Síguenos en redes sociales:

Aquí se jugarán la vida los ciclistas

El temible Crostis ha sido vallado para evitar que se precipiten al vacío

Aquí se jugarán la vida los ciclistas

Afinales de abril, Alberto Contador corre la Flecha Valona (acaba undécimo) y en lugar de seguir el camino recto hacia la Lieja-Bastogne-Lieja, se desvía, coge un avión a Italia y se planta al pie de las montañas, los rascacielos de los Alpes austríacos (los 2.137 metros del Grossglockner), los míticos Dolomitas (la Marmolada, inevitable la nostalgia) y los Alpes Cárnicos y su colosal Zoncolan. La inspección le agota. Asegura no haber corrido nunca etapas semejantes, de hasta 6.500 metros de desnivel cuando en el Tour las duras de verdad rara vez superan los 5.000, y prevé un Giro extremo en el esfuerzo. Luego, exclama despavorido: "Esto es una barbaridad". Se refiere al Crostis. Vamos, a su descenso.

Lo inspecciona aterrado y a su rueda, en coche, le siguen tres periodistas. Comenzada la bajada, uno, el conductor, ruega a los demás que se suelten el cinturón. "Querrás decir que nos lo abrochemos, ¿no?", preguntan desubicados. La respuesta les acogota: "No, quitaros el cinturón porque si nos vamos por el barranco, saltar del coche es la única salvación". Quieren reaccionar: "Yo me bajo". Pero no lo hacen. Glups, es lo único que les sale. Un nudo gordísimo les obstruye la garganta. El espectáculo es dantesco porque la carretera es estrecha como un desfiladero -apenas cabe un coche-, sin asfaltar, sterrato, los primeros siete kilómetros y se asoma en todo momento a un abismo infinito al que caer es, lo piensan pero no lo dicen, el inicio de un viaje eterno. Aquellas imágenes de la inspección dieron la vuelta al mundo e hizo estremecerse a los ciclistas. Preguntaron ultrajados: "¿Dónde está el límite de la sinrazón?". No lo había y propusieron uno: la propia vida.

el ideólogo Angelo Zomegnan, el ideólogo de un Giro extremo, sacó el paraguas al ver los relámpagos y anunció una medida insólita: en los lugares más peligrosos colocaría redes como las que protegen las pistas de esquí. Seguía sin convencer a los corredores. "Si estamos viendo la necesidad de colocar esa redes porque nuestra vida está en peligro es que algo no estamos haciendo bien. Echo de menos algo de cordura", dijo Joaquim Rodríguez una vez arrancado el Giro.

Entonces ya era tarde para hacer nada, ni siquiera cuando la trágica muerte de Wouter Weylandt encendió el debate sobre la seguridad en el ciclismo que se avivó en la etapa del sterrato de la Toscana. Los ciclistas pidieron dignidad. Zomegnan dijo que no les entendía, que no comprendía este nuevo ciclismo esquizofrénico, pero siempre supo que el Crostis se subiría y se bajaría porque incluso Gianni Bugno, máximo representante de los corredores, respaldaba su razonamiento: el recorrido se conocía desde su presentación y las modificaciones había que haberlas propuesto entonces. "Ahora no se puede hacer nada", dijo Bugno a este periódico hace unos días. El lunes dio el visto bueno al Crostis.

vallas y más medidas El debate sobre los excesos de Zomegnan se aplaza al siguiente Giro -Bugno ha prometido que se sentará con los organizadores para tratar el asunto- y este sábado los ciclistas se jugarán el Giro, ojalá que nada más, en el descenso del Crostis, vallado para evitar cualquier desgracia -el puerto mostraba este fin de semana el aspecto que se ve en las imágenes-. Hay más medidas excepcionales. Solo un coche de cada equipo subirá a la cima y allí se detendrá para irse al hotel. En la bajada serán las motos las que se ocupen de la asistencia técnica. Finalizado el descenso dejarán su lugar al segundo coche de los equipos que esperará a los pies del Zoncolan. La subida a este coloso con un desnivel medio del 12,43% y rampas de hasta el 16% sí que dará razones a más de uno para echarse a temblar. Y Zomegnan, empeñado: "El Crostis no es el mismo que aquel que vieron los corredores cuando fueron a reconocerlo antes del Giro". Ver, para no creer.