NEVEGAL. La Plaça del Blat de Valls, el pueblo donde Xavi Tondo se hizo ciclista, se llenó hasta la bandera y el tráfico quedó colapsado. Una peña ciclista local volvió a desplegar aquella pancarta que hicieron para cuando la Vuelta a España del año pasado pasase por su pueblo y Xavi supiese que estaba en casa. "Valls amb Xavi Tondo". Cinco minutos intensos de aplausos despidieron al ciclista catalán, fallecido por caprichos del destino la víspera en Sierra Nevada cuando trataba de sacar el coche del garaje para ir a entrenar junto a Beñat Intxausti, con el que preparaba su primera participación en el Tour de Francia. Toda la corporación municipal, con su alcalde, Albert Batet, a la cabeza, asistió al homenaje que nadie hubiese querido realizar, en el que también estuvieron presentes el padre y un hermano del ciclista fallecido, así como el exciclista Miguel Ángel Iglesias o el delegado del Govern en Tarragona, Quim Nin. Hoy a la 13.00 su féretro reposará en el Pabellón Municipal de Deportes de Olot, donde residía. Por la tarde será incinerado en un acto íntimo por expreso deseo de la familia.

Su otra familia, la ciclista, sus hermanos del Movistar que decidieron continuar en el Giro convencidos tras preguntar a su corazón de que no hay otro homenaje posible a Tondo que recordarle desde la carretera, sobre una bicicleta, comenzaron la cronoescalada a Nevegal en silencio. Se apiñaron junto a la rampa de salida -Zomeganan, Javier Guillén, Álvaro e Igor González de Galdeano, Miguel Madariaga o Bingen Fernández, entre otros, les acompañaron-, la música cesó y quedó flotando en el aire cálido de Belluno el recuerdo de Xavi.

Dicen que antes de morir los fotogramas de la vida pasan por la mente comprimidos en un segundo. En el minuto de homenaje en Belluno, cupieron muchas cosas. Tondo y su sonrisa, por ejemplo. Hubo quien en la intimidad con sus recuerdos, rescató aquel de cuando era aficionado, joven pero igual de terco y entusiasta, y se rompió el fémur en una caída y antes incluso de poder andar estaba sobre la bicicleta, en el rodillo. Y la muleta al lado, pegada a la pared de la calle Cabra del Camp donde vivía.

aquella sonrisa... En Valls le echarán de menos todos. Sus amigos lo notarán en esas tardes de tertulia en la que Xavi les arreglaba la bicicleta, esta o esa cosa, el cambio, el tubular, los pedales, las ruedas… Cualquier problema lo solucionaba. Sabía de todo lo relacionado con la bicicleta. Le encantaba. En ese minuto la mente de alguno viajó a México. Las últimas vacaciones en Cancún. Y la sonrisa. Otra vez la sonrisa. No hay una foto de aquel viaje en la que no se acune su rostro en una sonrisa de media luna perfecta. Y las ganas de hablar. Y el discurso agradable y envolvente. "¡Cómo hablaba!", recordó alguien. "Lo dijo Eusebio -Unzue-: era el embajador de la sonrisa". Acabó el minuto. Y volvió el ruido. Y las bicicletas volvieron a rodar.

Los ciclistas del Movistar subieron a Nevegal con el corazón en un puño. También otros. Contador, por ejemplo. "Este triunfo lo quería conseguir como fuese porque era especial", dijo tras ganar. "Tondo era una persona con la que había compartido mucho tiempo". Desde el podio, de rosa, lanzó el dedo a un cielo de diez minutos antes de llover. Luego llovió. Dicen que de tristeza.