Contador, líder resignado
Pese al empeño, Alberto es incapaz de librarse de la maglia rosa, que le genera un desgaste, dentro y fuera de la carretera, que quiere evitar El galo John Gadret gana una insidiosa etapa en Castelfidardo
1º John Gadret (AG2R)3h33:11
2º Joaquim Rodríguez (Katusha) m.t.
3º Giovanni Visconti (Farnese Vini) m.t.
GENERAL
1º Alberto Contador (Saxo Bank)40h37:51
2º Kanstantsin Sivtsov (HTC-H.) a 59''
3º Vincenzo Nibali (Liquigas) a 1:21
Hoy, etapa 12: Castelfidardo-Ravenna, 184 kms. 15.00 h. (ETB-1, Eurosport, Veo7)
Hay muchas etapas en una etapa y todas empiezan y acaban en un hotel. La de Dani Moreno, por ejemplo, amaneció con una bendición en la habitación, la de Joaquim Rodríguez, su amigo y jefe, que le dio el día libre como agradecimiento, quizás, a que el pasado domingo le salvase la vida, el Giro, en el Etna cuando se quedó vacío. Dani es un obrero de la bicicleta. En el Katusha se ocupa de tragarse el viento de Joaquim. O de marcarle el paso en la montaña. ¿A qué se dedica un obrero en su día libre? A sus asuntos. Se dedicó la mañana a sí mismo.
Era un día de subir y bajar colinas, ni un metro de llano bajo el sol de Las Marcas de Scarponi, y Moreno tenía hormigas en los pies. En el primer repecho, Monte Ripaberarda, ya trataba de sacarle partido a su domingo. Todos querían lo mismo. Entrar en la fuga en un terreno pantanoso, incontrolable, sembrado de repechos coronados por pueblos de piedra. Era la desbandada, histeria, histeria. Más de 43 km/h la primera hora. "Esto es peor que el Tour", dijo horas después, en meta, Jorge Azanza, navarro de Euskaltel-Euskadi. Es el Giro moderno de Zomegnan. Sin descanso, sin respiro, taquicárdico. Los segundos sesenta minutos no llamaron a la tregua. Todo lo contrario. Llovían balas. Y Dani Moreno seguía con sus asuntos. Vio algo que le sedujo en un escaparate y se metió a preguntar. Era el kilómetro 64. La fuga, al fin. Entraron once ciclistas. Moreno, Betancourt, Taborre, Stortoni, Marzano, Agnoli, Konovalovas, Kruijswijk, Machado, Nordhaug y Le Mevel.
La etapa de Le Mevel no tenía que ver con la de los demás: estaba segundo en la general y quería vestirse de rosa.
Y el día de Contador era a la inversa. Quería ir para atrás. Perder. Que le ganasen y le desvistiesen. No quiere la maglia rosa. No, al menos, ahora. "La importante es la del día 29", dice. Un periodista locuaz le preguntó ayer a Alberto si más que contra el Giro, no será que contra lo que verdaderamente lucha es contra la historia, contra Indurain, Pantani, Hinault y todos los demás campeones, y de ahí sus exhibiciones deslumbrantes y la rabia incontenible de sus ataques. "No, no, para nada", le respondió el madrileño, "yo no corro contra la historia ni contra nada. Yo corro para divertirme". Y la maglia rosa le amarga. Le consume. Le hace perder el tiempo de descanso, calcula que una hora al día, del que sus rivales gozan porque no tienen que ceñirse al protocolo de la organización que el martes incumplió -"era una etapa en la que no había pasado nada y no tenía nada que decir; además, hasta las 19.30 horas no acabó de hablar Mark Cavendish así que ¿qué iba a hacer yo? ¿Esperar hasta entonces y llegar a las nueve de la noche al hotel?", explicó ayer- y le costó 600 euros de multa y que ayer volvió a asumir con paciencia cristiana e impotencia. Quiso dejarse la maglia rosa en la colina de Castelfidardo para irse pronto al hotel y no pudo. "Y este Giro de Italia", dijo, "se gana en el hotel, en el descanso". Ya ganó un Tour de Francia en el hotel: el que vivió intensamente con Lance Armstrong en 2009.
Ni queriendo Contador es un ganador. No sabe perder. Ni queriendo. Imposible. Hizo todo lo posible porque Le Mevel le relevase en la rueda de prensa posterior a la etapa mientras él llegaba pronto y tranquilo al hotel, pero todo le salió mal. Su equipo avivó el ritmo en un principio para que la escapada no acumulara una diferencia preocupante y luego quiso dejar que volara. Hasta Murilo Fischer, brasileño del Garmin, compañero de Le Mevel, charló con la maglia rosa durante un rato para convencerle de que lo hiciera. Contador le tranquilizó, le mandó guardar silencio y le explicó que no estaba en su mente tirar a muerte para defender el maillot. Le dijo: "¿Queréis la maglia? Vale. Para mí no es un problema".
"Si quieres ser líder el último día, el de Milán, tienes que renunciar a ciertas cosas", explicó luego Contador con el tacto y la prudencia suficientes para no herir los sentimientos de quienes puedan ver en el intento, frustrado, de renuncia un desprecio hacia la sábana santa. "La intención inicial era dejar hoy la maglia", dijo su fiel escudero en la montaña Jesús Hernández. "Queríamos conseguir que la fuga se fuese porque no tenemos ninguna necesidad de aguantarla".
Ocurrió que emergieron otras etapas. Las de quienes no habían colocado a nadie en la fuga. La del Androni. Y otros. A Contador, al que amenazan con una alianza italiana anunciada a bombo y platillo, un todos contra uno desde su exhibición en el Etna, le salieron aliados de todas las esquinas. Es posible que, como dice Scarponi, lo de la alianza italiana sea un mito y que, a fin de cuentas, la debilidad del Saxo Bank en la montaña de la que habla Eddy Merckx no sea más que una apreciación errónea. Contador tiene intactos, las baterías cargadas, a Dani Navarro y Jesús Hernández, que se dejan caer del pelotón en todos los finales de etapa para ahorrar energía. "Y, si no, los demás equipos también tienen intereses. Esta no es la carrera del Saxo Bank", argumento Alberto. "De hecho", apuntó Jesús Hernández, "hoy han sido otros los que han echado la fuga abajo".
Moreno calcula mal Antes de que ocurriera, Dani Moreno seguía con su etapa. En sus asuntos. Aceleró a 26 kilómetros, en uno de los tantos repechos y se fue solo. Solo Konovalovas, el letón que sustituyó a última hora a Bruseghin en el Movistar, salió a por él. Pero Dani ni se enteró. "No me han dicho nada por el pinganillo". Así que corrieron alocados durante muchos kilómetros, uno a cien metros del otro, derrochando energía. Cuando al fin se encontraron mantenían alguna esperanza de llegar. "Pero las perdimos todas en la subida final", explicó Dani, que esperaba que el letón estuviese algo más fuerte, echó de menos un relevo más antes de despegar hacia la victoria y le fallaron los cálculos. "Guardé un poco porque creía que la rampa del 10% que marcaba el rutómetro era más dura". Allí, a 100 metros, acabó su día libre.
Se lo tragó el pelotón en el que siempre estuvo alerta y bien colocado Contador. "Esperaba un ataque de mis rivales". En su lugar salió despedido John Gadret, el especialista en ciclocross que mejor se ha adaptado a la carretera, que amargó el día a Moreno, resignado. Como Contador, que, ayer sí, acudió a la rueda de prensa obligatoria para el líder. "Para descansar es mejor no tenerla". Dicho esto, se fue al hotel a reposar. A ganar el Giro.