibilidad, entendida como la habilidad de orientarse con rapidez hacia todo tipo de estímulos externos visuales y auditivos, y lo hacemos en el periodo en el que su cerebro tiene una mayor plasticidad.
El uso temprano de pantallas está relacionado con el retraso en el desarrollo del lenguaje. Quienes utilizan pantallas a estas edades, cuanto más las usan más dificultades encuentran a la hora de desarrollar el lenguaje y tienen más probabilidades de necesitar un logopeda. En el caso de los bebés de 18 meses, cada media hora que pasan delante de pantallas multiplica por 2,5 la probabilidad de retrasos lingüísticos. A partir de los 30 meses el riesgo aumenta proporcionalmente en función del tiempo de exposición a las pantallas, incluida la televisión. Este riesgo se cuadruplica cuando los niños de entre 15 y 48 meses consumen más de dos horas de pantallas al día y se sextuplica, independientemente del tiempo que dediquen a la exposición, cuando los niños entran en contacto con pantallas antes de cumplir los 12 meses.
Pantallas y menores, cuando el problema no es el tiempo sino cómo las usan, y los padres son esenciales
Atención y concentración
Las pantallas también afectan directamente a nuestra capacidad de atención permanente y a nuestra concentración. Entre otras cosas, estar expuestos a fuertes estímulos audiovisuales continuamente, recibir recompensas de forma instantánea o ver constantemente videos cortos disminuye la capacidad de atención permanente y la concentración en acciones no digitales. Esto se traduce en que los niños pasarán rápidamente de un juego físico a otro y dejarán de hacer cosas que les requieran una mayor concentración, como por ejemplo leer o jugar a algunos juegos de mesa.
En niños de cinco años, los que consumen contenidos digitales durante más de dos horas al día tienen un riesgo seis veces mayor de desarrollar trastornos de atención que aquellos que no superan los 30 minutos. Pero estas consecuencias no se limitan solamente a los niños de hasta 6 años. Cada hora que los niños de primaria, de 6 a 12 años, pasan a diario delante de la televisión, aumenta en casi un 50% la probabilidad de que desarrollen trastornos importantes de déficit de atención durante la educación secundaria.
En personas de entre 12 y 20 años, aquellos que disponen de smartphones presentan casi tres veces más riesgo de padecer déficit de atención que los que carecen de ellos. Y los que utilizan el smartphone más de una hora diaria tienen prácticamente el doble de riesgo de tener trastornos de déficit de atención que aquellos que los utilizan menos de 20 minutos.
Cómo afecta a los adultos
Las consecuencias negativas en la capacidad de atención permanente y en la concentración también las sufrimos las personas que tenemos el cerebro completamente desarrollado, los mayores de 25 años. Debido al uso excesivo de redes sociales y pantallas, muchas personas ya no son capaces de ver una película de hora y media, no pueden, les requiere demasiado esfuerzo prestar atención durante tanto tiempo seguido. Si lo hacen, mientras ven la película tienen que hacer otra cosas como consultar redes sociales o jugar con el smartphone o la tablet. Les es muy difícil prestar atención durante tanto tiempo a una única actividad, les aburre. Muchas personas cada vez leen menos o leen cosas más sencillas porque inconscientemente saben que les supone mucho esfuerzo, cada vez tienen conversaciones más cortas con otras personas, y si son conversaciones telefónicas mientras hablan tienen que estar haciendo otra cosa.
En muchos centros educativos tienen problemas con la atención de los alumnos de secundaria y bachillerato. No solo eso, una parte del alumnado si no tiene el teléfono cerca siente ansiedad y no se puede concentrar, y si lo tiene cerca tiene que mirar las redes sociales mientras estudia. En las universidades parte del profesorado se está quejando de que los alumnos que llegan no tienen la capacidad de leer, entender e interiorizar los textos requeridos para superar las asignaturas. No pueden concentrarse durante el tiempo necesario para hacerlo.
El uso temprano y/o excesivo de las pantallas nos está convirtiendo en una sociedad a la que cada vez le cuesta más desarrollar su intelecto y pensar de forma crítica. Esto se traduce en una sociedad más desinformada, más manipulable, más impulsiva y menos reflexiva.
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